Tras las huellas de Benny More

sábado, 2 de enero de 2010

MIAMI, 1 de enero (apro).- Casi 47 años pasaron para que Benny Moré, una de las principales figuras de la música cubana, tuviera su primera biografía en inglés. Se trata de Wildman of Rhythm ( “El bárbaro del ritmo”), escrita por John Radanovich, crítico especializado en latin-jazz y world music, colaborador de Down Beat y columnista del New Orleans Times-Picayune.

Esta biografía se suma a las pocas obras en español sobre el artista. Los expertos señalan apenas un par de viejos libros en idioma español en Cuba, fuera de catálogo y difíciles de conseguir. Incluso en sitios de internet apenas se encuentran la biografía novelada Que bueno baila usted, de Faisel Iglesias, y Benny Moré, de Raúl Martínez Rodríguez.

Por suerte para los lectores en lengua inglesa, John Radanovich tuvo un tío que se llamaba Peter y era muy parecido al “Bárbaro del Ritmo”.

 

A partir de esos primeros coqueteos con la versión cubanizada de la música urbana estadunidense, Radanovich se fue “interesando cada vez más en el sonido latino”, recordó.

Enseguida descubrió que la música cubana “echa una gigantesca sombra sobre la música caribeña, y la de todo el continente”.

Al preparar reportajes para distintos medios, “cada vez que entrevistaba a alguien, como por ejemplo a Celia Cruz, escuchaba lo mismo:

Comenta que, al tratar de conocer más sobre el jazz latino, “seguía escuchando cada vez más historias sobre Benny y sobre Que bueno baila usted

 

Peter estaba recién salido de la prisión, estaba golpeado

 

  “El jazz es la obsesión de mi vida. Mi padre escuchaba a Dizzy Gillespie y a través de él me topé con el latin-jazz”, contó Radanovich a Apro.‘yo hice esto, hice lo otro, pero realmente se trata de Benny’”, contó el periodista, quien en diciembre pasado presentó su libro Wildman of Rhythm en la feria del libro de Miami. ”, su canción emblemática. “Cuanto más aprendía sobre él a nivel personal, más me intrigaba, en particular porque me hacía recordar a un tío mío que estuvo prisionero en un campo alemán durante dos años en la Segunda Guerra Mundial”, confesó Radanovich. “Yo tenía una fotografía de mi tío Peter cuando fue liberado del campo. Estaba rodeado por 12 mujeres, con un cigarrillo en la boca y una botella de whisky en la mano”, recuerda. –había intentado escapar varias veces, pero lo capturaron y apalearon-, pero en la foto “se veía muy apuesto”. “Amigas mías veían esa foto y me preguntaban: ‘¿quién es ese hombre? ¡Estoy enamorada!’... Mi tío murió de cirrosis siendo muy joven. La gente lo amaba, era un bohemio, boxeador y poeta”, cuenta el autor. “Luego descubrí que Benny Moré también murió de cirrosis, a los 48 años”, dijo Radanovich.

 

Para empezar a saciar la sed de esa búsqueda, “tuve que aprender y aprender” sobre la vida y la obra de Benny. Pero “lo llamativo y frustrante era que no había libros en inglés” sobre el cantante; apenas algunos artículos y aquellos volúmenes cubanos.

Por supuesto, los libros cubanos eran imposibles de conseguir para Radanovich, debido al embargo estadunidense sobre la isla. La solución era entonces viajar a Cuba, adonde se dirigió por primera vez en el año 2000, aunque con la idea original de escribir solamente un artículo sobre el cantante.

Cuando llegó por primera vez a La Habana, Radanovich preguntó a sus anfitriones: “¿Dónde están los archivos de la música cubana?”. Como toda respuesta, “se rieron de mí”, recuerda. Luego supo que los mejores registros de la historia de la música cubana están en posesión de la Florida International University (FIU), donde descansan incontables tesoros del sonido de la isla.

Para el escritor, la primera visita a Cuba fue una rápida terapia de aprendizaje. Tras la decepción por la ausencia de un archivo de registros musicales, Radanovich preguntó por una fotocopiadora. La más cercana, le dijeron, estaba “en Hialeah”, la ciudad del sur de la Florida.

