Los riesgos de la presidencia imperial

sábado, 5 de octubre de 2002
México, D F (apro)- Lo que se continúa debatiendo en la colina del Capitolio ya no es si el Congreso autorizará el envío de tropas a Irak, pues ya se da por sentado Más bien se discute qué tipo de cheque en blanco se otorgará a la Casa Blanca, no sólo para ir a destruir las armas que supuestamente ha amenazado con utilizar Saddam Hussein, sino también para ir por su cabeza En el post 11 de septiembre, está volviendo a ocurrir un fenómeno muy preocupante en el vecino país del norte que no se veía desde la década de los sesenta y principios de los setenta: la presidencia imperial en política exterior Es decir, que se rompe el tradicional equilibrio de poderes entre el Legislativo y el Ejecutivo, y este último usurpa todas las prerrogativas La escalada estadunidense en Vietnam rompió con el equilibrio de poderes que establece la Constitución de Estados Unidos: el presidente es el comandante en jefe de las fuerzas armadas, pero es el Congreso el que tiene el poder de declarar la guerra En 1973 el Congreso de Estados Unidos reaccionó finalmente a los excesos de tres presidentes consecutivos --John F Kennedy, Lyndon B Johnson y Richard M Nixon-- que acabaron por constituir la más seria derrota del ejército de las barras y las estrellas en su historia Casi 50 mil estadunidenses, en su mayoría muchachos de menos de 20 años, perdieron la vida ante ese exceso presidencial (1961-1974) La reacción legislativa a la usurpación de los poderes de guerra por parte del Ejecutivo cristalizó en la llamada Acta de los Poderes de Guerra, que fue aprobada por ambas cámaras en 1973 El Acta establece un calendario para que el Ejecutivo consulte con el Congreso y obtenga la declaración oficial de la guerra Según el Acta, el presidente tiene 60 días calendario para obtener la declaración oficial de guerra del Congreso y, de no obtener esta declaración, se verá obligado a repatriar a las tropas Es decir, que el Legislativo acepta que en la gran mayoría de las acciones militares resulta inoperante una declaración de guerra del Congreso antes de mandar a las tropas, pues de otra forma se perdería el elemento sorpresa Sin embargo, para evitar de una vez por todas la presidencia imperial, a partir de 1973, el presidente está obligado a conseguir la declaración de guerra y, por consiguiente, a establecer un proceso de consultas con el Legislativo, durante los 60 días posteriores al envío de tropas El presidente George W Bush, al igual que lo hizo su padre en 1990, está buscando que el Congreso apruebe una resolución que le permita enviar tropas a Irak Es, además de cumplir con la formalidad, una manera de cubrirse la retaguardia Si algo saliera mal en la incursión a Bagdad, el Congreso compartiría la responsabilidad Los acontecimientos de la semana pasada permiten augurar que el vecino país del norte está en el umbral de entrar nuevamente a un episodio de presidencia imperial El pasado miércoles 2 de octubre, el liderazgo de la cámara baja, incluido el líder de la minoría opositora, el demócrata Richard Gephardt, anunció que ya han aceptado votar la resolución que pidió el presidente Bush, la cual es, efectivamente, un cheque en blanco A pesar de algunos esfuerzos en el Senado por oponerse al cheque en blanco, entre los que destaca la férrea oposición del líder del Senado, el demócrata Thomas Daschle, quien ha acusado al presidente de politizar los esfuerzos bélicos y utilizarlos para conseguir mejores resultados electorales en la elección de medio término que se realizará el próximo 5 de noviembre, todo parece indicar que Bush Jr, se saldrá con la suya la próxima semana No es difícil entender por qué algunos demócratas que inicialmente se opusieron a una resolución que diera gran discreción al Ejecutivo están acabando por dar su consentimiento Según las encuestas de opinión de la última semana, más del 60 por ciento del público estadunidense favorece una intervención armada en Irak; y esta aprobación crece un 10 por ciento si la intervención se hace con la autorización del Congreso, y 10 más si es con la autorización del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (ONU) Todo parece indicar que el vecino país del norte ya entró en una especie de espiral de guerra ascendente, en que no sólo hay preparativos propios de los militares, sino que, incluso, el ciudadano común y corriente y sus representantes ante el poder legislativo se han hecho ya a la idea de que habrá guerra contra Irak Incluso, para la gran mayoría -70 por ciento-- las alianzas internacionales o el voto del Consejo de Seguridad de la ONU son lo de menos Es evidente que el presidente George W Bush y su equipo de halcones han utilizado cabalmente el sentimiento nacionalista que ha prevalecido en su país después de los ataques terroristas Además, han vendido impecablemente la idea de que más vale correr el riesgo de acabar con Hussein a que él pueda desencadenar una serie de ataques contra Estados Unidos De seguir esta tendencia militarista en Estados Unidos y acentuarse la tendencia a la presidencia imperial, el país vecino del norte corre el riesgo de convertirse en una especie de emperador desnudo Mientras que todo el mundo ve riesgos enormes en la invasión a Irak y en lo que pudiera ser un Irak post Hussein, Estados Unidos, como el emperador del cuento, pareciera sentirse arropado con sus propias decisiones unilaterales, aunque realmente esté caminando desnudo

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