Argentina-Cuba: No a fuga de cerebros

viernes, 17 de diciembre de 2004
Buenos Aires, 17 de diciembre (apro) - "No me dejan salir de Cuba porque dicen que mi cerebro es patrimonio de la revolución", afirma Hilda Molina, la científica más prestigiosa de la isla hasta que decidió romper con la Revolución en 1994, y hoy en el centro de una grave crisis diplomática entre La Habana y Buenos Aires, a donde lucha por viajar desde hace diez años para visitar a su hijo y nietos Esta mujer menuda, de 62 años, estuvo alojada en calidad de "huésped" por más de 24 horas, entre el miércoles 16 y el jueves 17 de diciembre, en la embajada argentina en Cuba El escándalo diplomático y mediático fue de tal envergadura, que ella misma tuvo que aclarar que no quería asilo político, y que debió permanecer en la sede argentina porque su madre, de 86 años, se enfermó cuando ambas estaban en la legación diplomática "No quiero asilo político Me quiero morir en Cuba Sólo quiero viajar a la Argentina para ver a mi hijo y nietos", radicados en ese país, dijo Molina tras abandonar la embajada rumbo a su pequeño departamento a pocas cuadras del Palacio de la Revolución, sede del Ejecutivo cubano Con ella estaba su madre, Hilda Morejón Desde 1994, Molina lucha por obtener un "permiso de salida" del país para viajar a Argentina, donde vive su único hijo, Roberto Quiñónez Molina, y sus dos pequeños nietos a los que no conoce Pero la respuesta es siempre la misma: "Su cerebro es patrimonio del país", afirma un oficial de inmigración como único argumento para rechazar el pedido que esta científica cubana, fundadora del prestigioso Centro Internacional de Restauración Neurológica (Ciren), ha repetido incontables veces "Esto es demasiado Me he mantenido ecuánime durante estos diez años, pero ya es demasiado Mi familia está destrozada", clama Molina en una entrevista telefónica con Apro Su lucha por obtener el visado de salida --un requisito impuesto por el gobierno de La Habana a todos sus ciudadanos que desean viajar al exterior-- es hoy motivo de tensión entre Cuba y Argentina, dos países que habían profundizado sus lazos desde la asunción del presidente Néstor Kirchner, en mayo de 2003 Su caso ha desatado una grave crisis bilateral, e incluso interna en el seno de la Cancillería argentina, desde donde parten voces que piden la renuncia del embajador en La Habana, Raúl Taleb, y hasta del jefe de gabinete, Eduardo Valdés, mano derecha del canciller Rafael Bielsa, por el manejo del conflicto Bielsa quedó seriamente enfrentado con su segundo en el cargo, Jorge Taiana, un funcionario que no goza del respaldo presidencial y tendría las horas contadas, al igual que el embajador Taleb, actualmente en Buenos Aires, según fuentes oficiales El gobierno argentino decidió involucrarse directamente en el caso Molina cuando Kirchner le envió una carta personal a Castro en la que le pide "liberar" la salida de la científica por cuestiones humanitarias para que pueda visitar a su familia en Argentina "Son sólo niños, con el derecho a poder recordar cuando hombres la calma que rodeaba la habitación cuando su abuela les leía un cuento para dormir", dice un párrafo de la carta de Kirchner divulgada por los diarios argentinos Pero Castro tardó en contestar y, cuando lo hizo, ofreció que Roberto Quiñónez, su esposa argentina y sus hijos viajen a La Habana a pasar las fiestas de fin de año con Molina La propuesta oficial cubana fue rechazada de plano por la familia, que teme que las autoridades no dejen salir del país a Quiñónez una vez llegado a la isla "Por favor que ni venga Me moriría de terror si viene aquí", dice Molina a Apro Cuando la científica se refugió en la embajada, la Cancillería argentina parecía un hervidero Su hijo, desde Buenos Aires, dio por hecho que su madre buscaba asilo político ?incluso lo confirmó en sus primeras declaraciones, aunque luego atenuó su discurso-- y denunció que había funcionarios que sugerían que Molina debía abandonar la sede diplomática El caso, de acuerdo con observadores que conocen el tema cubano, salió de su cauce normal Todo aquel que sabe cómo se maneja el gobierno cubano, es consciente que cualquier negociación con La Habana se debe hacer fuera del alcance de los medios de comunicación, y en la Argentina se divulgó la carta de Kirchner a Castro, enmedio de las "presiones" públicas de Buenos Aires, que incluyeron el llamado a consultas a su embajador en la isla Pero el "error" más evidente, según los analistas, fue la presión del canciller Bielsa a La Habana, formulada