Pederastia: Terremoto en el Vaticano

lunes, 19 de abril de 2010

LONDRES, 19 de abril (Proceso).- El escándalo provocado por los casos de sacerdotes pederastas en diferentes países se enfoca cada vez más en Joseph Ratzinger, quien, primero como arzobispo de Munich y después como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, supuestamente encubrió a religiosos que abusaron de menores. A las demandas judiciales en su contra se agregan las voces que piden su renuncia, en tanto que activistas ateos de Gran Bretaña preparan una estrategia legal para que la justicia detenga al pontífice.

El Papa Benedicto XVI es cada vez más cuestionado por supuestamente encubrir a sacerdotes pederastas, entre ellos Marcial Maciel, por lo cual ya se le pide que renuncie al trono pontificio. Incluso se prepara una audaz estrategia judicial para arrestarlo durante su viaje a Gran Bretaña, programado para septiembre próximo.

Dos de los principales activistas del movimiento ateísta inglés, los escritores Richard Dawkins y Christopher Hitchens, encabezan esta batalla legal para arrestar al pontífice “por crímenes de lesa humanidad”, arresto que, de concretarse, podría generar una disputa diplomática sin precedente entre Londres y el Vaticano.

Dawkins y Hitchens –cuyos libros promueven el ateísmo– comienzan a trabajar con destacados abogados defensores de derechos humanos para preparar la demanda jurídica contra Benedicto XVI por su supuesto encubrimiento a sacerdotes que han abusado sexualmente de menores de edad.

Ambos activistas aseguran que el Papa no podrá protegerse con la inmunidad diplomática en caso de un pedido de arresto, pues aunque su visita es considerada como de Estado, él no es jefe de ningún Estado reconocido por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

Dawkins –quien ocupa la cátedra “Charles Simonyi de Difusión de la Ciencia”, en la prestigiosa Universidad de Oxford– sostiene que el máximo dirigente de la Iglesia católica no debe “salirse con la suya, cuando cualquier otro ministro de gobierno tendría que rendir cuentas y enfrentar a la justicia” al verse implicado en semejantes delitos.

En un texto enviado a varios medios de prensa, entre ellos Proceso, señala: “Un líder religioso como el Papa no debería ser diferente. Por esa razón Christopher Hitchens y yo apoyamos la actual investigación llevada a cabo por los abogados Geoffrey Robertson y Mark Stephens sobre la complicidad criminal del Papa. Estos excelentes juristas creen que, para comenzar, ellos tienen un caso convincente contra el estatus del Vaticano como Estado soberano, sobre las bases de que fue una situación ad hoc creada por las políticas internas bajo el régimen de Benito Mussolini, y que nunca recibió el estatus (de Estado soberano) por parte de la ONU”.

De ahí que, de tener éxito este argumento inicial, “el Papa no podrá pedir inmunidad diplomática como jefe de Estado, y podría ser arrestado al pisar suelo británico”, sostiene Dawkins, quien es etólogo, zoólogo, teórico evolutivo y autor del popular libro El espejismo de Dios.

Se pregunta: “¿Dónde han estado los gobiernos mundiales todo este tiempo? ¿Dónde están sus valores morales? ¿Dónde su determinación para tratar a toda persona igual ante la ley? El gobierno de Gran Bretaña, lejos de buscar justicia para las víctimas inocentes de la Iglesia católica romana, se prepara para darle la bienvenida a este grotesco hombre manchado por el escándalo”.

Y remata: “Tendrá que ser la corte la que decida –una corte civil y no eclesiástica– acerca de si el caso contra Ratzinger es lo suficientemente condenatorio como parece. Si él es inocente, que lo demuestre ante la corte. Pero si es culpable, que enfrente la justicia como cualquier otra persona”.

A su vez, su compañero Hitchens –periodista y autor de libros como Cartas a un joven disidente, Dios no es bueno y Dios no existe– aseguró en un mensaje difundido el domingo 11 que “Benedicto XVI no puede estar sobre la ley”.

Detalló: “El encubrimiento institucionalizado de abusos sexuales es un crimen bajo cualquier ley y no demanda ninguna ceremonia privada de arrepentimiento o sobornos de la Iglesia, sólo justicia y castigo”.

 

En la mira

 

Benedicto XVI tiene previsto realizar su visita oficial a Gran Bretaña del 16 al 19 de septiembre. Estará en las ciudades de Londres, Glasgow y Coventry. En esta última beatificará al cardenal John Henry Newman.