Tras las carcajadas, uno de sus interlocutores cubanos pareció compadecerse del despistado “gringo” e hizo un esfuerzo: “Ya sé dónde hay una fotocopiadora más cerca... en Key West”.

A pesar de los contratiempos, la primera visita a La Habana resultó provechosa, ya que Radanovich pudo conocer a Generoso Jiménez, el

  “Las cosas que aprendía sobre Benny Moré me hacían acordarme cada vez más de mi tío Peter –continuó--. Sé que suena muy extraño, pero la búsqueda de los rastros del ‘Bárbaro del Ritmo’ se hizo personal”. Además, “escuchaba su música todo el tiempo ‘¡Wow!”. “Trombón Majadero”, uno de los principales colaboradores musicales de Moré, y hasta quien el escritor llegó gracias a la ayuda de Paquito D’Rivera. “Generoso está vivo, acabo de grabar con él y tendrías que conocerlo. Aquí está su número de teléfono”, le dijo el saxofonista al escritor. Otra vez a causa de las restricciones del embargo, a Radanovich se le complicó comunicarse por teléfono con Jiménez, por lo que tuvo que recurrir a un amigo en México para hacer la triangulación necesaria.

A través del mediador mexicano, Generoso le hizo saber a Radanovich que estaba dispuesto a recibirlo y que, si podía, le concediera la gentileza de llevarle algunos elementos escasos en Cuba, como papel higiénico, pasta dentífrica, ropa para niñas, “y hasta un collar para perro”.

 

Cargado con los pedidos, “tres meses después de haber recibido de D “Cuando finalmente viajé, ví que no era el único que llevaba en el equipaje todas esas cosas extrañas; fue bastante alocado”. ’Rivera el número telefónico de Jiménez ya estaba en La Habana

 

Investigar en silencio

Radanovich confiesa que “conocer a Generoso fue fantástico

En aquel primer viaje a La Habana, el escritor fue también a conocer los lugares donde se levantaban los célebres clubes nocturnos y hoteles gestionados por la mafia estadunidense, un circuito al que pertenecía Moré, amigo de personajes como Meyer Lansky y Santo Trafficante. Además, recorrió los mercados callejeros para discos y libros sobre el cantante.

  rememora el periodista--. No sabía qué estaba haciendo allá; sólo quería hablar sobre Benny Moré”.”, pero el músico, ya de avanzada edad (falleció en Coral Gables en 2007), “creía que yo estaba allá para robarle su música” y tuvo que “explicarle que no podía leer las claves de sus anotaciones musicales”.“Recorría los puestos, les contaba que me gustaba mucho Benny Moré y les preguntaba si tenían algunas fotografías”. Los cubanos, asegura Radanovich, “son muy avispados, y también están pasando necesidades, así que enseguida se ofrecían a conseguirme material” sobre Moré.

En uno de esos puestos de ventas de viejos libros, Radanovich consiguió un ejemplar de una revista de época en la que aparecía una rara fotografía de Moré. El fotógrafo que tomó esa imagen había fallecido tiempo atrás y los derechos estaban libres, así que el ejemplar de la revista era realmente una ganga superlativa a sólo cinco dólares.

Pero, “supongo que en ese momento los gestos de sorpresa y alegría en mi cara me traicionaron, porque enseguida el precio pasó de cinco a 50 dólares”, recuerda entre risas el escritor.

Radanovich aprendió rápidamente que era mejor investigar en silencio, no sólo porque subían los precios de las reliquias que estaba buscando, sino también porque su tarea periodística podía poner en problemas a sus entrevistados.

 

Jiménez conversó con Radanovich, pero siempre a través de las rendijas de la desconfianza. El trombonista “no me dio fotografías ni otros materiales

--relata--. Él estaba aferrado a sus recuerdos, entre otras cosas porque, en Cuba, muchos esperan que uno les pague algo

En sus dos viajes a Cuba, en 2000 y 2007, “a estas personas que conocí les dejé todas mis medicinas, y a algunos de ellos, en mi segunda visita, tuve que llevarles condones, cajas enteras

Cuando volvió de su primera incursión cubana, Radanovich había amasado ya un “dossier Moré”, listo para convertirse en un libro. Entonces se hizo necesario un segundo viaje, que lo llevó hasta Santa Isabel de las Lajas, en la provincia de Cienfuegos, el pueblo natal del cantante, “un lugar maravilloso”, describe.

