Egipto: La hipocrecia con Gaza

viernes, 8 de enero de 2010

MÉXICO, 8 de enero (apro).- “La Franja de Gaza es utilizada, cual mercancía, por intereses políticos”. Por ello está cerrada por sus dos fronteras: la de Israel y la de Egipto.
En la primera frontera, el gobierno de Tel Aviv ejerce el “asedio desde que en las elecciones de enero de 2005 Hamas se alzó con la victoria en la Franja”; en la segunda frontera, el gobierno de El Cairo “dice estar formalmente del lado de los palestinos, pero en los hechos juega su propio rol internacional”.
Vilma Mazza, activista italiana, habla con convicción. De hecho, vivió en carne propia la actitud de las autoridades egipcias respecto de los palestinos de la Franja. Ella participó en la reciente Marcha por la Libertad de Gaza (Gaza Freedom March), que de manera incompleta se llevó a cabo en Egipto y en Gaza a finales de diciembre y principio de este año, con motivo del primer aniversario de la ofensiva Plomo Fundido, lanzada por el gobierno de Israel en contra de la organización palestina Hamas.
La activista ofrece un dato ilustrativo: el gobierno egipcio construye un muro de acero en Rafah, la frontera entre Egipto y Gaza. “Un muro que, junto con el que Israel construye en Cisjordania, apunta sólo a aislar más a la población civil”, señala Mazza.
 De hecho, la construcción de esta barrera estaría entre las causas de la muerte de un militar egipcio, ocurrida el pasado miércoles 6, tras un enfrentamiento transfronterizo con la población palestina de la zona.
Mazza hace estos señalamientos en contra del gobierno egipcio de Hosni Mubarak, después de que fuerzas de seguridad de Egipto reprimieron a unos mil 300 ciudadanos de 43 países que participaron en la Marcha por la Libertad de Gaza. Esta iniciativa tenía dos objetivos: entrar a la Franja de Gaza por la frontera de Rafah, para llevar ayuda humanitaria y con ello romper el sitio israelí, y marchar junto con la población local, el 31 de diciembre, para recordar el primer aniversario de la operación militar israelí que causó la muerte de mil 400 palestinos civiles y heridas a otros 4 mil.

La Marcha

La Marcha por la Libertad de Gaza fue convocada a finales del año pasado por la red internacional Coalición para Poner un Alto al Sitio Ilegal de Gaza (Iceisg, por su acrónimo en inglés).
    La convocatoria señalaba: a pesar de que “el relator de la ONU para los Derechos Humanos en los Territorios Ocupados palestinos, Richard Falk, ha condenado el sitio israelí de Gaza afirmando que representa un crimen en contra de la humanidad”, entre otras declaraciones en el mismo sentido, “el sitio continúa”.
La marcha tenía el propósito de ser “otro eslabón en la cadena de resistencia no violenta” que se opone al “desprecio total que Israel muestra hacia el derecho internacional”.
Para dejar claras las intenciones humanitarias de la iniciativa, los organizadores explicaron que “la marcha no quiere asumir alguna posición con respecto a la política interna de Palestina. Sólo se pone del lado del derecho internacional y por la supremacía de los derechos humanos”.
Sin embargo, la marcha no se desarrolló según lo previsto.
“Llegamos a Egipto el 27 de diciembre, ya con la noticia de que el gobierno de Hosni Mubarak había prohibido a los organizadores acercarse a Rafah”, narra Mazza.
En este contexto inesperado, “pues formalmente Egipto apoya la causa palestina”. Los aproximadamente mil 300 activistas procedentes de todo el mundo se encontraron en la capital egipcia, El Cairo, “para ver qué se podía hacer”.
Explica que “ya habían sucedido en el pasado situaciones similares, pero había sido suficiente una poca de presión política para que el gobierno egipcio cambiara de postura”.
Abunda: “Esperábamos podernos acercar a Rafah y ahí negociar”. Sin embargo “la posición egipcia fue mucho más firme: prohibió cualquier movimiento colectivo hacia la frontera de Rafah, así como cualquier manifestación en El Cairo”.
Tan fue así, explica Mazza, que la primera reunión organizativa entre todos los participantes, que iba a realizarse en un lugar rentado, “fue prohibida por el gobierno”. Al mismo tiempo, “todas las empresas de transporte recibieron el aviso de no salir rumbo a Rafah”.
En un clima de “control absoluto de nuestros movimientos”, los activistas decidieron movilizarse en la capital “tanto para presionar al gobierno como para hacer visible la situación a la población local”. Sin embargo, “la respuesta de la policía local fue inmediata y feroz: el 27 de diciembre, aniversario del inicio del ataque israelí, la policía llegó al lugar de la manifestación y obligó a los activistas a desistir de sus acciones”.
Por la tarde del mismo día, otra vez la policía impidió a los activistas manifestarse. “Utilizaban tanto a policías uniformados como vestidos de civil, los cuales eran los más agresivos: propinaban empujones y puñetazos”, apunta Mazza.
La activista italiana cuenta que, ante “la ausencia de libertad de expresión y de movimiento”, los manifestantes se separaron en grupos: “Los franceses se plantaron frente a su embajada para exigir respeto a su derecho a manifestarse; los italianos no lograron siquiera salir de su hotel, pues la policía se los impidió”. Los demás manifestantes decidieron entonces “acudir frente a las instalaciones de la ONU en El Cairo”, cuyos funcionarios argumentaron que los activistas no contaban con todos los papeles necesarios que les autorizaran realizar su viaje a Rafah.
La activista italiana rechaza tal argumento. Explica que las autoridades egipcias “tenían la lista de nuestros nombres, nuestros pasaportes y todos los documentos desde hacía semanas”.
Mazza dice que el 30 de diciembre los activistas intentaron de nuevo manifestarse. La policía se los impidió con mayor violencia.
Otro participante de la iniciativa internacional comentó: “La cosa más increíble es que todos, incluidos los policías, declaraban su apoyo a la causa palestina, pero al mismo tiempo nos impedían movernos, no sólo hasta Rafah, sino inclusive en la ciudad”.
Frente a esta situación, algunos activistas comenzaron una huelga de hambre. Tal es el caso de la estadounidense Hedy Epstein, de 85 años de edad, superviviente a los campos de exterminio nazi, quien frente a la sede la ONU en la capital egipcia declaró a la prensa: “He participado en la lucha por los derechos humanos y civiles la mayor parte de mi vida, he enviado cartas y telegramas y ahora correos electrónicos, pero llega un momento en la vida en el que uno tiene que dar un paso extraordinario, y este paso extraordinario para mí es declararme en huelga de hambre".
El 31 de diciembre la policía atacó la improvisada marcha que los activistas realizaban por las calles de El Cairo y lesionó a varios de ellos. No obstante, ese día llegó finalmente la autorización para que “una delegación de la marcha proceda e ingrese a la Franja de Gaza a través de la frontera de Rafah”.

