Japón: la tragedia, salvavidas para Kan

lunes, 2 de mayo de 2011

TOKIO., 2 de mayo (apro).- Naoto Kan, Primer Ministro de Japón, era considerado un cadáver político. El estancamiento de la economía, escándalos de corrupción al interior de su gabinete, profundas fisuras en su mismo partido y –aprovechando el escenario– los incesantes ataques de la oposición, marcaban su decadencia. Los sondeos de popularidad lo mostraban en caída libre.

“Sólo un milagro lo podría salvar”, dice a Apro el experto en historia moderna del Japón, Jeff Kingston. Pero no fue un milagro, sino, paradójicamente, “la peor tragedia del país después de la Segunda Guerra Mundial”, como llamó Kan al terremoto y tsunami del 11 de marzo pasado, la que, por el momento, lo resucitó.

Resurrección

En febrero de este año crecía el rumor de que Kan, del Partido Democrático Japonés (PDJ), considerado por los medios nipones como de centro izquierda, renunciaría de un momento a otro. Los sondeos de opinión, entre ellos uno de la agencia Kyodo News, le otorgaban, a él y a su gabinete, únicamente un 20% de aprobación. 

Pero el 27 de marzo, muy a pesar del palpable descontento popular en el noreste del país por la poca transparencia en el manejo de la información sobre la crisis nuclear (Proceso 1797), de acuerdo con Kyodo News, la popularidad de Kan subió a 28.3%.

“Sigue estando bajo, pero en este país los primeros ministros no suelen ser populares y la tendencia de Kan, no obstante la enorme frustración  tras la tragedia, no será a la baja, por lo menos a mediano plazo”, indica Kington, quien es director del Programa de Estudios Asiáticos en la Universidad de Temple, campus Tokio.

Antes de darse a conocer los resultados de dichos sondeos, a pocos días de la catástrofe, Carlos Uscanga, investigador de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, especialista en Japón, ya vislumbraba el fenómeno, cuyo origen se encuentra, en gran parte, en una suerte de pragmatismo político financiero arraigado en la cultura japonesa.

“Considero que el sismo permitirá prolongar la estancia de Kan. El país debe de mostrar que hay continuidad en los proyectos; esto es clave en el proceso de recuperación”, dice Uscanga a Apro.

Por lo mismo, los críticos más acérrimos  de Kan, como Sadakazu Tanigaki, líder del opositor  partido de centro derecha, el Partido Liberal Demócrata (PLD); Ichiro Ozawa, ex presidente del PDJ y ex Secretario General del PLD, así como Takeo Nishioka, presidente de la Cámara Alta, se vieron obligados a manejar con cautela sus ataques (los cuales aumentan gradualmente) para no afectar su propio capital político.

Kingston comenta: “Sus rivales saben, como en su momento lo manifestaron los editoriales de los principales periódicos, que la ciudadanía, ya de por sí muy decepcionada de los gobernantes, no está en estos momentos para soportar sus disputas políticas. Una imprudencia de su parte les podría costar muy caro. Pero esto no significa que aquí no pase nada y que reine la armonía política. Las facturas que tenía Kan no desaparecieron con la tragedia y sus rivales, más que nadie Ozawa, se las van a intentar cobrar”.

--Y en este panorama político ¿cuál es la postura del emperador Akihito?

--Han habido críticas, muy moderadas, hacia él por la tardanza en emitir un mensaje (hasta el 16 de marzo) y visitar las zonas devastadas (30 de marzo).  Pero en Japón, ni los medios ni los políticos, se meten mucho con el emperador. Él, por su cuenta, ha enviado mensajes de unidad nacional, pero no interviene con los asuntos de los partidos o del Primer Ministro; se ha mantenido al margen.

--Los editoriales de los principales periódicos del país, al día siguiente de la tragedia, expresaron que no era tiempo de rivalidades políticas. ¿Fueron estos medios un referente de lo que tenían que hacer los políticos?

--En parte. Pero antes hay que aclarar algo. Los medios masivos en Japón, con excepción del periódico Asahi Shimbun y algunas revistas de análisis, tienden a ser conservadores y completamente complacientes. En raras ocasiones hacen críticas a los grupos de poder, y menos a las grandes compañías como Tepco. Se hacen como que no ven las cosas, por ejemplo, igual que lo hicieron muchos medios en México con las fraudulentas elecciones del 2006. No obstante, tras el terremoto y tsunami, los medios debían mandar un mensaje de unidad, no necesariamente porque ellos así lo quisieran, sino porque sabían que era el sentir del pueblo japonés en estos momentos, y en este sentido, sobre todo los periódicos, sí han sido un referente importante para definir el ambiente político actual.

