La economía mundial, en nueva fase peligrosa: FMI

viernes, 16 de septiembre de 2011
MÉXICO, D.F. (apro).- En su primer discurso formal en Washington como directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Christine Lagarde no se anduvo por las ramas: “Estamos viviendo momentos de gran ansiedad económica. Exactamente tres años después del colapso de Lehman Brothers, el panorama económico se ve gris y turbulento, a medida que se desacelera la actividad mundial y se intensifican los riesgos a la baja. “Hemos entrado en una nueva fase peligrosa de la crisis”, advirtió. Sin embargo, dijo creer que “existe un camino hacia la recuperación sostenida (de la economía mundial), pese a que es mucho más angosto que antes y que sigue estrechándose”. La exministra francesa de Finanzas, quien asumió la titularidad del FMI el pasado 5 de julio –luego de disputarle el cargo, y ganarle, al mexicano Agustín Carstens–, habló en el prestigiado Centro Woodrow Wilson ante líderes académicos, políticos y empresariales. En un discurso que tituló Desafíos económicos globales y soluciones globales, Lagarde hizo un severo diagnóstico de la economía mundial. “En general, el crecimiento mundial continúa, pero está desacelerándose. Los países avanzados en particular se enfrentan a una recuperación anémica y accidentada, con niveles inaceptablemente altos de desempleo. La crisis en la zona del euro se ha agudizado. Las tensiones financieras están intensificándose. Y una vez más, si no se toman medidas colectivas y enérgicas, existe un riesgo real de que las principales economías retrocedan en lugar de avanzar”. Señaló que mientras las economías avanzadas “se enfrentan a estos fríos vientos en contra, muchos mercados emergentes soportan una ola de calor excesivo: presiones inflacionarias, fuerte crecimiento del crédito y aumentos de los déficit en cuenta corriente.” Por su parte, agregó, los países de menor ingreso han estado creciendo de una manera razonable, “pero siguen siendo muy vulnerables a los trastornos económicos en el resto del mundo, como la volatilidad de los precios de las materias primas y sus elevados costos sociales.” A juicio de la titular del Fondo, son tres los problemas fundamentales de la economía mundial: las presiones sobre los balances (de las finanzas públicas) que socavan el crecimiento, la inestabilidad en el núcleo del sistema económico mundial y tensiones sociales. En el primer caso, que atañe principalmente a los países avanzados, “las presiones sobre los balances públicos están restando ímpetu a la recuperación. El sistema sigue adoleciendo de un exceso de deuda. La incertidumbre se cierne sobre las entidades soberanas de las diferentes economías avanzadas, los bancos en Europa y los hogares en Estados Unidos. Explicó: “El magro crecimiento y los balances débiles –de los gobiernos, las instituciones financieras y los hogares– interactúan negativamente, y eso genera una crisis de confianza y reprime la demanda, la inversión y la creación de empleo. Este círculo vicioso está acelerándose y, la verdad sea dicha, se ha visto exacerbado por la indecisión a la hora de tomar medidas y por la disfunción política.” El segundo problema, el riesgo de inestabilidad en el núcleo de la economía mundial, que es de más largo plazo, guarda una estrecha relación con lo anterior. Explicó: “En nuestro mundo interconectado, los temblores económicos en un país pueden tener repercusiones rápidas y poderosas en todo el mundo, sobre todo si su epicentro se encuentra en las economías de importancia sistémica. Los estudios del FMI han demostrado que los vínculos financieros transmiten estos temblores de manera rápida y amplia. Y dada la persistencia de los problemas de deuda, los riesgos para la estabilidad financiera han aumentado significativamente. El tercer gran problema, según Lagarde, tiene que ver con las tensiones sociales “que bullen bajo la superficie. Aquí puedo distinguir varios hilos entrelazados: un nivel persistentemente alto de desempleo, sobre todo entre las generaciones jóvenes; una austeridad fiscal que está carcomiendo las protecciones sociales; la percepción de que la gente de ‘Wall Street’ goza de más prioridad que la gente de la calle, y el legado de que el crecimiento en muchos países sólo benefició predominantemente a las esferas más altas de la sociedad. Estos factores alimentan más la crisis de confianza”. Ante ese espectacular y complicado desafío, Lagarde propuso “cuatro dimensiones básicas de las políticas que son necesarias para lograr la recuperación y alcanzar la estabilidad económica: reparación, reforma, reequilibrio y reconstrucción, es decir, las cuatro ‘R’.” Y explicó cada una de ellas: La reparación implica “aliviar algunas de las presiones sobre los balances que amenazan con asfixiar la recuperación, en las entidades soberanas, en los hogares y en los bancos. “En el caso de las entidades soberanas, los países avanzados necesitan planes creíbles a mediano plazo para estabilizar y reducir los coeficientes de endeudamiento público.” Y, explicó, “medidas creíbles” son aquellas “que generen y anclen el ahorro en el mediano plazo”, que ayudarán a dar cabida al crecimiento, al dar lugar a un ritmo de consolidación más lento. También, dijo, “en Europa, las entidades soberanas tienen que abordar con firmeza sus problemas de financiamiento mediante una consolidación fiscal creíble. Además, para apoyar el crecimiento, mediante préstamos del sector privado, todos los bancos deben contar con reservas de capital suficientes.” Respecto de la segunda “R”, que es la reforma, Lagarde dijo: "Si la reparación consiste en dar un impulso a la economía ahora, la reforma consiste en sentar las bases para un futuro económico más estable.” En este caso, la prioridad es la reforma del sector financiero, pues aún existen deficiencias sustanciales en aspectos como la supervisión, los sistemas de resolución transfronteriza, las instituciones demasiado importantes para quebrar y los sistemas bancarios paralelos. “El hecho de que tantas de estas cuestiones aún no se hayan resuelto tres años después de la quiebra de Lehman debe ser motivo de preocupación para todos.” En la reforma, dijo, también debe entrar la dimensión social. “El empleo debe estar en primer plano, ya que no sólo sustenta la demanda sino que contribuye a la dignidad humana. Esto reviste especial importancia entre los jóvenes, que están en riesgo de perder la carrera incluso antes de empezar a despegar. También debemos procurar que el crecimiento sea inclusivo, que beneficie a toda la sociedad.”. La tercera “R” de Lagarde significa “reequilibrio”. Y tiene dos vertientes. “La primera consiste en volver a trasladar la demanda del sector público al sector privado, cuando el sector privado goce de suficiente fuerza para soportar la carga. Esto aún no ha sucedido. El segundo consiste en “lograr que la demanda mundial pase de los países con déficit externo a los países con superávit externo. La idea es sencilla: al reducirse el gasto y aumentar el ahorro en las economías avanzadas, los mercados emergentes clave tienen que tomar el relevo y empezar a generar la demanda necesaria para impulsar la recuperación mundial.” Advirtió que la falta de un reequilibrio suficiente perjudica a todos. “En nuestro mundo interconectado, cualquier idea de desacoplamiento es un espejismo. Si las economías avanzadas sucumben a la recesión, los mercados emergentes no escaparán ilesos. Nadie escapará. El reequilibrio redunda en interés mundial, pero también en el interés nacional.” La cuarta y última “R” es la reconstrucción, dijo Lagarde. “En este caso me refiero sobre todo a los países de bajo ingreso que deben reconstruir sus márgenes de maniobra para la aplicación de políticas económicas –como por ejemplo los saldos fiscales–, que les fueron tan útiles durante la crisis y que les servirán para protegerse de tormentas futuras. “Esto asimismo ayudará a crear un margen para la inversión pública en pro del crecimiento y para las redes de protección social, por ejemplo, al permitir que los países establezcan subsidios bien focalizados para proteger a los sectores más vulnerables de los altibajos de los precios de las materias primas, con mínimo perjuicio para la sostenibilidad fiscal.” Luego de delinear su cuatro “R” para la recuperación económica mundial, la directora gerente del FMI, concluyó que “este no es momento para dar marcha atrás, ni para tomar medidas timoratas, ni simplemente para salir del paso. “Las autoridades tienen que actuar en concierto. Tienen que reivindicar el espíritu de 2008, o el espíritu de 1944. El espíritu wilsoniano, la convicción de que el todo es más que la suma de sus partes. “Si aprovechamos el momento, podemos salir airosos de la crisis y restablecer un crecimiento mundial sólido, sostenible y equilibrado. “La ruta está despejada. El momento ha llegado. Es la hora de actuar”, convocó.