Pakistán, el Frankenstein angloestadunidense

lunes, 8 de agosto de 2005
México, D F, 8 de agosto (apro)- Así como en septiembre del 2001 las pesquisas de los atentados en Estados Unidos condujeron preponderantemente hacia la pista saudí, y en marzo de 2004 en Madrid hacia la marroquí, ahora la ola de ataques en Gran Bretaña llevó hacia la paquistaní A pesar de que hubo detenidos de otras nacionalidades, por lo menos tres de los cuatro atacantes suicidas del 7 de julio, aunque ciudadanos británicos, tenían ese origen y visitaron centros de adoctrinamiento islámico en Pakistán durante el año previo a su inmolación Algo sin duda está ocurriendo en esa excolonia británica Ahí se han dado algunos de los peores ataques islamistas contra intereses occidentales, inclusive los franceses, que se opusieron a la invasión de Irak Milicias musulmanas auspiciadas desde el gobierno han aterrorizado la parte india de Cachemira Elementos de la resistencia afgana e iraquí se repliegan sobre sus fronteras con protección de los servicios de inteligencia locales Y terroristas islámicos se entrenan en su territorio para cometer atentados en otras partes Los últimos, en Londres, su antigua metrópoli Y es que apenas hace 60 años Pakistán aún no existía Era parte de la India y ésta, a su vez, era una colonia británica, la "joya más preciada" de la feneciente corona imperial de la reina Victoria Por esas fechas, en el sur hinduista Mahatma Gandhi ya encabezaba la resistencia pacífica contra el dominio colonial inglés; mientras que en las provincias musulmanas del norte hacía lo propio el filósofo-poeta Mohamed Ikbal Así, cuando en 1947 sobrevino la independencia, los británicos decidieron crear dos Estados separados: India y Pakistán Bautizado así por los estudiantes islámicos que constitiyeron el núcleo del movimiento independentista para simbolizar la unidad (Pakistán es un acróstico de las seis entidades nacionales que lo intregran: Punjab, Afgan, Kashmir, Islam, Sindi y Beluchistán), el nuevo país, empero, quedó dividido en dos partes alejadas mil 500 kilómetros entre sí, lo que dio pie a un desarrollo muy desigual y, 24 años después, a una violenta y nueva escisión que tuvo como resultado a la depauperada República de Bangladesh En disputa con la India quedó desde el inicio la región de Cachemira, que a pesar de varias guerras no ha podido encontrar solución Permanentemente inestable y calificada en el 2000 por el expresidente estadunidense Bill Clinton como "el lugar más peligroso del mundo" (aludiendo entonces al potencial nuclear de India y Pakistán), la región musulmana al norte de la península indostánica es hoy nuevamente motivo de preocupación mundial; y no sólo por sus problemas fronterizos o internos, sino porque se ha convertido en uno de los principales centros de producción y exportación de terroristas del integrismo islámico En el caso concreto de los atentados londinenses, la conexión británico-paquistaní podría suponerse inevitable No sólo porque durante el periodo colonial (1773-1947) se crearon lazos de todo tipo, inclusive consanguíneos, sino porque la dependencia económica y cultural generó posteriormente migraciones masivas desde la excolonia a la antigua metrópoli, trasladando hacia su territorio muchos de los conflictos no resueltos que, alimentados por los acontecimientos de hoy, han despertado viejos rencores Según un reportaje publicado por Le Monde en los días en que se investigaba la pista paquistaní del 7 de julio, de los 16 millones de musulmanes que viven en Gran Bretaña, 750 mil (43%) son precisamente de ese origen; y la mayoría no llegó por gusto, sino por necesidad Más allá de los pocos privilegiados que mantuvieron vínculos de interés con la expotencia colonial, el resto llegó atraído por su expansión económica de la posguerra El trato, como siempre, fue de conveniencia: permiso de residencia a cambio de mano de obra barata Empleados principalmente en las hilanderías y las acereras, los inmigrantes empezaron a amontonarse por miles en los suburbios de las ciudades industriales Tres generaciones después de iniciado este flujo migratorio, dos tercios de sus integrantes son ya ciudadanos británicos; sin embargo, su situación socioeconómica sigue siendo desfavorable en relación con el promedio nacional Gozan de menos educación y salud, sus viviendas son más precarias, sus salarios menores, los trabajos que desempeñan siguen siendo los de menor calificación, cuando no están en el subempleo o desempleo En este contexto han surgido ya violentas manifestaciones de inconformidad social, sobre todo entre los jóvenes, como las que fueron reprimidas por la policía antimotines en Leeds, Bradford, Oldham y otras ciudades del corredor industrial en 2001 Apegados a sus tradiciones familiares, otros han optado por refugiarse en la religión Pese a la ley antiterrorista vigente ya entonces, las autoridades