¿Qué pasos piensan seguirse para arrestar al pontífice? ¿Qué instancias judiciales intervendrán? ¿Se tendrá consideración a su avanzada edad?

El destacado abogado Mark Stephens sostuvo el domingo 11 en entrevistas con diarios británicos que, a pesar de sus 82 años, Benedicto XVI goza de buena salud que no se vería afectada durante su posible detención. Y señala que puede pedir a la Fiscalía de la corona británica realizar los procedimientos criminales en su contra, lanzar una acción civil o enviar el caso a la Corte Penal Internacional de La Haya.

Stephens –para quien el Vaticano es un híbrido de ciudad elevada al rango de Estado independiente– explicó:

“Hay muchas vías legales contra el Papa. Hemos llegado a la conclusión de que el Vaticano no es un Estado bajo la ley internacional. No está reconocido por la ONU, no tiene fronteras que estén cuidadas y sus relaciones internacionales no son de entera naturaleza diplomática.”

Adelantó que contra Benedicto XVI se utilizarán los mismos principios legales que llevaron a las autoridades británicas, en octubre de 1998, a arrestar al dictador chileno Augusto Pinochet, cuando éste visitaba Gran Bretaña… lo mismo podría suceder ahora con el Papa.

Sin embargo, un portavoz oficial de la cancillería británica que fue consultado por Proceso declaró bajo estricto anonimato que la intención de arrestar al pontífice “es una locura sin basamento jurídico”.

Agregó en tono conciliador: “La visita del Sumo Pontífice se llevará a cabo como está planeada y el Papa puede estar tranquilo, porque no será detenido. El resto son puras especulaciones”.

Pero el viaje papal empieza a provocar rechazo en algunas organizaciones civiles británicas, como “Protest the Pope” (Protesta al Papa), la cual envió –el pasado 10 de marzo– una petición con 28 mil firmas al primer ministro británico, Gordon Brown, objetando la gran cantidad de dinero destinado para recibir al pontífice. Ya durante la visita, este grupo organizará manifestaciones y otros actos de protesta contra el visitante.

No es ésta la única acción legal para sentar al pontífice en el banquillo de los acusados y ante una corte civil. El abogado estadunidense Jeff Anderson también lo intenta, pero valiéndose de la ley Racketeering Influence and Corrupt Organizations (RICO, por sus siglas en inglés), la cual se utiliza contra las redes mafiosas que operan internacionalmente.

Y es que, para Jeff Anderson, el Vaticano opera justamente “como una mafia, como una organización criminal” que encubre a sus sacerdotes pederastas y es encabezada por el propio Papa (Proceso 1581).

Su bufete, Jeff Anderson & Associates, ha emprendido 250 demandas contra sacerdotes, obispos y arzobispos de Estados Unidos. También logró que el cardenal mexicano Norberto Rivera Carrera, arzobispo primado de México, declarara ante la Corte de Los Ángeles por encubrir supuestamente a uno de sus sacerdotes… Al Papa lo tiene en la mira.

En las últimas semanas han arreciado las acusaciones que señalan a Benedicto XVI como el principal encubridor de curas pederastas, por lo que ya se está pidiendo su “renuncia” o su “destitución”.

Hasta el mismo Hans Küng, uno de los teólogos católicos más renombrados a nivel mundial, acusó a Ratzinger de proteger a sacerdotes abusadores y de cometer muchos desaciertos durante su pontificado, por lo que le pide que mejor renuncie para bien de la Iglesia y para evitar mayores escándalos.

En un polémico artículo publicado el pasado 17 de marzo en el periódico alemán Süddeutshe Zeitung, Küng asegura que Ratzinger encubrió a curas pederastas durante los 23 años que estuvo a cargo de la Congregación para la Doctrina de la Fe, de 1982 a 2005.

En su artículo –titulado La responsabilidad de Ratzinger–, el teólogo afirma que “ninguna otra persona en la Iglesia ha tenido sobre su escritorio tantos casos de abusos como él”…pero no hizo nada.

Küng –de 81 años y viejo conocido de Ratzinger, ya que ambos participaron en el Concilio Vaticano II, en los años sesenta– le pide al Papa que acepte públicamente su responsabilidad en lugar de lamentar una campaña en su contra: “La veracidad exige que el hombre que es responsable de encubrimiento a nivel mundial, concretamente Joseph Ratzinger, admita su propia mea culpa”.

También compañero de Ratzinger cuando ambos eran profesores de teología en la Universidad de Tubinga, Küng asegura que “constituyen una práctica funesta” los cinco años de pontificado de su excondiscípulo.

