Uganda: los alcances de la amenaza terrorista

martes, 3 de agosto de 2010

MÉXICO, DF, 3 de agosto (apro).- A raíz del bombazo en Uganda durante la final del Mundial de Futbol, existe el peligro de que se expanda una ola de atentados en África.

De acuerdo con el exembajador estadunidense Princeton N. Lyman, si bien el ataque demostró una probable distracción en los servicios de seguridad por el partido de futbol, también demostró que el grupo radical islámico somalí, Al-Shabaab, puede estar conectado con células terroristas de redes transnacionales como Al-Qaeda, de Osama Bin Laden.

“El hecho de que Al Shabaab ha extendido la lucha fuera de Somalia hacia los países que ayudan al gobierno federal de transición, ha aumentado la amenaza terrorista en África”, explicó a Apro Princeton N. Lyman, exembajador estadunidense en Nigeria y Sudáfrica.

El 12 julio –un día después del atentado--, Al-Shabaab se adjudicó su autoría. Anteriormente había amenazado a la misión de la Unión Africana (Amison), integrada por soldados de Uganda y Burundi, para que retirara sus tropas que mantienen en pie al gobierno federal de transición de Somalia, el cual se encuentra en guerra con Al-Shabaab.

“Los ugandeses son cruzados cristianos que han invadido nuestra tierra y violado el honor de nuestra gente. Mataremos a sus soldados, sus políticos y diplomáticos”, dijo Husayn Fidow en un video difundido el 29 de junio por Al- Kataib Fundation, la agencia de noticias de la organización Al Shabaab.

El video de nombre The african crusaders acusó a las tropas de la Amison de atacar zonas residenciales con ayuda de Estados Unidos.

“Si la opinión pública de Uganda y Burundi no logra detener la invasión, recibirán los cuerpos de sus hijos en cenizas”, sentenció Fidow en el video.

Al Shabaab tiene de 3 mil a 7 mil efectivos. Según Lyman, quien actualmente funge como experto en política africana del Consejo de Relaciones Exteriores, el grupo somalí ha tenido contacto con Al-Qaeda, pero eso no indica que tenga un poder desmesurado.

“Al-Shabaab no es una fuerza grande, quizás cuente con unos pocos miles de combatientes. No es popular, pero en la caótica situación del país, ha tomado el control de buena parte del sur de Somalia a través de la intimidación”.

Desde diciembre de 2009, el artículo En las arenas movedizas de Somalia de Bronwyn Button publicado por Foreign Affairs dilucidaba fracturas internas del grupo.

“Shabaab es una incómoda coalición de facciones, clanes oportunistas, nacionalistas fundamentalistas y unos pocos partidarios de Al Qaeda en el discurso”, definió.

“Estas facciones están divididas ideológicamente y algunas sólo persiguen fines económicos o esperan a que se retiren los extranjeros para dejar de apoyar a la organización”, dice la publicación.

Según Button, aunque Al Shabaab ha logrado capitalizar la histeria que hay en el mundo acerca del terrorismo y tiene el control sobre la mitad del territorio somalí, su núcleo fundamentalista islámico real es de algunos pocos cientos de personas.

Respecto de su supuesta relación con Al-Qaeda, el portavoz del grupo somalí, Sheik Ali Muhamud Raage, la definió sólo en términos ideológicos.

“Nosotros y Al-Qaeda compartimos la fe musulmana y estamos peleando por la libertad. Es todo lo que compartimos”, dijo el 17 de enero a la BBC.

Pero el exembajador Lyman dice que Al Shabaab ha aumentado sus conexiones con la red terrorista de Bin Laden.

En el 2006, cuando Somalia fue gobernado por una Unión de Cortes Islámicas, Al Shabaab desempeñaba el papel de brazo armado. Ese mismo año, Etiopía invadió a su vecino Somalia y provocó una guerra civil.

“Desde entonces, Al Shabaab ha apelado más y más a Al Qaeda y a grupos similares simpatizantes para que manden combatientes y otra clase de ayuda, y han ligado su lucha a la yihad global”, relata Lyman.

Además, el exembajador explica que la red terrorista de Bin Laden tiene presencia en la región, ya que realizó dos atentados que causaron la muerte de 229 personas en las embajadas estadunidenses de Kenia y Tanzania.

“Células de Al Qaeda han operado en el sur y el este de África por algún tiempo”, dice Lyman. “Muchas han estado inactivas en los últimos años, pero con el apoyo de Al Qaeda, Al Shabaab ha demostrado que puede usar esas células, como en el bombazo de Uganda”.

 

La “marca” Al Qaeda

 

El artículo Al Qaeda trata de introducir células en el país más poblado de África, publicado el 28 de junio por El País, señala que una de las prioridades de Al Qaeda es extenderse en los países musulmanes del África Subsahariana, particularmente en Nigeria, donde la mitad de la población de 150 millones de personas practica el Islam.

Sin embargo, para el experto en África, Roland Marchal, del Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales de París, el simple hecho de que hay pocos ataques terroristas después del 11 de septiembre en África es la prueba de que el continente no es realmente un paraíso para el terrorismo.

Dice que tampoco el hecho de que exista una gran población musulmana en África indica que los países automáticamente se radicalizarán por motivos religiosos. “Para ninguna comunidad religiosa el hecho de tener una fe predetermina una postura política”, aclara Marchal aApro.

“Es verdad que las motivaciones políticas existen, pero hay una diferencia entre los problemas políticos normales y el terrorismo (…) Por ejemplo, en la región del Sahel -- ubicada entre el desierto del Sahara y las selvas del África Central--, los países sufren más por la guerra de Argelia de 1990 que no se terminó”, explica.

