Turquía: inundar la historia

martes, 6 de abril de 2010

MÉXICO, D.F., 6 de abril (apro).- La antiquísima ciudad de  Hasankeyf, en el sureste de Turquía, quedará bajo las aguas en el año 2013, en caso de que continúe la construcción de la hidroeléctrica Illisu.

En declaraciones al diario El Mundo, el pasado 1 de febrero, el ministro de Medio Ambiente turco, Veysel Eroglu, anunció que Ankara consiguió los fondos que faltaban, luego del retiro de cuatro países del proyecto: Alemania, Austria, Suiza e Inglaterra.

Y serán dos bancos turcos, AKBank y Garanti, los que concederán un préstamo de 300 millones de euros para la construcción de la hidroeléctrica.

El retiro de los grandes inversionistas y la crisis económica había dado esperanzas a los opositores de la presa de que se abandonaría su construcción, que además del daño ecológico provocará el desplazamiento forzado de 80 mil personas y destruiría Hasankeyf, uno de los tesoros de la humanidad.

Tesoro milenario

Las tierras que se inundarían están en la rivera del río Tigres, donde nace Mesopotamia, cuna de la civilización. Los asentamientos humanos en esa zona datan de entre diez y 12 mil años antes de nuestra era. Hasta donde se sabe, en Mesopotamia es donde apareció la agricultura por primera vez. Ahí surgieron las matemáticas, el riego artificial, la astronomía, las primeras leyes y la división del tiempo que usamos hasta hoy día.

El valor histórico de la región de la Media Luna Fértil, donde se planea construir la presa, es incalculable. Fue habitada por sumerios, acadios, babilonios, medas, partos y persas.

Cuando Alejandro Magno llegó a  Hasankeyf, aunque tenía otro nombre,  ya era milenaria.

Los asirios vivieron ahí y castigaban a los delincuentes y enemigos del imperio crucificándolos. Siglos después los romanos retomaron la costumbre y la cruz se convirtió en el símbolo  del cristianismo. Esa zona está llena de ciudades bíblicas de las que se creía era mítica su existencia, hasta que los arqueólogos las encontraron.

Hasankeyf  cayó bajo el yugo mongol en 1260 y después estuvo en manos de romanos, bizantinos, kurdos, árabes y otomanos. Todos han dejado su huella.

El emperador Constantino la renovó. La ciudad fue parte de la Ruta de la Seda y  punto de comercio y descanso de las caravanas que iban de China a Constantinopla.

Los romanos construyeron un fuerte en Cephe, en el año 640 antes de Cristo. En el siglo XII la ciudad cayó en manos de los árabes y tomó su actual nombre, luego se convirtió en un importante centro del islamismo.

En las cavernas cercanas a Hasankeyf, casi 4 mil, vivieron personas durante miles de años. Algunas de esas cavernas son, hoy en día, frescas cafeterías con una vista fantástica al valle desde lo alto de las colinas.

Los habitantes de Hasankeyf  son en su mayoría kurdos, pero por ser esta región un puente entre Anatolia y Medio Oriente, la población es trilingüe: habla  turco, kurdo  y árabe.

Y si Turquía sigue adelante con los planes de construir la presa, deberá desplazar a casi 80 mil personas.

La presa de Illisu

La central suministraría el 10% de la energía eléctrica del país, pero este argumento no convence a pobladores, ecologistas y arqueólogos que se oponen al proyecto.

La idea de hacer presas a lo largo del río Tigris en territorio turco surgió hace 40 años, pero no se construyeron. Ahora la presa de Illisu es parte del Proyecto de Anatolia Oriental (GAP, por su acrónimo en turco), que no sólo contempla hidroeléctricas a lo largo del Tigres, sino infraestructura (carreteras, escuelas, hospitales, etc.) para la parte oriental de Turquía, la zona más pobre del país.

GAP contempla 13 presas. Cuando Illisu esté lista, generará 3 mil 800 giga vatios/hora de energía al año, de acuerdo con cifras que el Ministerio de Energía otorgó a la agencia AFO el 1 de junio de 2009. El costo de la presa Illisu varía según el despacho de prensa y del año, pero lo que queda claro es que serán más de 2 mil millones de dólares.

Un equipo internacional de arqueólogos inspeccionó la zona para tratar de trasladar los edificios y monumentos a otro lugar, pero esto es imposible, ya que las antiquísimas construcciones son de adobe.

“No creo que se pueda mover nada”, dijo a la prensa Abdusselam Ulucam, el arqueólogo turco encargado de la excavación en Hasankeyf. “La piedra se derrumbaría al polvo en sus manos. El mes pasado tropecé con un mosaico romano en la pared, detrás de los escombros enterrados dentro de una cámara en la base de los acantilados.”

En otras palabras, hay mil cosas por descubrir. Tan sólo un 20% del terreno ha sido estudiado por arqueólogos. Según éstos, el asentamiento podría contener algunas joyas arqueológicas aún por descubrir, pues la ciudad está llena de mezquitas y minaretes del siglo XV.

Si los planes energéticos del gobierno turco se concretan,  invaluables monumentos históricos quedarán 40 metros bajo el agua.

El gobierno en Ankara anunció  que destinará 30 millones de euros a salvar algunos monumentos, pero esto no calmó los ánimos.

El alcalde de Hasankeyf, Vahap Kusen, comparó la inundación de su pueblo con la destrucción de los budas gigantes de Afganistán por parte de los talibanes.

Los habitantes de la milenaria ciudad afirman a cualquier turista o periodista que los visita, que no quieren los  mil 200 megavatios de la presa, si eso significa inundar 12 mil años de historia.

En los planes originales, Alemania, Francia, Austria Inglaterra y Suiza otorgarían apoyo técnico y financiamiento para construir la presa, pero tras las protestas decidieron retirarse y eso retrazó las obras. Incluso el Banco Mundial retiró su apoyo a los proyectos del GAP.

Se formaron grupos para la protección de Hasankeyf en diversos países. Y los arqueólogos y ambientalistas solicitaron la intervención de la Corte Europea de Derechos Humanos para evitar la construcción de Ilisu. El tribunal rechazó el caso en 2009, al considerar el asunto fuera de su ámbito.

Amnistía Internacional tomó el caso. Argumentó que quitar su hábitat a 80 mil personas es una violación a los derechos humanos.

¡Caracoles Batman!

Los afectados –la mayoría de ellos kurdos-- creen que serán reubicados en la provincia de Batman. Temen que, debido a ello, se vean obligados a hablar turco y, gradualmente, perder su identidad.

Los kurdos sostienen una guerra antigua por constituirse en una nación. Están seguros que la construcción de la presa encubre una estrategia militar de dispersión. Consideran, además, que con el pretexto de cuidar la presa habrá una militarización de la zona.

El proyecto GAP comprende zonas en guerra, en las que el Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) tiene influencia. Éste tiene una guerra abierta contra el  Estado turco desde 1984.

Los enfrentamientos armados entre los miembros del PKK y los soldados han tenido como escenario las zonas que se quieren anegar.

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