Dibuja Calderón un México sin igual en asamblea del BID

lunes, 22 de marzo de 2010

CANCUN, Q. Roo, 22 de marzo (apro).-  Pese a que minutos antes, el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, había hecho un llamado a los países miembros a “no detenerse en la autocomplacencia”, en el festejo discursivo por las mejores cifras macroeconómicas que se vienen registrando en la región –en demérito de los grandes pendientes sociales--, el presidente Felipe Calderón poco caso le hizo.
    Al participar como invitado de honor a la sesión inaugural de la Asamblea de Gobernadores del BID, Calderón continuó la tarea iniciada ayer por su secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, y por el gobernador del Banco de México, Agustín Carstens, de dibujar un país que ya dejó lejos la crisis y que ya ha remontado todos los efectos provocados por ella.
    Reconoció el presidente que a los países de América Latina les está yendo bien este año, pero a ninguno como a México.
Dijo Calderón, ante un auditorio a medio llenar: “Hace exactamente un año, el escenario económico más optimista para 2010 preveía un crecimiento del 1.3 por ciento. Hoy, casi la totalidad de los pronósticos económicos para nuestro país subrayan un crecimiento no menor al cuatro por ciento para 2010 y varios de ellos ya registran, incluso, un pronóstico de más de cinco o hasta el cinco por ciento”.
    Y eso es poco frente a otro dato espectacular, que no dieron ni Cordero ni Carstens: “En el último trimestre de 2009, el Producto Interno Bruto de México, medido a una tasa trimestral anualizada de crecimiento, como suele hacerse con la economía de Estados Unidos, registró una variación trimestral anualizada de crecimiento de 8.4 por ciento”.
    Y el dato es relevante, pues en los primeros trimestres del año pasado, las caídas del PIB fueron del orden del 10%.
    Repitió, para los gobernadores del BID –que son los secretarios de Hacienda o banqueros centrales de los países miembros--, la recuperación total de los empleos perdidos el año pasado; el avance extraordinario de las exportaciones; la solidez de los bancos mexicanos, que en plena crisis no requirieron de rescate alguno de parte del gobierno.
También, el fuerte apoyo a las pequeñas y medianas empresas; el histórico monto de las reservas internacionales –95 mil millones de dólares--; la fuerte recuperación del peso frente al dólar: la inflación controlada y a la baja; la recuperación de la recaudación tributaria; la estabilización de la producción petrolera, cuya caída continua del año pasado se ha frenado.
    El tono fue: Como México, ninguno.
    Y Calderón no le hizo caso al presidente del BID en sus llamados a la mesura, a no perder el piso, y mejor aprovechar el buen desempeño de las economías de la región, para atender el reciente incremento de la pobreza en la región, a la que se sumaron 8 millones de personas por la crisis reciente, cuando cinco años antes 50 millones habían salido de ella.
    Y no le hizo caso Calderón porque buena parte del tiempo que Luis Alberto Moreno ocupó en el micrófono, él revisaba su discurso o platicaba con el gobernador de Quintana Roo, Félix González Canto, o con Jacques Rogozinski.
Éste último es hoy gerente general de la Corporación Interamericana de Inversiones  --el órgano del BID dedicado a apoyar proyectos de la iniciativa privada de la región--, pero es viejo conocido suyo, pues en el gobierno de Carlos Salinas de Gortari, Rogozinski era titular de la polémica Unidad de Desincorporación de Empresas Paraestatales, la oficina de la SHCP encargada de vender, fusionar o liquidar las empresas paraestatales del país.
“Jacques, el privatizador”, le decían.
Y en el mismo tiempo, Calderón era un aguerrido y vehemente diputado, que criticaba severamente las políticas económicas de Salinas, sus programas antipobreza como Solidaridad, y en el caso del vendedor de paraestatales, su crítica era que con esas ventas siempre se favorecía a los amigos y familiares del presidente Carlos Salinas, pues siempre se hacían con total falta de transparencia.
Pero hoy platicaron, en el presidium, como viejos amigos, viejos conocidos, tanto que Calderón ni cuenta se daba de qué hablaba el presidente del BID, que pedía no hacer alarde de las cifras macroeconómicas, mejor aprovechar el buen desempeño de las economías para atender los rezagos sociales históricos –la pobreza ante todo--  de la región.

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