Y es que el día 12 de marzo dichos editoriales fueron claros. El Asahi Shimbun señaló: "Ha llegado el momento de que los políticos se esfuercen de una vez por todas en proteger las vidas y los bienes materiales del pueblo… También es fundamental que se tomen medidas efectivas para prevenir el malestar económico y social. La cooperación entre los partidos de ambos bandos, incluyendo todo lo relacionado con el presupuesto suplementario que será necesario, será algo imprescindible para inyectar vitalidad al país y poder sobrellevar este gran desastre".

El Yomiuri apuntó: “Los partidos de gobierno y de la oposición deberían hacer una tregua política durante cierto tiempo y concentrar sus energías en la elaboración y aplicación de medidas orientadas a hacer frente a los daños causados por el sismo".  

"Por el momento, debe establecerse una tregua política y todos los esfuerzos deben orientarse a la reconstrucción de Japón", comentó el Sankei.

Un mensaje similar envió el Nikkei (el día 13 de marzo), mientras que el Mainichi (el día 14 de marzo) advirtió: "No se debe permitir que el caos que reinaba en el Parlamento antes de la catástrofe del terremoto ejerza un impacto adverso en los trabajos de rescate y restauración”.

Tanigaki, quien antes del terremoto había pedido elecciones anticipadas para substituir a Kan, entendió el mensaje. El 4 de abril (informó la agencia EFE) el político declaró: “hasta el 11 de marzo, teníamos la política de arrinconar al gobierno lo antes posible pero, después de un desastre semejante, no podemos mantenerla”.

“Este fenómeno político no es fácil de apreciar a simple vista, pero es muy propio de Japón; lo podríamos calificar como un cese al fuego”, explica a Apro Teresuke Tereda, actual Presidente del Centro para la Prensa Extranjera en Japón, y ex embajador de este país en México.

“Kan perdió popularidad porque la gente consideró que no dio muestras de ser un Primer Ministro capaz, entre otras cosas, porque no lograba mejorías en la economía. Generó además rupturas al interior del PDJ porque no le informaba sus planes a Ozawa antes de hacerlos públicos. Sin embargo, ahora la nación pasa por una crisis similar a los días inmediatos después de la derrota en la Segunda Guerra Mundial, por lo tanto, el sentir del pueblo japonés es de unidad y se piensa que, guste o no guste Kan, es mejor que se quede, aunque sea por un poco de tiempo, para que haga todo lo posible por resolver la crisis”.

–                                           ¿Qué tan poco tiempo?

– Nadie lo sabe. Podrían ser sólo unos meses en lo que se resuelve el ajuste de presupuesto que plantea Kan, es decir un aumento en los impuestos, para cubrir los gastos de la reconstrucción en las zonas dañadas por el terremoto y tsunami (los cuales se estiman en 300 mil millones de dólares). Creo que la propuesta del primer ajuste, que es de 4 billones de yenes (aproximadamente 40 mil millones de dólares) va a contar, muy a pesar de las criticas, con el apoyo de la oposición. Pero este dinero no será suficiente, así que tendrá que plantearse un segundo ajuste, yo pienso que antes del verano, y es aquí donde Kan encontrará severas dificultades, tanto al interior de su partido como con la oposición.

Terminó la tregua

Si bien hay signos de apoyo popular al ajuste presupuestal, también es claro que terminó el ‘cese al fuego’, y que un sector importante de la población está a disgusto. Un sondeo publicado el pasado 18 de abril, por el periódico Nikkei, indicó que el 38% de los encuestados aprueban el aumento de impuestos para pagar los daños de la tragedia. No obstante, el mismo día, también se publicaron tres encuestas de periódicos japoneses que revelan un rotundo desapruebo al manejo de Kan en la crisis nuclear: Asahi Shimbun, 67%; Manichi, 68% y Nikkei, 70%.

En tanto, la oposición se lanzó con todo. Tanigaki (informó el Wall Street Journal Japan el 14 de abril) sentenció: “Llegó el tiempo para que el Primer Ministro Naoto Kan considere por sí mismo su renuncia”, al tiempo que criticó el manejo de la crisis nuclear: “Seguir por más tiempos con esta estructura de gobierno resulta sumamente calamitoso para los habitantes del país”. Ozawa, quien se sumó a las críticas por el manejo de la crisis nuclear (informó Jiji Press el 16 de abril) remató: “Continuar con una situación como la de ahora es inaceptable”.

Aún con todo, sobre la pregunta de si Kan debía o no renunciar, una encuesta mostrada por la televisora NHK el 18 de abril, indicó que un 32% de los japoneses consideraba sí, y un 68% que no.