británicas nunca hicieron una vinculación necesaria entre estos dos fenómenos Los predicadores islámicos nunca evidenciaron un discurso radical y la comunidad, en general, siempre mostró una actitud apacible De hecho, los principales sorprendidos y los más preocupados por los atentados suicidas, fueron los propios paquistaníes de Gran Bretaña Aunque en su periodo postcolonial la sociedad británica se ha ufanado de ser multirracial y multirreligiosa, no hay duda que la comunidad musulmana ha vivido una vida aparte Y si los recelos entre el resto de los ciudadanos se avivaron después del 11 de septiembre en Estados Unidos, mucho más es de esperarse que lo hagan luego del 7 de julio en Londres, como ya ha sucedido De ahí a enfrentamientos violentos, hay sólo un paso Entretanto, en el país de origen de sus ancestros, las cosas tampoco han mejorado La situación económica y social sigue siendo acuciante, las estructuras tribales se mantienen, el narcotráfico se ha enseñoreado de la actividad comercial y, en el ámbito político, los paquistaníes han visto pasar en su vida independiente ?con mínimas excepciones? una sucesión de presidentes corruptos y militares golpistas Para redondear, la política internacional en la región sólo vino a radicalizar un cuadro de integrismo religioso que ya se bosquejaba A los intereses británicos que nunca se ausentaron del todo, se sumaron después los de los estadunidenses Empeñado, como siempre, en contar con gobiernos afines, Washington apoyó en Pakistán no pocos golpes de Estado El más sonado, sin duda, fue el de Zia Ul Hak (1977) contra Zulfíkar Alí Bhutto, un político que se distinguió por su nacionalismo, su acercamiento a los países árabes islámicos y su activa participación en el Movimiento No Alineado A cambio de ayuda militar por más de 3 mil 200 millones de dólares, Zia Ul Hak se ofreció como aliado de Estados Unidos luego de la revolución islámica del ayatola Jomeini que derrocó al Cha de Irán en 1979 Pero el general le brindó todavía más servicios a Washington Cuando ese mismo año la Unión Soviética invadió Afganistán, prestó el territorio paquistaní para el entrenamiento de los mujaidines patrocinados por la CIA, entre los que se encontraba, como ya se sabe, Osama Bin Laden Paradójicamente, la conjunción de la revolución en Irán y la invasión de Afganistán marcó el inicio de la radicalización religiosa en Pakistán Creadas en el siglo XI para la formación de eruditos en diversas ciencias y en la lectura del Corán, las madrasas o escuelas islámicas se politizaron con el ascenso al poder de los clérigos chiitas en Irán y con los talibanes afganos que se refugiaron en territorio paquistaní y adoctrinaron a los estudiantes locales En número de 7 mil y con alrededor de 600 mil estudiantes de diversas nacionalidades, aunque muchas madrasas pugnan por mantener su tradición educativa, otras se han convertido en abiertas promotoras de un fanatismo religioso Frecuentemente infiltradas por grupos y partidos clandestinos se han involucrado en la formación de militantes radicales y, muy al estilo del Frente Moro de Liberación en Filipinas o del movimiento palestino Hamas, han formado redes de asistencia social Influyentes en el interior, estas corrientes también marcaron los vínculos con el exterior De hecho, las relaciones de Islamabad con el posterior gobierno Talibán y con las milicias musulmanas afganas eran excelentes, hasta que llegó el 11 de septiembre de 2001 Después, ante presiones inocultables de Washington, esta relación varió; por lo menos oficialmente, porque según los conocedores el gobierno paquistaní estaría jugando un perverso doble juego Llegado también al poder por un golpe de Estado y devenido demócrata primero mediante un referendum y luego con elecciones amañadas, el actual presidente Pervez Musharraf se comprometió a una guerra sin cuartel contra los movimientos extremistas que, o bien va perdiendo, o no está librando como debiera Aunque más bien pareciera que ha quedado atrapado entre dos fuegos Los islamistas radicales se han manifestado abierta y violentamente contra él en las calles e, inclusive, han amenazado con matarlo; hay evidencias de que los núcleos más importantes de el Talibán y de Al Qaeda (incluyendo al molá Omar y a Bin Laden) se encuentran ocultos en territorio paquistaní, protegidos por la población y el ISI, los servicios de inteligencia locales; y muchas madrasas siguen funcionando como centros de adoctrinamiento para la yihad, como lo evidencian las visitas de tres de los atacantes suicidas de Londres Como lo hicieron en Irak con Sadam Hussein, aunque aquí no encarnado en un solo hombre, en Pakistán británicos y estadunidenses crearon un Frankenstein que ahora no pueden controlar Y, por desgracia, estos dos no han sido los únicos casos y están muy lejos de ser los últimos

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