nada menos que desde Washington, después de reunirse con el saliente secretario de Estado norteamericano, Collin Powell Bielsa; en esa ocasión, reclamó a Castro una respuesta a la carta presidencial Cuando Molina decidió salir de la embajada, el gobierno argentino suspiró de alivio Había evitado una confrontación directa con Fidel Castro, con quien el gobierno mantiene abiertas simpatías políticas Para intentar cerrar el caso, decidió embarcar hacia La Habana a un enviado especial, el embajador argentino en Guatemala, Alfredo Forti Pero la crisis ya dañó seriamente los vínculos que el gobierno argentino había logrado recomponer después que el propio Castro había calificado al entonces presidente Fernando de la Rúa como "lamebotas de los yanquis" Los elogios cubanos a la abstención argentina en la última votación contra Cuba en la comisión de derechos humanos de Ginebra, quedaron sepultados entre la maraña de presiones y desplantes del caso Molina Que 10 años no es nada La científica espera hoy junto a su madre que Cuba le permita viajar al exterior, algo que ha hecho infinidad de veces en el pasado cuando se cansaba de recibir felicitaciones y premios del gobierno cubano por su incansable labor científica Incluso, Molina fue electa diputada a la Asamblea Nacional en 1993, con una candidatura promovida por las autoridades Su calvario empezó un año después cuando renunció a la diputación y decidió romper con el sistema Su renuncia fue vista como una "traición" a la Revolución Cubana "Me han condenado a mantenerme aquí inútilmente, inertemente, sólo porque decidí no continuar ligada a este sistema No soy política ni activista Mi especialidad es la neurociencia Este es el precio que he debido pagar por mi renuncia", señala Su voz suena apagada En su apartamento aun conserva viejas fotos en las que se aprecia cuando recibe condecoraciones oficiales, entre ellas la máxima distinción a la que puede aspirar una científica cubana en su país, la orden "Carlos J Finlay", o la de "Hazaña Laboral", con la que las autoridades premian a sus trabajadores más destacados Ahora, afirma vivir pobremente, con el dinero que mensualmente su hijo le envía desde Argentina La pensión de 104 pesos mensuales (unos tres dólares y medio) que recibe su madre, no alcanza siquiera para comprar una botella de aceite "Sufro mareos continuos y apenas salgo para comprar alimentos Tengo un viejo automóvil Lada inutilizado Mi madre está postrada Por suerte nos ayuda un viejo amigo de la familia", dice Molina El Ciren, coto de extranjeros Su renuncia se debió a las continuas desavenencias que tuvo con las máximas autoridades de Salud de la isla, sobre el rumbo del Ciren, que ella misma había fundado en los ochenta "Fidel aprobó mis proyectos y él se identificó con lo que yo hacía, me visitaba mucho, incluso cené en el Palacio de la Revolución Pero ocurrieron muchas cosas que me decepcionaron Yo concebí al Ciren como un centro de ayuda a mis compatriotas, pero después de un tiempo las autoridades empezaron a priorizar a los pacientes extranjeros, y finalmente éstos monopolizaron todo Yo no estaba de acuerdo con esta decisión y plantee la posibilidad de crear otros centros similares para extranjeros Pero aquí no se puede discrepar ni opinar Cuando vi que era una imposición, renuncié Entregué todas las condecoraciones Me desvinculé de todo Sabía que no me esperaba una buena situación, pero fue necesario", rememora "Entonces todo fue espantoso, un cambio radical Me cortaron la línea telefónica, me empezaron a vigilar como si fuera una contrarrevolucionaria", añade Su hijo, el médico Roberto Quiñónez Molina, se había ganado una beca en Japón, y su madre le pidió encarecidamente que no volviera a Cuba Roberto viajó entonces a Argentina, donde se radicó, se casó y tuvo dos hijos --¿Cuándo empezó a gestionar el permiso de salida? --Ese mismo año mi hijo me envió una carta de invitación (otro requisito impuesto por Cuba para permitir viajes de sus ciudadanos al extranjero), a fin de que pudiera asistir al nacimiento de mi nieto en Buenos Aires El 24 de noviembre de 1994 solicité el permiso de salida, y me dijeron que debía esperar Pasaron los meses, nació mi nieto Se estaban burlando de mí Recurrí al Consejo de Estado, al ministro de Salud, y nadie me respondió hasta el 97 --¿Y qué le contestaron? --Un oficial de inmigración me dijo que yo no podía salir de Cuba porque mi cerebro era patrimonio del país He enviado más de 500 solicitudes Ese mismo señor, verbalmente, me repitió en e

Comentarios