Gaza, botín político

Tras la entrada de una delegación de la Marcha por la Libertad de Gaza, los organizadores emitieron un documento el pasado viernes 1, titulado Declaración de El Cairo, que exige “el fin del apartheid de Israel”.
La declaración –firmada por cientos de activistas-- apoya la “autodeterminación del pueblo palestino, el fin de la ocupación de los territorios, la igualdad de derechos para todos los ciudadanos que viven en los territorios y el derecho a regresar para todos los refugiados palestinos”.
Al mismo tiempo, los activistas afirman que “gracias a esta movilización se ha podido enfocar la atención de muchos medios internacionales acerca del injusto sitio de la Franja de Gaza, y se han podido entregar miles de dólares de ayuda humanitaria a la población civil”.
Además, “se ha podido imponer la atención internacional acerca del rol negativo que el gobierno egipcio tiene con respecto al sitio de Gaza” y “formalmente se ha presentado una demanda en contra del gobierno de Mubarak por la construcción del muro en Rafah”.
En efecto, afirma Vilma Mazza, la marcha ha servido para hacer visible aquel muro del cual pocos hablan. La noticia había trascendido hace más de un mes en algunos medios de comunicación. Según algunas fuentes periodísticas, “quizás con ayuda estadounidense”, el gobierno de Egipto “habría comenzado la construcción de un muro de metal subterráneo” en la frontera de Rafah.
Su objetivo: impedir la construcción de otros túneles para el contrabando con la Franja de Gaza.
Según Mazza, “esta es la enésima prueba de la hipocresía egipcia (...) Esos túneles son los pocos canales, si no los únicos, para que la población de Gaza consiga medicamentos, alimentos y otros bienes de primera necesidad”.
Con una profundidad de 30 metros y resistente a los explosivos, el muro tendría una extensión de 11 kilómetros y ayudaría, junto con lo que queda de la muralla externa, a bloquear cualquier contacto entre las dos partes.
Mazza es tajante: “En la zona de Gaza se está construyendo un muro que nada tiene que envidiarle al de israelí. La justificación es la seguridad nacional. En realidad servirá para controlar los túneles que son gestionados tanto por los egipcios, por un lado, como por Hamas, por el otro”.
Acerca del rol del gobierno egipcio en el área, la activista italiana es igualmente directa: “Cómo es posible no ver que tras el sitio de Gaza se juega con los equilibrios políticos en el área y los roles de poder de los distintos actores locales”.
Lo anterior, abunda, “con la consciente elección de poner en segundo plano la situación de la población de la Franja de Gaza con respecto a la batalla con Hamas y sus aliados tanto en el mundo árabe como en el mismo Egipto”, es decir los llamados “Hermanos Musulmanes”, formación política ilegal, pero que cuenta con representaciones legales que ya tienen 80 diputados nacionales.
Sin embargo, Mazza advierte que este escenario no involucra sólo a Egipto, sino que “tiene que ver con todos los actores locales: Israel, Hamas, la Autoridad Nacional Palestina y todos los demás que juegan sus propias cartas, las cuales pesan como piedras por encima de la población civil”.
En este escenario, advierte, sólo una cosa es clara: “La Franja de Gaza está cerrada porque es mercancía de intereses políticos”.