 

Después de los viajes a Cuba y las entrevistas en Estados Unidos, cuando finalmente se sentó a escribir el libro, “pensé que iba a conocer mejor a Benny Moré, pero quedé decepcionado al darme cuenta de que lo conozco tanto como cualquiera de las personas que nunca lo vieron en vida”. Es que, afirma, Moré “tenía una personalidad de superficie, un personaje que lo recubría en la forma de un bebedor alegre”.

Esa imagen chocó contra un fuerte contraste “cuando tuve la oportunidad de oír una grabación que le hizo su médico poco antes de que muriera, y que es la cosa más triste que escuché en mi vida

Para entonces, Moré “estaba muy enfermo, tomando muchas medicinas, muy inflado y con moretones por las consecuencias de las cirrosis “Uno de los problemas –dice-- es que las cosas relacionadas con las épocas de fuerte presencia estadunidense en Cuba no son vistas con mucho afecto por los cubanos, que prefieren olvidar” esos años de hoteles manejados por los grupos criminales de Nueva York y Florida, mafiosos trabajando para Fulgencio Batista, burdeles y ejércitos de turistas del norte. “Generoso, por ejemplo, estaba completamente olvidado” en la isla, asegura. “Cuando hablaba sobre él con algún cubano era común que me dijeran: ‘¡Ah! Generoso... murió hace ya tiempo, ¿verdad?’ Y tenía que responderles: ‘no, está vivo y vengo de su casa’". ” a cambio de las muestras de los esplendores de otras épocas. En general, dice, “si uno va a la casa de alguien, y ellos te ayudan, hay que dejar 20, 40 dólares”.”, ríe Radanovich. “La casa donde creció Benny ya no está”, dice el escritor, pero en Santa Isabel pudo visitar el museo municipal, donde se alojan algunos recuerdos de la infancia del músico, y “encontrar algunos de sus familiares”.”, cuenta Radanovich. Esa extraña grabación está en los archivos de la FIU, en la Cuban Music Collection.”. Según el escritor, ese sería el origen del “rumor que dice que Moré murió a causa de una golpiza de la policía de la naciente revolución”.

  “La gente lo vio en el féretro abierto, tan inflado y morado que podía pensar que lo habían golpeado hasta morir”, concluye.

Wildman of Rhythym dedica un largo capítulo a la aventura mexicana de Moré, entre 1945 y 1948, periodo en el que prácticamente despegó su estatura de estrella y cuando su nombre original, Bartolomé, se transformó en el luego célebre Benny.

 

El cantante aprovechó esos años para aparecer también en al menos 11 filmes, relevó el escritor, entre ellos “Carita de cielo” y “Ventarrón”, en el cual participó con el tema “Ya son las doce”.

Radanovich cree que el desconocimiento de la obra de Moré en Estados Unidos se debe a varios factores: “El nunca realizó largas giras por el país, y era un hombre de raza negra que en los años 50 hacía una música que aquí todavía no se entendía del todo” y que, para su mala fortuna, estaba cantada en español.

En cuanto a la decisión de permanecer en Cuba tras la revolución, incluso a riesgo de caer en el olvido como le ocurrió a otras estrellas, el escritor dijo que, aun cuando podría haberse salido de la isla, “Benny dijo que nunca podía dejar su lugar de nacimiento”.

Moré “podría haberse trasladado a México o a cualquier lugar en América del Sur, pero es difícil imaginárselo feliz o exitoso en otro lugar que no fuera Cuba”, añadió. En ese sentido, dijo Radanovich, Benny es el típico ejemplo del “hombre y artista que pertenece a un tiempo y espacio particular”. “México, con cientos de estaciones de radio y un enorme apetito por la música, era el lugar donde los cantantes podían hacerse famosos”, escribió Radanovich, según el cual la primera grabación de Moré en el país habría sido en la televisión”, en 1946, junto a Mariano Mercerón.

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