Kan, decepción

Naoto Kan, un físico cofundador del PDJ, ex Ministro de Finanzas, definido por algunos medios como de centro izquierdista, pragmático y buen orador, asumió el poder el 8 de junio de 2010, tras la renuncia, por su impopularidad, de  Yukio Hatoyama, también del PDJ, quien únicamente duró en el puesto 8 meses. Kan se convertía así en el quinto Primer Ministro, desde 2006, del país desarrollado más endeudado del mundo (218 por ciento de su PIB en el 2009, según el Fondo Monetario Internacional), con una economía anclada y con una población harta de la corrupción política, sobre todo la relativa al financiamiento de las campañas.

         “El ascenso de Kan –explica Uscanga– se ve como importante porque es un personaje que había estado ligado a los grupos de la sociedad civil. No se le consideraba como un político tradicional, sino como uno que venía desde abajo, desde las fuerzas sociales”.

 “Generó mucha esperanza, pero ésta se fue diluyendo porque no mostraba el liderazgo esperado”, agrega Kingston.

         En julio de 2010 --un mes después de asumir el poder--, Kan recibió su primer golpe: perdió la mayoría en el Senado, y ello estancó su plan de reforma fiscal. Luego, en tan sólo un mes, la popularidad de su gabinete pasó del 66 al 43% en las encuestas, según publicó El País en su edición del 11 de julio de 2010.

         Meses después llegó el segundo golpe: su ministro de Relaciones Exteriores, Seiji Maehara, se vio obligado a renunciar luego de reconocer públicamente que había recibido una contribución ilegal del extranjero equivalente a 600 dólares, según informó Kyodo News.

         Tras el terremoto de 9,0 grados y el tsunami del 11 de marzo pasado, Kan le propuso a Tanigaki , el 19 marzo, la creación de una coalición partidista para hacerle frente a la crisis, pero Tanigaki lo rechazó. Según una encuesta del periódico Yomiouri, el 64% de los encuestados aprobaban dicha coalición.

         Posteriormente, el 10 de abril, el PDJ perdió los comicios locales en los que el pueblo eligió gobernador en 12 de las 47 provincias de Japón. Uscanga y Kingston coinciden en que el resultado estas elecciones, no se basó en el manejo del desastre por parte de Kan, sino en la tendencia previa al 11 de marzo. “Ese día la gente no estaba pensando en candidatos ni en sus discursos, sino cómo podían ellos ayudar para aliviar la crisis”, señala Kingston.

Ai Kawasaki, una ejecutiva de ventas en Tokio comentó el mismo día: “La gente va a votar porque sabemos que se debe hacer, casi de forma automática, pero la prioridad de hoy es la gente que está padeciendo en las zonas afectadas, no los políticos”.

Los aciertos

Uscanga, Kingston, Tereda, y otros analistas políticos dentro de Japón, coinciden en que, de momento, Kan no dejará el poder. “No es de los políticos que renuncian a la primera, está acostumbrado a luchar y se va a esperar hasta el final”, comenta Tereda.

Uscanga y Kingston, por su parte, opinan que el Primer Ministro también ha tenido aciertos importantes que le han permitido prolongar su permanencia como primer ministro.

Kinsgton señala: “Hay que aclarar que Kan no es Bush. Bush mostró su total inoperancia en Katrina (el ciclón tropical que golpeo Florida, Bahamas, Luisiana y Misisipi en 2005) y ese fue el comenzó su declive. Kan, por el contrario, con la tragedia del 11 de marzo, mostró cualidades de liderazgo que no había sacado antes, por ejemplo, hizo un rápido y muy bien organizado despliegue de las Fuerzas de Autodefensa, lo que permitió que el número de muertos no sea tan elevado comparado con el nivel de destrozo en las zonas afectadas”. Durante el recorrido por la zona costera  del noreste nipón, este semanario constató que una gran cantidad de sobrevivientes del tsunami, particularmente en las prefecturas de Iwate y Miyagi, coinciden con Kingston.

“El gobierno no ha sabido manejar la crisis nuclear, pero estamos agradecidos porque ha utilizado de forma adecuada al ejército en las labores de rescate y reconstrucción; creo que si no fuera por esto habrían muerto mucho más personas”, reconoció.

Tomekichi Takahashi, un anciano que sobrevivió a la destrucción, casi en su totalidad, del poblado Shishiorikarakuwa, en la prefectura de Iwate, agregó: “Que buenos sería que los ejércitos del mundo, en lugar de matar, sólo se dedicaran a este tipo de labores”.

De acuerdo con Uscanga, Kan no repitió los errores cometidos por el gobierno del Primer Ministro Tomoiichi Murayama –perteneciente a una coalición presidida por el Partido Socialista– tras gran terremoto del 17 de enero 1995 en Kobe.  

“En aquel entonces el desastre se le salió de las manos a Rurayama y esto generó un fuerte reclamo de la sociedad civil.  Hubo dos errores graves: el despliegue de las Fuerzas de Autodefensa fue tardío, y se bloqueó la ayuda extranjera. Kan, en cambio, además de haber ordenado una rápida reacción de las Fuerzas de Autodefensa, ha manejado adecuadamente la ayuda del exterior; esto le da una carta abierta de permanencia, por lo menos en el mediano plazo”.