Y en una entrevista que concedió al diario Frankfurter Rundschau, a finales de marzo pasado, Küng pidió la renuncia del pontífice: “Es tiempo de que lo releven”, dijo.

Criticó al Papa por haber rehabilitado al obispo ultraconservador Richard Williamson, quien ha negó el Holocausto. Esta rehabilitación, dijo Küng, es un desa­cierto más en la larga cadena de errores del pontífice.

“Primero cuestionó que los protestantes formen una Iglesia, luego calificó de inhumanos a los musulmanes, y ahora ofende a los judíos permitiendo el regreso a la Iglesia de un negador del Holocausto”, dijo el teólogo.

 

Los cánones

 

El sacerdote Raúl Soto, especialista en derecho canónico, aclara:

“La destitución de un Papa es imposible; el colegio cardenalicio no lo puede destituir ni siquiera la destitución puede darse mediante un concilio ecuménico, que es la reunión de todos los obispos del mundo. Esto lo estipula el canon 1404 del Código de Derecho Canónico.”

–Pero, ¿sí puede renunciar?

–Sí, efectivamente, la renuncia de un Papa puede darse. Pero en toda la historia de la Iglesia solamente un Papa ha renunciado al cargo, allá por el año 1300; fue Celestino V, un ermitaño al que lo hicieron Papa y se dio cuenta de que no tenía los atributos para gobernar.

El canonista remite al canon 332, el cual señala textualmente: “Si el Romano Pontífice renunciase a su oficio, se requiere para la validez que la renuncia sea libre y se manifieste formalmente, pero no que sea aceptada por nadie”.

Algunos testimonios sostienen que Rat­zinger, primero como arzobispo de Munich y luego como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, supo de casos de sacerdotes pederastas y no actuó en consecuencia.

Por ejemplo, los periódicos alemanes Süeddeutsche Zeitung y Die Zeit han documentado que, en 1980, cuando era arzobispo de Munich, Ratzinger aceptó en su arquidiócesis al capellán Peter H., sabiendo que ya había sido denunciado por abusar de menores de edad en la ciudad de Essen. Este capellán seguiría después con sus abusos, al grado de que, apenas en marzo pasado, fue suspendido finalmente por la Iglesia.

También, en 1985, cuando ya era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Ratzinger dirigió una misiva al obispo John­ Cummins, de la diócesis de Oakland, en Estados Unidos, donde le pide que no castigue al sacerdote Stephen Kiesle, quien abusó de menores de edad a finales de los setenta. Ratzinger argumentó que había que proteger al pederasta “por el bien de la Iglesia universal”, según publicó la agencia AP el pasado 9 de abril.

Otro caso es el del sacerdote Lawrence Murphy, de Wisconsin, quien abusó de más de 200 niños sordos entre 1950 y 1975. Varios obispos estadunidenses le informaron a Ratzinger por escrito sobre estas denuncias. Pero el hoy Papa también decidió protegerlo. Y Murphy murió en 1998 sin ser enjuiciado.

El expediente sobre los abusos cometidos por el sacerdote mexicano Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, también lo tuvo Ratzinger en sus oficinas durante años.

El exlegionario Alejandro Espinosa, una de las víctimas de Maciel, cuenta a Proceso:

“En 1998, las víctimas de Maciel le presentamos el asunto a Ratzinger para que se abriera un juicio. Pero éste nos advirtió que no podía procesar a Maciel porque era muy amigo del entonces Papa Juan Pablo II. En otra ocasión, a nuestra apoderada legal, Martha Wegan, Ratzinger le dijo que era preferible el sufrimiento de las pocas víctimas a que miles de fieles perdieran la fe.”

Ante la cerrazón del Vaticano, las víctimas de Maciel, encabezadas por José Barba, viajaron a Ginebra, Suiza, para presentar allá, en octubre de 2002, una queja ante la ONU, para que el organismo internacional investigara el caso y le llamara la atención a la Santa Sede (Proceso 1374).

Dice José Barba: “A casi ocho años de distancia, en la ONU todavía no se ha resuelto nada. Tiene que encontrarse alguna fórmula internacional para quitarle tanta impunidad a la Santa Sede”.

–¿La actual tentativa de arrestar al Papa, en Gran Bretaña, podría ser una solución justa?

–No creo que la corona británica lo permita. ¡Imagínese! el arresto de un Papa es algo insólito. Provocaría un escándalo de dimensiones internacionales.

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