El experto dice que es difícil separar la situación de África Subsahariana del resto del mundo debido a la globalización y el flujo de personas e ideas, por lo que --contrario a lo que dice el embajador Lyman--, la amenaza en África no sería mayor a la amenaza que existe en todo el mundo.

Además, aclara ciertos aspectos que se deben tomar en cuenta cuando se habla de terrorismo o de amenazas a la seguridad:

“El terrorismo es una técnica y muchos grupos marginales tienden a usar la ‘marca comercial’ Al Qaeda para hacerse ver más poderosos y peligrosos de lo que realmente son (…) De la misma forma, muchos Estados se benefician por recibir apoyo de Estados Unidos contra el terrorismo”.

Para Marchal, Al Shabaab trata de construirse como una especie de ‘submarca’ de Al Qaeda, y por eso han ganado apoyo y notoriedad internacional. “Lo que debería ser subrayado es que este apoyo no ha cambiado la ecuación de la crisis en Somalia, la guerra continúa igual”, afirma.

Recalca que Al Shabaab es el principal actor militar del sur de Somalia y sólo controla 7% de su territorio. “Ese hecho, en sí mismo, no es terrorismo”, aclara.

Y recomienda:

“La llave es investigar los problemas antes de etiquetarlos y no ser rehenes de nuestras propias ideologías o de lo que dicen los servicios de seguridad”.

Marchal destaca que el bombazo en Uganda y los ataques en Somalia reciben poca atención en el mundo Occidental; al igual que otros conflictos del continente: “Las vidas africanas siempre les resultan más baratas que las occidentales. Puedes ver el número de gente asesinada en el conflicto de la República Democrática del Congo, es diez veces mayor que el número de gente muerta en Darfur, pero Occidente no le da importancia”.

Uganda vive desde hace 20 años una guerra contra el grupo terrorista católico Ejército de Resistencia del Señor (LRA). Después de la caída en 1986 del expresidente Tito Okello a manos del actual presidente ugandés, Yoweri Museveni, el LRA comenzó actividades en el norte de Uganda.

En el 2005, la Corte Penal Internacional dictó órdenes de detención contra los principales líderes del LRA por violación masiva de derechos humanos y el reclutamiento de más de 20 mil niños soldados. El conflicto ha hecho que un millón de personas tengan que abandonar sus hogares.

Los propios portavoces de Al-Shabaab recomiendan en su video reivindicatorio que el Ejército ugandés debería combatir al LRA en vez de instalarse en Somalia.

“Tenemos personajes trastornados que nos han estado amenazando, como los ADF (Fuerzas Democráticas Aliadas, otro grupo insurrecto musulmán de Uganda), Al Shabaab y el LRA”, dijo el director general de la policía de Uganda, Kale Kayikura, el día de los atentados.

Pero, a pesar de los ataques, la policía ugandesa y el presidente Museveni garantizaron la seguridad de su país en la víspera de la Sesión Ordinaria de la Asamblea General de la Unión Africana que se llevó acabo el 25 de julio pasado, en la que se trataron temas como la seguridad en el continente, la situación de Somalia y el cambio climático.

Según el experto Marchal, el presidente Museveni tiene una fuerte motivación para reforzar la seguridad en su país y mantener las tropas en la Amison, además de la realización de la cumbre:

“Quiere reconocimiento en su competencia contra el presidente del vecino Ruanda, Paul Kagame, y pretende mostrarse como un fuerte bastión de Estados Unidos en la región y espera ser recompensado con ligeras críticas por su manejo autoritario de la política ugandesa”.

Somalia vivió un régimen autoritario al mando de Muhammad Siad Barré durante la Guerra Fría. Después de la caída del dictador en 1991, el país se descompuso y distintos “señores de la guerra” tomaron el control de la capital y fragmentaron el país.

Una fallida invasión estadunidense terminó en la tragedia de 1994, llamada la Caída del Halcón Negro. Después de la derrota de sus tropas, Estados Unidos abandonó el terreno.

No es hasta el 11 de septiembre de 2001 cuando la administración de Bush puso de nuevo los ojos en Somalia.

Para el 2006, un grupo de tribunales islámicos arrebataron la capital a los “señores de la guerra”. El gobierno de George W. Bush y el gobierno etíope se apresuraron a condenar a los Tribunales Islámicos de terrorismo. Etiopía invadió Somalia en junio del 2006 para disolver las Cortes e instaurar un gobierno afín a los intereses de Estados Unidos y Etiopía.

Desde entonces Al Shabaab combate a las tropas extranjeras. Etiopía y sus 30 mil efectivos ha salido ya del país, pero la Misión de Naciones Unidas a cargo de Uganda y Burundi mantiene 5 mil efectivos en el país.

Si bien un antiguo jefe de los tribunales islámicos, Sheikh Sharif Ahmed, ocupó la presidencia provisional de Somalia en enero de 2009, su gobierno no ha logrado detener las milicias islámicas a pesar del apoyo armado de la Amison, de Estados Unidos y la OTAN.

“El verdadero debate estriba en lo siguiente: si una política contraterrorista puede derrotar a este movimiento y separarlo de Al-Qaeda, o si una política de involucramiento puede ayudar a reducir su radicalismo”, aclara Marchal.

Advierte: “La actual política que se ha implementado durante cuatro años en Somalia ha hecho a Al Shabaab más fuerte”.

“Quizás sea el momento de pensar más con el cerebro y no con las botas”, recomienda.

 

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