Pero advierte: “no todo está definido, las cosas podrían cambiar si se descubren más irregularidades de Tepco (Tokyo Electric Power, la compañía operadora de la nucleoeléctrica dañada en Fukushim ). Pero sigo con mi hipótesis de que la caída de Kan sería lo peor que le podría pasar a Japón en estos momentos porque mandaría señales negativas sobre los esfuerzos de recuperación”.

Las fallas

Son las 19:40 horas y la reunión se había programado a las 19:30; hay 10 minutos de retraso y eso es casi impensable para los japoneses. Es viernes 15 de abril. Sentados frente a la prensa extranjera están Hidehiko Nishiyama, subdirector de la Agencia de Seguridad Nuclear y Noriyuki Shikata, portavoz de la oficina del Primer Ministro, entre otros altos funcionarios.

Inicia la conferencia de prensa. No pasan ni tres minutos cuando se disculpan y piden esperar un poco. Un asistente se acerca a Nishiyama haciendo caravanas a manera de disculpa. Les entrega un bonche de papeles y se los pasan entre los de la mesa; posteriormente los distribuyen entre los periodistas. Es el último reporte de la planta Fukushima I.

Nishiyama pide a los periodistas que vean la página dos; “no, disculpen, es la…”, una pausa y vuelve a disculparse y a pedir “un momento por favor”.

Hace frío en la sala, pero Nishiyama suda y Shikata se talla con frecuencia los ojos, los cuales reflejan agotamiento. Se pasan los papeles, se les revuelven, hay un notable desorden que no va con los cánones de estricta organización en este país.

         Los periodistas chinos son los más aguerridos. En cantinas y restaurantes de Tokio se comenta que China está aprovechando la crisis para golpear comercialmente a Japón, un histórico rival.

“Queremos que sean claros: ¿cuándo y cómo se resolverá la crisis nuclear? Como saben, en China estamos muy preocupados por la posible contaminación de nuestros ciudadanos, necesitamos respuestas ya”, arremete un reportero. Nishiyama, visiblemente estresado pero en tono amable, confiesa lo que es un secreto a voces: no hay grandes avances; las cosas empeoran.

         “El asunto de Fukushima está plagado de irregularidades. El principal problema, lo que ha generado desconfianza, es que Tepco no le ha entregado los reportes de forma oportuna al gobierno. Pero además, y esto no sólo le corresponde a Kan sino que involucra también a las administraciones pasadas, esta crisis ha puesto al descubierto la negligencia gubernamental –y posiblemente corrupción– en su tarea de monitorear las medidas de seguridad en las mismas”, señala Kingston.

         Al respecto, el periódico español El País (17 abril de 2011) escribió: “en Fukushima todos son culpables: la mala selección del emplazamiento, la optimista valoración de riesgo sísmico y de tsunami, el diseño, la operación, la gestión de la emergencia y hasta la información”.

|Kingston dice: “el futuro de Kan depende del curso de Fukushima, pero a como van las cosas, no es un futuro muy prometedor”.

Terada considera: “Seguramente en las próximas semanas, e incluso meses, veremos que Kan hará todo lo posible por generar alianzas tanto dentro como fuera de su partido. Para que sus propuestas de presupuesto pasen, y él pueda continuar con vida política, necesitará la aprobación de la Cámara Baja (dominada el PDJ) y el Senado (con mayoría del PLD)”.

         Terada cree que, para efectos de lograr las mencionadas alianzas, Kan necesita acercarse a Ozawa y compartir las decisiones con él.

Ozawa, a quien se apodan el “Shogún en la sombra” o el “Gran Destructor”, es considerado uno de los políticos más influyentes de Japón. Tiene fama de ser hábil para lograr acuerdos con diversas facciones.

Sin embargo, explica Kingston, también tiene una “deplorable reputación”. Dejó el PLD en 1993 por su presunta participación en el financiamiento de campañas políticas con fondos no declarados.

En enero de 2011, ya como miembro del PDJ, Ozawa se vio involucrado en un escándalo por ocultar dinero recibido presuntamente de forma ilegal por la organización Rikuzankai. En febrero Kan le solicitó a Oazawa su renuncia voluntaria del PLD, a lo que Ozawa se negó.

Kingston concluye: “Yo no veo cómo Kan y Ozawa podrían llegar a acuerdos. Es verdad que el PDJ está dividido, pero la mayoría en el partido están con Kan, además, el partido sabe que la imagen de Ozawa –lo que no ocurre con Kan– está ligada a la corrupción”.

Y redondea: “Lo que Kan necesita es convencer a los seguidores de Ozawa, a la posición y al pueblo en general, para que lo apoyen”.

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