El clan de los Gadafi

lunes, 7 de marzo de 2011

El coronel Muamar El Gadafi educó a la mayoría de sus hijos casi a su imagen y semejanza: excéntricos, arrogantes, autoritarios. Les asignó responsabilidades en el Estado a cuyo amparo se enriquecieron. Otrora rivales en las sordas luchas internas por el poder, hoy la desgracia los junta: ante la rebelión interna y la presión internacional, se aferran a un régimen que se tambalea y desatan la represión contra sus conciudadanos.

PARÍS, 7 de marzo (Proceso).- Tardía pero drástica fue la resolución 1970 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas adoptada unánimemente el pasado 27 de febrero.

El máximo órgano de decisión de la ONU ordenó un embargo total a las ventas de armas a Libia y congeló todos los activos financieros de la familia Gadafi, cuyos miembros tienen prohibido viajar al extranjero. Instó también a la Corte Penal Internacional (CPI) de La Haya a abrir una investigación sobre los crímenes cometidos contra la población libia por las fuerzas represivas bajo el mando de Muamar El Gadafi, de sus hijos y de altos mandos policiacos, militares y paramilitares.

La respuesta de la CPI fue inmediata: el pasado martes 1 anunció que ya había iniciado dicha investigación.

El Guía de la Revolución y su escandalosa familia quedaron atrapados en su propio país y la tensión es máxima en ese microcosmos. Desde hace años lo sacuden las violentas rivalidades de sus integrantes, todos ellos cegados por el poder.

Hasta el jueves 3, las fuerzas especiales y las milicias de mercenarios, entre cuyos altos mandos están tres de los ocho hijos de Gadafi –Muatassim, Jamis y Saadi–, sembraban el terror en Trípoli e intentaban reconquistar la parte oriental del país.

¿Qué pasará cuando el líder libio, sus familiares y seguidores queden atrapados en su búnker?

Seif al-Islam –el segundo hijo de Gadafi, su vocero y, hasta antes de que estallara la revuelta, su posible sucesor– declaró enfático que su familia tiene tres planes de acción: “Plan A: vivir y morir en Libia. Plan B: vivir y morir en Libia. Plan C: vivir y morir en Libia”.

El pasado 20 de febrero, después de tres días de manifestaciones, Seif amenazó al pueblo libio con un baño de sangre. Ahora atiende a la prensa internacional, a la que asegura que el régimen de su padre sigue controlando al país.

El “delfín”

Seif al-Islam nació en 1972 en Trípoli. Su madre, Sofia Farkash, es la segunda esposa de Gadafi. Hasta antes de sus violentas diatribas contra los manifestantes era bien visto por la Unión Europea y Estados Unidos, que lo consideraban líder de la corriente reformista dentro de la cúpula del poder libio y aplaudían su oposición a la tendencia conservadora que encarnaba su hermano Muatassim.

El delfín de Gadafi se graduó en 1994 en ingeniería y arquitectura en Trípoli. Luego se fue a estudiar a Viena y en 2008 obtuvo un doctorado en la muy afamada London School of Economics.

En el violento contexto actual de Libia, asombra que el tema de su tesis de doctorado sea El papel de la sociedad civil en el proceso de democratización de las instituciones de gobernanza global: del soft power a la toma de decisión colectiva.

Pero más interesantes aún son las denuncias en su contra por plagio que empiezan a circular en internet. La semana pasada se puso en evidencia que siete partes de su tesis fueron copiadas textualmente de otros trabajos. La London School of Economics, que se vio obligada a reconocer que Seif al-Islam le obsequió 1 millón y medio de libras esterlinas, empezó una investigación sobre el contenido de dicha tesis.

Mientras reflexionaba sobre el papel de la sociedad civil, Seif al-Islam dirigía la poderosa Fundación Internacional Gadafi para el Desarrollo, creada por su padre en 1997, y se posicionaba como un mediador hábil: en 2000 logró la liberación de rehenes occidentales detenidos por el grupo integrista musulmán Abu Sayyaf.

