Japón, las secuelas del desastre

lunes, 21 de marzo de 2011

LONDRES, 18 de marzo (apro).- La pequeña bebé de cuatro meses Hiroto Sekimachi volvió a ver la luz milagrosamente después de haber estado atrapada por tres días entre los escombros, palos y hierros retorcidos de un barrio de Ishinomaki, al noreste de Tokio, una de las tantas ciudades que quedó totalmente devastada por el terremoto -y el tsunami- que el pasado viernes 11 sacudió  a Japón.

El equipo de siete rescatistas de la Fuerza de Defensa japonesa enviado a la prefectura de Miyagi escuchó el llanto de un bebé debajo de un techo destrozado por la intensidad de las olas, pero sus integrantes no creyeron que se tratara de un niño. Después de varias horas de remover los escombros, el grupo encontró a la pequeña Hiroto, quien se convirtió en la sobreviviente más pequeña de la tragedia en el país nipón que, se estima, tendría un saldo mortal de más de 15 mil personas.

En Nobiru, otra de las ciudades de Miyagi arrasadas por el terremoto y el subsiguiente tsunami, también se registró otra historia de esperanza: Shimizu Yasuhiro lloraba ante las cámaras tras haber salvado de la muerte a su hijo de sólo diez días. Nacido sólo siete días antes de que el terremoto azotara Japón, el bebé sobrevivió milagrosamente a la catástrofe, luego de flotar sobre su cuna sobre el embravecido oleaje.

Shimizu decidió bautizarlo con el nombre de “Suerte”.

A apenas 20 kilómetros de allí, en un campamento de emergencia en la devastada localidad de Iwaki, Sanae Okinawa miraba en silencio a su pequeña bebé Urara, de 12 días de nacida. Madre y niña habían logrado escapar del poderoso tsunami al treparse al techo de su casa, que fue levantada de cuajo por la intensidad de las olas, y que terminó a un kilómetro de distancia, incrustada sobre otra vivienda.

Según un reporte del organismo no gubernamental británico Save the Children, publicado el pasado 14 de marzo en Londres, al menos 100 mil infantes resultaron damnificados por el terremoto y el tsunami de hace una semana. Miles de ellos perdieron a sus padres y hermanos. Otros tantos no encuentran a familiares que se hagan cargo de ellos. Casi todos sufren de estrés psicológico, pánico y angustia. Algunos ni siquiera pueden recordar su nombre o el de alguno de sus seres queridos.

El tsunami  --que ha dejado más de 4,000 víctimas mortales, que llevó a la evacuación de más de 50,000 personas de 10 prefecturas tras la destrucción de unos 76,000 edificios y que, se cree, le costará a la economía de Japón al menos 183.700 millones de dólares (el 3% del PIB japonés)-- ocurrió a las 14:50 de la tarde, cuando muchos niños se encontraban en la escuela, en campos de recreo o en la guardería.

Stephen McDonald, que preside el equipo de ayuda Save the Children en Japón, sostuvo que los principales problemas de los niños que ahora se encuentran en centros de evacuación son la falta de agua y los traumas psicológicos asociados con el estrés.

"Los niños con los que hablamos nos dicen que cada vez que hay un temblor entran en pánico y creen que algo les va a pasar", declaró McDonald desde la ciudad portuaria de Sendai (prefectura de Miyagi), donde la organización estableció una base de operaciones un día después del desastre.

De acuerdo con el documento de Save the Children, un 25% de las 1,200 personas que duermen sobre mantas o pedazos de cartón en centros de evacuación en Sendai son niños; como consecuencia del tsunami, muchos de ellos sufren ahora de heridas físicas que los dejaron incapacitados para moverse.

Ian Woolverton, a cargo del área de Comunicación de Emergencias de Save the Children, contó a Proceso, desde su base en Sendai, que se ha difundido poco “el daño causado en otros grandes centros poblacionales, como la ciudad de Asahi, en la prefectura de Chiba, a unos 80 kilómetros de Tokio. Las autoridades estiman que  allí 19,000 viviendas sufrieron el terremoto y el tsunami. Eso significa que un gran número de familias necesitan ahora de algún tipo de ayuda”, subraya.

El activista británico contó que al pasar por la ciudad de Asahi, observó que las casas “habían sido diezmadas como si fueran de barro o cartón”.

“Vi a personas nadar entre la basura que flotaba. Trataban de llegar a sus casas semihundidas. Era casi imposible moverse en esa agua podrida, muy peligrosa por la gran cantidad de palos, cables, maderas y otros objetos punzantes que flotaban”, comenta.

