Italia: limpieza racial

viernes, 5 de febrero de 2010

ROMA, 5 de febrero (apro).- Desde que comenzó el año, la región de Calabria vive en continua tensión; incluso la calma de las fechas navideñas se vio interrumpida con la explosión de una bomba, justo en la puerta principal de la Procuraduría General de Reggio, el 3 de enero pasado.

A las 4:50 horas, dos individuos en motocicleta, presuntos integrantes de la ‘Ndrangheta (mafia regional) colocaron un artefacto que, segundos después, explotó. De acuerdo con las primeras investigaciones, el detonador falló, por lo que los daños fueron menores y sólo afectaron la puerta del edificio.

Al día siguiente, el ministro del Interior, Roberto Maroni, y el titular de Justicia, Angelino Alfano, calificaron el ataque como “un acto terrorista de la ‘Ndrangheta. Ambos declararon que los servicios de inteligencia habían advertido una gran molestia entre los clanes de la región debido a los golpes que las autoridades asestaron en los últimos 18 meses a la delincuencia organizada en todo el país. Los bienes confiscados en esas acciones ascienden a más de 8 mil millones de euros.

Según Francesco Forgione, expresidente de la Comisión Antimafia, la colocación de las bombas, como la que se localizó el 6 de enero en el aula búnker del tribunal, demuestra “un cambio de estrategia de esta mafia que por lo general evita llamar la atención”.

Forgione, quien en 2008 fue el primer parlamentario en realizar un reporte sobre la ‘Ndrangheta, sostiene que el mensaje es claro:

“Por una parte, el grupo trata de intimidar a los magistrados que con la llegada del procurador Giuseppe Pignatone, en 2008, han intensificado los arrestos y dado mayor peso a las investigaciones sobre narcotráfico; por otra, significa también un enfrentamiento con el Estado que durante años había sido un simple observador de los hechos, y muchas veces actuaba como cómplice de los mafiosos”.

El asunto de las bombas motivó que el 7 de enero las más altas autoridades de seguridad y justicia del país se reunieran en Reggio Calabria para determinar las acciones a seguir.

El grupo de funcionarios, encabezado por Maroni, acordó incrementar las medidas de seguridad para los magistrados, así como para las personas más expuestas a la lucha contra la ‘Ndrangheta. Asimismo, dispuso el envío de 121 elementos para reforzar las investigaciones en la provincia de Reggio Calabria; duplicar el número de procuradores (actualmente son seis), y la creación de un grupo especializado en la ciudad de Milán para impedir que el crimen organizado se infiltre en las obras que se realizarán con motivo de la Expo 2015.

El 21 de enero, cuando el presidente de la República, Giorgio Napolitano, realizaba una visita oficial a Calabria, fue detectado un vehículo lleno de explosivos y armas en las inmediaciones del aeropuerto. “Una señal de cómo están las cosas en la ciudad”, declaró ese mismo día el procurador jefe de la ciudad, Giuseppe Pignatone, a los medios locales.

Cuatro días más tarde –25 de enero-- un nuevo aviso: la policía encontró una carta bomba (que no explotó) destinada al procurador de la dirección distrital antimafia de Reggio Calabria, Giuseppe Lombardo.

 

Provocaciones

 

Para agravar más la tensa situación que se vive en esta región del mediodía italiano, en la localidad de Rosarno, a unos 67 kilómetros de Reggio Calabria, estalló una revuelta de trabajadores africanos que evidenció otro grave problema prevaleciente en la región: el abuso hacia los inmigrantes clandestinos.

Rosarno es un poblado que se localiza en la costa oeste de Calabria, tiene más de 15 mil habitantes y una fuerte presencia de la mafia. Ahí vivían unos mil 500 africanos hacinados en bodegas y sin ningún servicio. La mayoría de ellos se dedicaban a la recolección de cítricos y venían de Marruecos, Mali, Ghana, Sudán y Costa de Marfil.

Por realizar este trabajo cobraban alrededor de 25 euros al día con jornadas de hasta 14 horas diarias. De esta cantidad, que está muy por abajo del salario que ofrece la provincia (32 euros diarios por una jornada de ocho horas), debían pagar cinco euros diarios a sus reclutadores; es decir, mientras los inmigrantes cobraban 20 euros libres al día, los patrones de la zona ganaban 7 mil 500 euros.

La noche del 7 de enero, cuando en el todo país se hablaba de las medidas que el gobierno emprendería en contra de la mafia, dos inmigrantes africanos fueron heridos por ciudadanos italianos, quienes los atacaron con pistolas de diábolos.