En 2004, luego de que Gadafi reconoció la responsabilidad libia en los atentados contra un Boeing 747 de Pan American (1988) y contra otro de la compañía francesa UTA (1989), Seif al-Islam fue encargado de negociar un acuerdo de indemnización para las familias de las víctimas. De igual manera facilitó el regreso a Libia de las compañías petroleras Exxon Mobil (Estados Unidos), BP (Gran Bretaña) y ENI (Italia).

En 2007 ayudó a la excarcelación de cuatro enfermeras búlgaras acusadas de haber contaminado con el virus del sida a pacientes libios.

Al igual que sus hermanos, Seif al-Islam tiene negocios propios. Controla el grupo de prensa Al-Ghad –que critica a los conservadores del régimen– y participa en jugosos negocios de bienes raíces. 

También se dio a conocer internacionalmente como play boy empedernido. Derrochaba dinero en la organización de fiestas en grandes capitales europeas, sobre todo en París, en el mítico balneario de Saint Tropez y en Mónaco. Estrellas del jet set acudían encantadas a sus bacanales. El príncipe Alberto de Mónaco destacaba entre sus invitados. En su “loca” juventud este junior arrogante solía viajar por el mundo con dos panteras.

El duro

El sueño de toda la vida de Muatassim Billah Gadafi es suceder a su padre. El cuarto hijo del Guía de la Revolución tiene 36 años. Estudió medicina, pero se desempeña como coronel del ejército. Las relaciones con su padre son tormentosas, pues éste no le perdona su adicción al alcohol.

El enfrentamiento entre los dos culminó en 2007 con una crisis violenta en la que Muatassim, probablemente ebrio, habría intentado asesinar a Gadafi. Sólo el clan sabe lo que sucedió realmente. Lo cierto es que el hijo rebelde renunció a la dirección del Consejo Nacional de Seguridad y tuvo que exiliarse en Egipto. El recién derrocado presidente egipcio Hosni Mubarak logró reconciliar a padre e hijo.

Muatassim regreso a Libia a principios de 2009 y en abril del mismo año viajó a Washington en representación de su padre para entrevistarse con la secretaria de Estado Hillary Clinton.

Según el New York Times, Gadafi le entregó 2 mil 800 millones de dólares para crear su propia fuerza de élite, que dirige con mano de hierro. Hoy sus tropas de mercenarios se ensañan contra los manifestantes.

Los aliados políticos de Muatassim son: Abdalah al-Sanoussi, jefe de los servicios de inteligencia, y Moussa Koussa, ministro de Relaciones Exteriores y exmiembro de los servicios secretos. Son los hombres más duros del régimen. Cuentan con el apoyo de los Comités Revolucionarios, estructuras clave para control de la población.

Durante 2010 afianzó su poder: fue asesor especial del Consejo Nacional de Seguridad, al tiempo que estrechó los lazos con su padre. Lo acompañó a todas partes y cumplió todos sus deseos. 

Unos cables diplomáticos estadunidenses filtrados por WikiLeaks lo describen tan despilfarrador como Seif al-Islam. Prueba de ello es que en 2009 pagó 1 millón de dólares para que la cantante estadunidense Mariah Carey interpretara cuatro canciones durante una fiesta de fin de año que celebró en la isla caribeña de San Bartolomé.

El año siguiente gastó 2 millones de dólares para tener a otra cantante aún más sexy, Beyoncé Knowles, en una fiesta de lujo para celebrar el Año Nuevo.

“Se cree que todos los hijos y favoritos de Gadafi reciben beneficios financieros de la Compañía Nacional del Petróleo y de subsidiarias de servicios petroleros”, recalca uno de los cables estadunidenses filtrados por WikiLeaks. 

Según la edición del 24 de febrero del diario libanés Al Mustaqbal, Muatassim habría recibido la orden de destruir las instalaciones petroleras “en caso de absoluta necesidad”.

Además se cree que está herido.

El desenfrenado

Seif al-Islam y Muatassim son, sin embargo, modelos de virtud comparados con otro de sus hermanos: el desaforado Hannibal. Larga es la lista de los escándalos provocados por este médico y militar de 33 años, tan violento como vulgar. Su llegada a cualquier país europeo desata de inmediato la migraña colectiva en los ministerios de Relaciones Exteriores y en los servicios secretos.

