El desafío iraní

lunes, 11 de julio de 2005
México, D F, 8 de julio (apro)- Para desasosiego de propios y extraños, un ultraconservador acaba de ganar las elecciones presidenciales en Irán En la segunda vuelta, el exalacalde de Teherán, Mahmud Ahmadineyad, se alzó con un 62% de los votos, tras un tímido intento de apertura que se inició a mediados de los noventa y que, evidentemente, no alcanzó a permear en la depauperada población iraní Hoy, la exigencia sería "menos reformas y más pan" Es prematuro juzgar, pero la perspectiva podría ser ni reformas ni pan y sí, en cambio, un escalamiento de las tensiones internas entre ortodoxos y reformistas; y con la ya recelosa comunidad internacional por el apoyo a grupos fundamentalistas con prácticas violentas y, sobre todo, por la cuestión del desarrollo de tecnología nuclear, con "fines pacíficos", dicen los iraníes, aunque el resto del mundo tiene sus dudas El caso es que con el triunfo de Ahmadineyad los sectores más conservadores recuperaron la única instancia de poder que les faltaba: la presidencia Ya antes controlaban los poderes Legislativo y Judicial; el instituto electoral, una milicia islámica y varios consejos encargados de supervisar la "pureza" de las instituciones y de la vida pública, destacadamente el Consejo de Clérigos ?con su guía supremo, el ayatola Alí Jamenei? que constituye el vértice real de mando en Irán Tanto es así, que pese al enorme apoyo popular en sus dos mandatos, el presidente saliente, Mohamed Jatami, un clérigo moderado, apenas si logró algunos avances, mientras la mayoría de sus iniciativas de reforma simplemente se quedó congelada por la intransigencia de los mulajs En 1997, Jatami ganó las elecciones con 69% de los votos, siete puntos porcentuales más de los que logró ahora Ahmadineyad La expectativa era una liberalización de la rígida ley islámica impuesta 18 años atrás por la revolución del ayatola Jomeini, y que se caracterizó por la censura, las purgas, las persecuciones y hasta las ejecuciones en nombre de la "pureza" doctrinaria del chiismo islámico Reprimidos, pero paradójicamente autorizados a formarse profesional y académicamente, estudiantes, profesionistas, artistas e intelectuales de ambos sexos consideraron que había llegado el momento de infundir un poco de aire fresco al sofocante ambiente clerical Así, al ver que no avanzaba como había ofrecido, en 1999 salieron a las calles para exigirle a Jatami una posición más firme ante el clero y una flexibilización más rápida de las leyes No hubo tolerancia Los manifestantes fueron reprimidos por los sectores duros y, para evitar un mayor derramamiento de sangre, el presidente Jatami hizo un llamado a la mesura y al cese de las movilizaciones De ahí en adelante, lo que se desarrolló fue una pugna soterrada entre reformistas y conservadores, de la que no estuvo exenta la violencia Aún así, hasta 2001 los reformistas parecían llevar la mano, ya que ese año Jatami logró reelegirse con un estruendoso 77%, inclusive, ampliar su base parlamentaria, lo que hablaba de un callado pero creciente apoyo social Pero después algo ocurrió Enfrascado en la desgastante lucha por las reformas y en la cada vez más tensa política exterior, Jatami, al parecer, descuidó la economía Entretanto, también se gestó la invasión de Estados Unidos a Irak, lo que, sin duda, reavivó la animadversión de los más radicales hacia el "Gran Satán" y sus aliados occidentales; además, la caída de los sunitas que constituían la base de poder de Sadam Hussein, y el retorno al primer plano de los chiitas ?corriente musulmana predominante en Irán? dieron un nuevo aliento a los sectores religiosos y a su jerarquía De todos modos, los iraníes tampoco tenían mucho de dónde escoger Para suceder a Jatami, los reformistas postularon a Mostafá Moin, un pediatra de trato "suave y aburrido", que pocas perspectivas tenía de ir más allá de su carismático antecesor Aun así, el Consejo Guardían lo purgó de las listas de candidatos, pero el líder supremo Jamenei ordenó su reinstalación, por considerarlo virtualmente inocuo Más preocupado parecía el gran ayatola por el retorno del expresidente Akbar Hashemi Rafsanjani (1989-1997), quien hasta el último momento mantuvo en suspenso su candidatura Proveniente de las filas de la Revolución de 1979, clérigo también, Rafsanjani es considerado un pragmático, especialista en sellar acuerdos El único, según muchos, capaz de enfrentarse con algún éxito a la dura jerarquía religiosa Los puristas no lo quieren Convencido de que la apertura política pasa por el desarrollo económico, durante su periodo aplicó un modelo de industrialización y, para ello, sustituyó en su gabinete a los dogmáticos por tecnócratas, lo que le valió ser calificado como un impulsor "del materialismo y la decadencia moral" También lo acusaron de corrupción y de involucrarase en negocios petroleros Pero los reformistas tampoco confían en él En contraparte al impulso económico, Rafsanajani dio manos libres al temido Ministerio de Inteligencia, que se dio gusto arremetiendo contra quienes osaran sugerir cualquier tipo de reforma Así, al lanzar su candidatura, el expresidente apenas contaba con 25% de las intenciones de voto que, al final, sólo logró subir a 36 Sus votantes estarían entre las clases medias apolíticas, cansadas de las pugnas entre conservadores y liberales Por último, avalados por el Consejo Guardián, se presentaron otros seis candidatos de línea abiertamente