Otro organismo que desde el viernes 11 trabaja en Japón para asistir a los sobrevivientes del terremoto y el tsunami es la Oficina Para la Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas (más conocida por sus siglas en inglés: OCHA).

Dicho oficina publicó un informe el pasado 15 de marzo, titulado “Japón: Terremoto y tsunami. La situación actual”, en el que subrayó que cinco días después de la tragedia “áreas enteras del país seguían sin recibir ayuda por lo inaccesible de los caminos destrozados”.

También informó que alimentos y combustible escaseaban en algunas zonas afectadas, y que la mayoría de ellas seguían sin suministro de agua o electricidad. La OCHA estima que al menos  un millón 400 mil japoneses seguían sin agua cinco días después del tsunami.

El documento consigna que la zona más afectada es la prefectura de Miyagi, aunque también Fukushima, Iwate, Ibaraki, Tochigi y Aomori, y confirmó que continuaban desaparecidas al menos 15 mil personas. Las ciudades que más sufrieron el tsunami son Minami Sannriku (Miyagi) y Otsuchi (Iwate), ambas sobre la costa, agregó.

“Sólo en Fukushima están desaparecidas unas 1,200 personas, y ese número seguramente aumentará con el correr de los días. Más de 10,000 personas están atrapadas debido a la inundación que produjo el tsunami y no pueden acceder a ayuda en Iwate. Otro millar de personas siguen atrapadas en Miyagi y Fukushima”, refiere el documento.

OCHA también explicó que el desastre natural dejó 55,000 edificios dañados en la región de Tohoku, “donde el sistema de transporte sigue paralizado”.

Sobrevivientes

Como miles de japoneses, Taka Ishii pasa gran parte del día frente a la televisión ubicada en un centro de evacuación en Sendai. Mira las noticias de lo que ocurre en su país que, además del terremoto y un tsunami, enfrenta la posibilidad de una catástrofe nuclear por explosiones en varias de sus centrales atómicas.

"Los japoneses siempre decimos que estamos acostumbrados a los desastres, pero nunca sufrimos nada como esto. Tal vez la destrucción causada por las bombas de Hiroshima y Nagasaki (de 1945), aunque eso fue hace ya mucho tiempo y tuvo razones totalmente diferentes", declaró a la televisión de la BBC de Londres Ishii, de 85 años.

El anciano perdió a toda su familia en la catástrofe: dos hijos, una nuera y su esposa Aori, con quien estaba casado desde hacía más de 40 años.

La casa de Ishii, ubicada a sólo 100 metros de la costa y próxima al río Natori, desapareció tras la llegada del tsunami.

“Traté de salvar a mi esposa de la marea, pero la fuerza de la corriente era enorme. La vi desaparecer entre los muebles de la casa, cuando se caían las paredes”, agregó sollozando.

El hombre logró sobrevivir al aferrarse a una tabla, que le sirvió de salvavidas hasta que fue hallado en la zona portuaria de la ciudad.

“Sigo buscando a mi familia, no me daré por vencido hasta que no encuentre los cuerpos. Esa es ahora mi única misión en la vida”, dijo. 

En Minami Sanriku, un tranquilo pueblo de 17,000 habitantes que prácticamente desapareció tras el tsunami, los sobrevivientes contaron cómo el mar “devoró autos y casas”.

"Todo pasó tan rápido", contó una mujer llamada Mikiko. "Vimos cómo el  agua se llevaba automóviles, casas, todo. No había forma de escapar si te encontraba en el medio. Y eso le pasó a muchos".

Yukio Nemoto, de 47 años, se traslada en bicicleta por lo que queda de las calles de Minami Sanriku. Porta en el pecho un cartel con el nombre de su esposa desaparecida y a cada persona que encuentra muestra una fotografía a color de ella.

“Logramos correr escapando del tsunami, pero las olas nos atraparon y nos arrojaron en distintas direcciones”, cuenta el hombre, “sólo espero que siga viva, como yo”.

Nemoto afirmó también que los reportes de la prensa sobre sobrevivientes hallados varios días después del tsunami, después  de  haberse subido a techos de casas o maderas en el agua, le dieron esperanzas para seguir viviendo y buscar a su esposa hasta ahora desaparecida.

“Tal vez mi esposa hizo lo mismo. No me he dado por vencido con ella. Viajaré a donde sea con mi bicicleta, preguntando a todo el mundo”, subrayó.

 

Lg

-fin de nota-

 

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