En 2003 decidió deshacerse de los paparazzi que lo seguían en Roma. Seis fotógrafos acabaron en el hospital. Gracias a la intervención de su padre no tuvo problema alguno con las autoridades italianas.

Un año después, cuando conducía ebrio un auto deportivo, se le ocurrió remontar los Campos Elíseos en contrasentido y a 140 kilómetros por hora. Acorralado por la policía, se vio obligado a detenerse pero ordenó a sus guardaespaldas que lo defendieran. Un policía francés resultó gravemente herido. Hannibal siguió impune.

En cambio, en 2005, la justicia gala lo condenó a cinco meses de cárcel condicional por golpear a su mujer –que estaba embarazada– y agredir violentamente a los policías y al personal médico que intentaban rescatarla.

Eso no le impidió volver al sur de Francia en 2007, donde otra vez se tropezó con la policía, que tenía pruebas de sus nexos con una red importante de prostitución de lujo. Las presiones de Gadafi volvieron a surtir efecto. Hannibal salió de Francia sin problemas.

En Suiza, sin embargo, no le fue tan bien. Estaba hospedado en un hotel de lujo con su esposa y los miembros libios de su servidumbre. El personal del hotel se dio cuenta de que la pareja maltrataba y golpeaba a sus empleados y dio aviso a la policía. Hannibal salió del hotel esposado. Estuvo detenido dos días.

En represalia, el gobierno libio prácticamente secuestró a dos empresarios suizos. Ambos países estuvieron a punto de romper relaciones diplomáticas.

El escándalo más reciente protagonizado por Hannibal ocurrió en 2009 en Londres. También explotó en un hotel lujoso. El joven Gadafi atacó a su esposa, rompiéndole la nariz. Los gritos alarmaron a los agentes de seguridad del hotel. Llamaron a la policía. Los guardaespaldas de Hannibal se opusieron a los agentes, pero tuvieron que capitular. Acabaron detenidos. El hijo del líder libio aprovechó su inmunidad diplomática para salir disparado de Gran Bretaña.

El futbolista

Saadi Gadafi es otro personaje de la tragicómica familia Gadafi. Tiene 37 años y durante gran parte de su vida sólo le interesó el futbol. En su adolescencia soñaba con ser Maradona. Empezó su carrera en Libia en los dos mejores equipos del país, los cuales, sin embargo, no le parecían a la altura de su talento. 

Gracias a su influyente padre –quien compró 7% de las acciones del Juventus– logró que tres equipos italianos lo reclutaran sucesivamente. No convenció a sus entrenadores, quienes sólo le dieron dos veces la oportunidad de disputar un partido. Su primera intervención duró 23 minutos; la segunda, 25. En 2003 su carrera acabó cuando los médicos deportivos descubrieron que se dopaba.

Su paso por Italia le permitió, sin embargo, encontrar a una actriz y modelo italiana con la que se casó. Regresó a vivir a Libia donde fue el capitán del equipo nacional de futbol antes de encabezar la Federación Nacional de Futbol. Desde 2010, la justicia italiana lo persigue debido a que quedó a deber 390 mil dólares en un hotel. 

En los últimos años, Saadi Gadafi descubrió su pasión por el cine y acaba de lanzarse a la conquista de Hollywood como productor. El año pasado anunció públicamente que invirtió 100 millones de dólares en la productora Natural Selection, de Matty Beckerman.

Dos películas fueron realizadas gracias a ese aporte financiero, pero pasaron totalmente inadvertidas. El gran proyecto de Saadi es en realidad El hombre de hielo: confesiones de un matón a sueldo, adaptación de la novela homónima del estadunidense Philip Carlo. Mickey Rourke iba a ser contratado para interpretar el papel principal.

Las declaraciones de Saadi Gadafi al diario Financial Times, en las que aplaude la firmeza de su padre para sofocar la revuelta, no parecen preocupar a Natural Selection pero causaron malestar en Hollywood. Peter Gethers, presidente de la sociedad de producción Random House Films, dejó en claro que, por razones “éticas, morales y políticas”, no colaboraría con Saadi Gadafi.