conservadora, cuando no dura, algunos inclusive miembros de los Guardias Revolucionarios Entre ellos, el exalcalde de Teherán, y ulterior ganador, Mahmud Ahmadineyad Convencido de que la opción de triunfo de los reformistas era nula, la elección, dijo un periodista iraní a la revista Newsweek, era "entre un mal mayor y un mal menor" Y, para él, el mal menor era Rafsanajani Pero no para la mayoría de la población Derrotado en 1997 por los liberales y ahora por los conservadores, el expresidente por lo visto dejó un mal recuerdo de su gestión Así, los iraníes al parecer decidieron jugársela con una cara nueva que, empero, ya ha levantado recelo Sabedor de ello, Ahamadineyad le bajó de inmediato a su incendiaria retórica de campaña y ofreció hacia el interior un gobierno "amistoso y compasivo", en el que prevalecerían la equidad, la justicia y la coexistencia pacífica Y en lo que podría interpretarse como un mensaje también hacia el exterior, dijo que no habría cabida para los "extremismos" En todo caso, los sectores liberales ya se pusieron en guardia ante un posible retroceso de la poca apertura lograda e, inclusive, se habla de una posible alianza de conveniencia entre Jatami y Rafsanajani Todo indica que, como mínimo, lo que vendrá será un recrudecimiento de las pugnas largamente arrastradas, aunque algunos hablan ya de una radicalización que podría poner frente a frente al Irán religioso con el secular Pero si a nivel interno la elección de un ultraconservador llegó en un momento difícil, no pudo ser más inoportuna a nivel internacional Ubicado desde el principio de la administración Bush como parte del "eje del mal", Irán no logró superar esta condición ni con el "moderado" Jatami, por lo que parece mucho menos probable que lo haga con el "duro" Ahmadineyad Y las primeras señales ya están a la vista A principios de este año, Washington empezó a manejar un discurso sobre Irán muy similar al que precedió a la invasión de Irak Acusó a Teherán de apoyar el terrorismo y de intentar desarrollar armas nucleares, por lo que lo calificó como una de las peores amenazas para el mundo Con la invasión iraquí ya consumada y la pretensión estadunidense de llevar igualmente su caso al Consejo de Seguridad, el régimen iraní se abrió a la inspección de Naciones Unidas La Agencia Internacional de Energía Atómica constató que Irán enriqueció uranio y aisló plutonio en instalaciones no declaradas, pero pese a que estos procedimientos podrían conducir a la fabricación de armas nucleares, no lo hizo Washington, al igual que con los inspectores de la ONU en Irak, no aceptó como suficientes estas explicaciones y alegó información de inteligencia propia Inquietos también por la posibilidad de que Teherán pueda desarrollar armamento nuclear, pero más todavía por otra acción "preventiva" de Estados Unidos en esa región, Alemania, Francia y Gran Bretaña emprendieron una campaña diplomática para convencer al régimen iraní de que suspendiera cualquier actividad en ese sentido A cambio ofrecieron un programa de apoyo técnico y financiero para reforzar la producción nucleoeléctrica y otras fuentes de energía, así como un programa de cooperación económica más amplio, que lo ayudara a salir de su aislamiento internacional A fines del año pasado se alcanzó un acuerdo que satisfizo a todos, menos a Estados Unidos Aunque después cedió un poco, Washington quiere que Irán renuncie a todo a cambio de nada y que, de preferencia, lo haga bajo sus reglas y no las de terceros Aunque Bush aseguró al inaugurar su segundo periodo que "por el momento" no tenía prevista ninguna acción militar contra la antigua Persia, las tensiones volvieron a exacerbarse al máximo Nadie sabe exactamente hasta dónde estaría dispuesta la Casa Blanca a llegar esta vez Sin embargo, se ha dado cuenta ya de algunos movimientos ominosos Según un multicitado artículo publicado en The New Yorker a fines de enero, el Pentágono ya estaría realizando misiones secretas de reconocimiento en territorio iraní; versión que, calificada como "inexacta" por voceros gubernamentales, fue reconfirmada por otros medios Tampoco nadie sabe ahora qué va a hacer el nuevo gobierno iraní El saliente presidente Jatami trató de calmar los ánimos diciendo que la cuestión nuclear no era decisión de un solo hombre, sino colegiada Lo cual en sí no resulta tranquilizador, tomando en cuenta que todo el aparato gubernamental quedó en mano de los duros Pero por si esto no fuera suficiente, a menos de una semana de las elecciones afloró otro asunto que podría ser detonante de una confrontación mayor con Estados Unidos Aunque militantes islámicos de entonces lo niegan terminantemente, según testigos estadunidenses, el presidente electo iraní habría formado parte del comando que en 1979 asaltó la embajada de Washington en Teherán y mantuvo como rehenes a decenas de estadunidenses durante 444 días De ahí al calificativo de "terrorista" no hubo más que un paso Pero el problema es que los servicios de inteligencia europeos también lo identifican como tal Guardia revolucionario, Ahmadineyad habría formado parte de brigadas especiales que realizaron operaciones criminales contra disidentes en el exterior; algunas de ellas en países de Europa Después de estas revelaciones ya no hubo más comentarios, pero, sin duda, será un tema que abordarán en la cumbre del G-8 esta semana en Escocia No se trata de un desafío menor

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