Cuba y la dependencia alimentaria

viernes, 18 de febrero de 2011

LA HABANA, 18 de febrero (apro).- Cuba intenta seguir la ruta de reformas económicas que desplegó Vietnam, basadas en el incremento substancial de su producción y consumo de alimentos, pero está lejos de lograrlo, pues 80% de la canasta familiar cubana proviene del exterior.
Los vietnamitas impulsaron una reforma en la agricultura basada en la entrega de tierras en usufructo a las familias y además permitieron que la producción fuera vendida en el libre mercado.
El gobierno de Raúl Castro puso en marcha desde 2008 la primera etapa de las “reformas vietnamitas”, al entregar 1.18 millones de hectáreas a más de 128 mil solicitantes, aunque 30% aún no producen.
“Nosotros hemos hecho la primera parte, pero nos falta la segunda (autorizar la venta en el libre mercado, sin control del Estado). En mi opinión ahí está el cuello de botella. Es indispensable la desarticulación del monopolio del sistema estatal centralizado de comercialización agrícola”, asegura el investigador Pavel Vidal Alejandro, investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), de la Universidad de La Habana.
El economista cubano deja en claro que la clave de las reformas a la economía que ejecuta el gobierno del presidente Raúl Castro debe ser “la agricultura”, así como lo fue en países como Vietnam y China.
“Si fracasa la reforma en la agricultura, fracasa toda la reforma. El sector agrícola ya lleva dos años de caída, lo que hace evidente que las transformaciones allí han sido insuficientes. Si se logra que despegue la agricultura, estaríamos resolviendo varios problemas al mismo tiempo.
“Cuba importa 80% de los alimentos, por tanto, un aumento en la producción de alimentos liberaría divisas para invertir en otros sectores; contribuiría al equilibrio externo y a la salida de la crisis financiera, ello es más apreciable aun en un escenario internacional para el que se pronostica una nueva escalada de los precios internacionales de los alimentos.
“Es importante resolver el tema de la alimentación, que es una de las demandas sociales más importantes, donde la población quiere ver resultados a corto plazo, a partir de las medidas. Si los cambios logran un visible incremento de la producción y el consumo de alimentos, la reforma tendría mucho más apoyo popular”, sostiene el investigador de la Universidad de La Habana en una entrevista con la revista católica Espacio Laical.
Por su parte, el ministro de Economía, Marino Murillo, reconoció que el sector agropecuario decreció 2.8% en el 2010 y “no se alcanzan los niveles previstos en 12 producciones agropecuarias”, entre ellas arroz, carne, huevos, hortalizas, cítricos y verduras.
Otra mala noticia para los planes oficiales. Pero el escenario internacional para el que se pronostica una nueva escalada de los precios internacionales de los alimentos no es nada halagador.

Copiosas importaciones

La dependencia alimentaria del exterior se ha convertido en un dolor de cabeza para el gobierno de la isla, sobre todo la dependencia de sus importaciones de Estados Unidos.
Cuba importa cada año unos 2 mil millones de dólares en alimentos y 30% de los alimentos que consume tienen su origen en Estados Unidos.
La cifra sitúa a Cuba entre los 30 países con mayor volumen de importaciones de productos alimenticios de Estados Unidos durante los últimos diez años.
El Congreso estadunidense autorizó en el 2000 que empresas estadunidenses vendieran productos agrícolas a la isla, siendo el único sector que mantiene vínculos con la Cuba comunista desde que el país del norte implantó, en 1962, un bloqueo económico, comercial y financiero.
La facturación cubana en productos norteamericanos ha sido alta, alcanzaron cifras históricas de 710 millones de dólares en el 2008, pero las compras han experimentado un drástico descenso en el 2009 y 2010.
De acuerdo con datos de los Departamentos de Agricultura y Comercio de Estados Unidos, empresas estadunidenses vendieron, en el 2001, alimentos a Cuba por un monto 4.3 millones de dólares.
Las compras del gobierno cubano a empresas de Estados Unidos mantuvieron un incremento substancial los primeros siete años. En el 2002, la facturación tuvo un salto récord de 138.6 millones de dólares, 134.3 millones más que el año anterior.
Cada año, Cuba fue presa de la dependencia de los alimentos importados de Estados Unidos. En el 2003, sus compras llegaron a los 256.9 millones; en el 2007 sumaron 437.5 millones, casi el doble de lo comprado cuatro años antes.
En el 2008 alcanzó la cifra histórica de 710 millones de dólares. Sin embargo, la grave crisis económica y la falta de divisas obligaron al gobierno de la isla a reducir sus compras de alimentos al país del norte.
En 2009, la inversión cubana en productos de Estados Unidos se redujo a 528.4 millones, y el año pasado sólo fue de 366.4 millones, una facturación parecida a la del 2005, y la mayoría de los productos comprados fueron pollo congelado, más de 99 millones, y 94 millones de dólares en maíz.
Cabe recordar que las transacciones financieras de la empresa cubana Alimport con Estados Unidos se realizan al contado y a través de instituciones bancarias de terceros países.
Pero aún hay más.
Un informe del Consejo Económico y Comercial Cuba-EU (USC-TEC), radicado en Nueva York y dado a conocer el 14 de febrero, confirmó que el gobierno cubano compró unos 3 mil 500 millones de dólares en productos agrícolas a firmas norteamericanas en el período 2001-2010.
Estados Unidos figura ya como el quinto socio comercial de Cuba y el segundo proveedor de alimentos, sólo superado por Venezuela.
El propio expresidente Fidel Castro Ruz alertó sobre la necesidad de que el pueblo cubano esté informado sobre el incremento espectacular de los precios de los alimentos y las consecuencias económicas que esto pudiera generar en el mundo y Cuba.
Al reunirse el pasado 15 de febrero con intelectuales que asisten a la Feria Internacional del Libro de La Habana, el aún primer secretario del Partido Comunista de Cuba (PCC) insistió en que el aumento de los precios de los alimentos agravaría de inmediato, “sin ninguna duda”, la situación política internacional.
Y preguntó a una media centena de intelectuales asistentes al encuentro:
“Si como consecuencia de todo esto se agravan los problemas, ¿debemos ignorarlos?”

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