El cine parece ser una pasión familiar. En 2007, Muamar Gadafi acabó de escribir el guión de Años de tormenta, que cuenta la invasión de Italia a Libia en 1911. Todos los actores propuestos para actuar en la “obra magna” –Ben Kingsley, Anthony Hopkins y Omar Sharif– declinaron.

Su nuevo pasatiempo cinematográfico no impide que Saadi esté pendiente de sus milicias de mercenarios. Desde mediados de febrero está mucho más involucrado en enfrentar la rebelión que en la dolce vita californiana.

Mohamed Gadafi, el mayor de todos los hermanos, es otro fanático de futbol. Tiene 41 años y es el único hijo del primer matrimonio del líder libio. Dirige el Comité Nacional Olímpico y es dueño de un equipo de futbol. Agudo hombre de negocios, encabeza el organismo libio de telecomunicaciones, que administra las redes de teléfonos celulares, internet y las comunicaciones por satélite.

Al igual que Muatassim, Mohamed es un conservador de línea dura y desconfía de Seif al-Islam.

El más discreto de todos es Seif el-Araba Gadafi. Tiene 30 años, estudió en Alemania, donde fue detenido por la policía porque su auto deportivo era demasiado ruidoso. Fue el único escándalo que protagonizó. Nada se sabe de sus negocios ni de sus amores ni de las relaciones con su padre, sus hermanos o el poder.

Tampoco se tiene mayor información sobre Milad Aboustaia Gadafi, hijo adoptivo del coronel. Según la leyenda familiar, Milad habría salvado la vida de su padre en 1986 cuando aviones militares estadunidenses bombardearon la residencia del líder libio. Hannah Gadafi, niña de cuatro años adoptada por Muamar Gadafi, murió en el ataque.

En cambio, la biografía de Jamis Gadafi es conocida. Con sus 29 años es el más joven de todos los hermanos. Es militar. Siguió un entrenamiento especial en Rusia. De regreso a Libia encabezó una unidad de fuerzas especiales. Es el hombre de confianza de su padre para misiones difíciles.

Los habitantes de Bengasi aseguran que supervisó la represión que sufrió la ciudad antes de que lograra liberarse. No se ha podido comprobar tal información. En cambio, quedó establecido que Jamis, al frente de su batallón paramilitar, dirigió los combates en la ciudad de Misrata, 200 kilómetros al este de Trípoli, y perpetró masacres en Al Baida.

En los cables estadunidenses publicados por WikiLeaks se presenta a su “32 Brigada”, de 10 mil efectivos, como la mejor armada de las tres unidades especiales de protección del régimen. 

Jamis pertenece a la corriente conservadora del régimen. Según la cadena televisiva Al Arabiya, Jamis habría asesinado muy recientemente a Said Rached, uno de los hijos del líder de la tribu Al Muqarha, una de las más poderosas del país y la cual siempre apoyó al gobierno.

La abogada

Aisha Gadafi es la única hija del líder libio. Su belleza fascina a Muamar Gadafi. La Claudia Schiffer del Desierto, apodo que le dio la prensa italiana, nació en 1976, se graduó como abogada internacional y participó en la defensa legal del  presidente iraquí Saddam Hussein durante su juicio en Bagdad. Encabeza la fundación Wa Attassimou, muy activa en la lucha contra el hambre en África.

Es una mujer de fuerte temperamento que maneja con destreza todo tipo de armas y practica artes marciales. Además de su profesión de abogada es catedrática de derecho. En 2004 fue nombrada embajadora de buena voluntad de la ONU para la defensa de las mujeres en su lucha contra la violencia doméstica.

A raíz de la sangrienta represión de la insurrección libia, las Naciones Unidas pusieron fin a su misión. Corrieron rumores sobre su huida del país. Según distintas fuentes, Aisha, junto con otras 13 personas, intentó salir de Libia vía aérea, pero las autoridades de Malta no le dieron permiso de aterrizar. El avión tuvo que regresarse a Trípoli. 

El pasado 24 de febrero fue entrevistada por la televisión libia. Igual que su padre y su hermano Seif al-Islam, insistió en el amor del pueblo hacia el régimen.

 

 

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