La reacción no se hizo esperar y decenas de trabajadores realizaron una marcha de protesta por la carretera que une los campos de naranjas con Rosarno. Armados con palos y piedras, llenos de rabia e indignación, comenzaron a golpear y quemar lo que se encontraban a su paso. Carros y contenedores de basura fueron atacados, lo cual provocó un enfrentamiento con algunos vecinos de la localidad.

Esta no fue la primera vez que ocurría una agresión hacia los inmigrantes. Annunziata Calderazzo, habitante de Rosarno y estudiosa del fenómeno migratorio en esta zona, dice a Apro que el 12 de diciembre de 2008 jóvenes de las ‘ndrinas (clanes locales) dispararon contra los africanos; sin embargo, éstos reaccionaron de manera pacífica y realizaron una marcha.

“Todos en Rosarno sabíamos que la situación de los inmigrantes era una bomba de tiempo, pues desgraciadamente aquí existe una combinación de factores; por un lado, el abuso de la ‘Ndrangheta; por otro, las condiciones inhumanas en que vivían los trabajadores. Aunque muchos ciudadanos denunciaron esta situación, nunca hubo eco por parte de las autoridades”, apunta Calderazzo.

Así, por primera vez en diez años, desde mediados de enero ya no hay africanos en Rosarno. En sólo cuatro días miles de trabajadores que durante años fueron invisibles para las autoridades en el sur de Italia, se convirtieron en víctimas de ataques violentos por parte de grupos extremistas. Protagonizaron una revuelta y, por si fuera poco, fueron expulsados del país en donde por pocas monedas habían trabajado en condiciones infrahumanas.

 

No más negros

 

El 8 de enero, el ministro del Interior, Roberto Maroni, declaró: “En Calabria ha habido poca severidad contra los inmigrantes”.

Desde su llegada, este integrante de la Liga Norte endureció las reglas contra los indocumentados. Sus palabras fueron el banderazo de salida para la expulsión de los africanos. Ese mismo día las autoridades los subieron en camiones, les destruyeron sus precarias viviendas y los enviaron de regreso a sus lugares de origen.

Un estudio de la asociación de agricultores Coldiretti –la más importante de Italia– indica que suman 90 mil los inmigrantes que trabajan en los campos italianos, de los cuales sólo 15 mil tienen contratos temporales.

En noviembre marchaban hacia Calabria para recolectar naranjas y mandarinas; en marzo bajaban hasta Sicilia para levantar papas y cítricos, y en julio pizcaban los tomates de Puglia.

Después subían al norte, en el Trentino, para cosechar manzanas, y en otoño acudían a Piamonte y Toscana para recolectar uvas. Este año ya no recogerán las naranjas de Calabria.

Hace unos días, Coldiretti dio a conocer que con motivo de los problemas en Rosarno se desató la especulación en el mercado de la naranja y, mientras el precio pagado a los productores tiende a bajar, los consumidores vieron cómo subía la fruta hasta en 500%.

Forgione, también especialista en temas del crimen organizado, sostiene que la revuelta en Rosarno beneficiará a la ‘Ndrangheta, puesto que esta organización era la que reclutaba a los trabajadores africanos.

Y añade: “La recolección de naranjas está en crisis desde hace algunos años y, como ahora no serán pizcadas, se decretará un estado de calamidad natural y la Unión Europea enviará una compensación económica. Dentro de algunos meses los inmigrantes negros serán sustituidos por trabajadores provenientes de Bulgaria o Rumania –miembros de la Unión Europea–, que también serán explotados.

“Seguramente estarán organizados por grupos criminales de estos países, sobre todo de Bulgaria, pues tienen contacto con la ‘Ndragnheta, sobre todo de Gioia Tauro.

“Ellos no podrán ser clandestinos porque contarán con un permiso de permanencia trimestral otorgado por la Comunidad Europea. La ciudadanía no será problema y la ‘Ndrangheta seguirá controlando como siempre el mercado del trabajo en el campo”, asegura el especialista.

Agrega que lo sucedido en Rosarno era previsible. El crudo invierno hizo que las condiciones de los trabajadores africanos se agravaran y sus reclamos subieran de tono.

“Entonces, la ‘Ndrangheta no podía permitir que en su propio territorio los negros pudieran manifestar estas quejas y los atacaron para provocar primero su enojo y después su expulsión”, sentencia Forgione.

 

mav

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