Banxico reduce 1.5 puntos expectativa de crecimiento en 2011

miércoles, 9 de noviembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- Se acabó el optimismo. Apenas en mayo pasado, el Banco de México (Banxico), entusiasmado por los efectos que tendría en la economía nacional una creciente producción industrial en Estados Unidos, estimaba que en este año la economía crecería hasta 5%. Siete meses después, la realidad se impuso: la incertidumbre generada por la volatilidad de los mercados financieros internacionales, los problemas fiscales y de deuda soberana en la eurozona, así como el debilitamiento ostensible de la economía estadunidense, han hecho mella en las expectativas de crecimiento de la actividad económica del país, a tal grado, que ahora el Banco de México estima que el crecimiento podría ser, en 2011, de entre 3.5% y 4%; un punto o punto y medio debajo de aquel pronóstico de mayo. Así lo dio a conocer este miércoles Agustín Carstens, el gobernador del Banco de México, al presentar el Informe sobre la Inflación correspondiente al tercer trimestre del año. De paso, también redujo el pronóstico de crecimiento económico para 2012, de un rango de entre 3.5% a 4.5% de la estimación anterior, a otro rango de entre 3% y 4%. Una de las principales consecuencias de un menor crecimiento se reflejará en la cantidad de nuevos empleos: desde principios de año, y a lo largo del mismo, se estimó una generación de entre 600 mil y 700 mil nuevos empleos formales en el año. Ahora, la nueva estimación del banco central es de entre 560 y 620 mil nuevos empleos. Es decir, entre 80 mil y 140 mil menos respecto de la proyección más optimista, en la estimación anterior. Para el próximo año, igual: de una estimación de hasta 700 mil empleos que se crearían ese año, ahora se esperan 100 mil menos para todo 2012. Todo ello se debe, según Banxico, al “choque adverso” que para la economía mexicana ha significado el creciente debilitamiento de la economía mundial que, a su vez, se ha retroalimentado con una mayor incertidumbre en los mercados financieros internacionales. En ese contexto es de particular relevancia para México el también sostenido debilitamiento de la economía estadunidense, que ha ocasionado una menor demanda de bienes y servicios producidos en el país, y que se ha traducido en una clara desaceleración de la economía nacional. Eso, muy a pesar “de la solidez de los fundamentos y políticas macroeconómicas” del país.” Para el banco central son tres los factores de riesgo que inducen a la baja las expectativas de crecimiento económico del país: Uno, “la problemática situación fiscal y financiera en varios países de Europa, junto con los problemas estructurales de la economía de Estados Unidos”. De seguir esta tendencia, habrá un menor impulso de la demanda externa y mayor incertidumbre en los mercados financieros. Y de consolidarse esto último, podría ocurrir –según el Banco de México– “un ajuste adicional de cartera, que afectaría la captación de recursos en los países emergentes, entre ellos México”. Otro factor de riesgo es que a pesar de los anuncios de fines de octubre, en Bruselas –quita de 50% a la deuda griega, la recapitalización de los grandes bancos europeos y la ampliación del fondo europeo de rescates--, “sigue existiendo la probabilidad de que se presente un evento de cola en los mercados financieros –es decir, un evento de poca probabilidad pero cuyos efectos podrían ser catastróficos-- que afecte de manera importante la actividad económica, tanto en economías avanzadas como en emergentes, así como en la estabilidad en los mercados financieros internacionales. Un tercer factor que, según el Banco de México, crea expectativas a la baja en el crecimiento económico, y que es propio del país, es la inseguridad pública que, junto con la falta de reformas estructurales, afectan adversamente a la economía. Sin embargo, si bien el entorno internacional ha propiciado una desaceleración cada vez más clara de la economía nacional, Agustín Carstens consideró que dicho ajuste se ha dado “de manera gradual y ordenada”, gracias al “fortalecimiento del marco para la conducción de la política macroeconómica y, en general, de un entorno de mejoría en los fundamentos económicos del país”. Por eso, concluyó Carstens: “Veo remota una recesión; sí una desaceleración. Pero la economía se ha venido comportando bien y no tenemos la vulnerabilidad ni en los hogares ni en las empresas”.  

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