India: Cuando las relaciones homosexuales son delito

viernes, 13 de diciembre de 2013
NUEVA DELHI (apro).- “Estamos de vuelta en 1860”, rezaba una pancarta. “Arréstame”, proclamaba otra. Entre canciones y eslóganes que exigían libertad para las relaciones entre homosexuales, cientos de personas se manifestaron en el centro de Nueva Delhi el pasado miércoles 11, horas después de conocerse la decisión del Tribunal Supremo de la India de volver ilegales las relaciones entre personas del mismo sexo. Las lágrimas de ese día contrastaban con los bailes de alegría frente al Tribunal Superior de Delhi, hace cuatro años, cuando la corte declaró inconstitucional una ley de 153 años de antigüedad que penaba las relaciones sexuales “contra natura”. En 2009, el amor y el sexo entre personas del mismo sexo finalmente se volvieron legales en la India… pero duró poco tiempo. Ahora, de nueva cuenta,  mantener relaciones homosexuales es un delito en la mayor democracia del mundo. En Jantar Mantar, el “manifestómetro” de la capital india, medio millar de personas salieron a las calles después de conocerse el veredicto. Muchos de los manifestantes vestían de negro, en señal de luto por sus derechos perdidos. “Me han convertido en un ciudadano de segunda. Pago impuestos y voto, pero la ley me prohíbe acostarme con mi novio en mi casa”, dijo a Apro Rahul, de 28 años. “Esto no es democrático ni constitucional. Me avergüenzo de mi país”, remató el joven gay. Las protestas se repitieron en varias urbes del país, como Calcuta y Bombay. El Tribunal Supremo indio anuló la sentencia de 2009 al considerarla “constitucionalmente insostenible”, y determinó que solo el Parlamento puede cambiar la ley que pena “las relaciones carnales contra el orden de la naturaleza con hombres, mujeres o animales”. Un día después el gobierno afirmó que estudia "todas las opciones posibles", incluido un decreto presidencial, que permitan revocar la decisión del Tribunal Supremo.   Involución La decisión del  máximo organismo judicial del país sorprendió después de que en los últimos años ha tomado decisiones progresistas en cuestiones como el trabajo infantil, la mujer o los derechos de los prisioneros. Y las críticas y reclamos no se hicieron esperar. “No era un criminal ayer y ciertamente no lo soy hoy”, declaró el reputado escritor Vikram Seth. “No voy a pedir permiso para amar”, desafió el novelista gay. El prestigioso historiador Ramachandra Guha afirmó en Twitter que la decisión “es un paso atrás hacia el barbarismo y el medievo”. Para el analista Brahma Chellaney, la cuestión va más allá: “Las leyes coloniales diseñadas para gobernar súbditos coloniales todavía permanecen y no causan vergüenza a los indios”, afirmó en su cuenta de Twitter. Las críticas también han llegado desde fuera. Naciones Unidas consideró la decisión como un “significante paso atrás para la India”, y recordó que viola la Convención Internacional de Derechos Políticos y Civiles, de la que el país asiático es firmante. La decepción de la comunidad homosexual contrastaba con la celebración de los que se oponen a las relaciones entre personas del mismo sexo. “Si nuestros padres hubiesen sido homosexuales, entonces nosotros no habríamos nacido. Por lo tanto, es contra natura", razonó el gurú hindú Baba Ramdev. El religioso se ofreció a “curar” con yoga a los homosexuales en su ashram. Y muchos recordaron a un poco gallardo Ramdev vestido de mujer para escapar de la Policía, hace dos años. El santón pertenece a varios grupos cristianos, musulmanes e hindúes que exigieron la ilegalización ante el máximo organismo judicial. Sus motivos fueron de lo más variado. Sushil Kaushal, el principal demandante, afirmó ante el Supremo Tribunal que “si semejante anormalidad se permite, mañana la gente pedirá permiso para tener sexo con animales”. Un astrólogo de televisión dijo que la homosexualidad “compromete la defensa nacional, ya que los soldados tendrán sexo entre ellos”, y un exparlamentario argumentó que “va contra la cultura india”. Irónicamente, fueron los británicos durante la colonización quienes establecieron el victoriano artículo 377 del Código Penal que penaliza la homosexualidad. El polémico artículo establece penas de cárcel de hasta 10 años, pero rara vez se imponían esos castigos. La ley era utilizada por policías que extorsionaban a los gay y lesbianas. La comunidad homosexual percibe la ilegalización como un atentado contra su dignidad, un robo de un derecho por el que han luchado durante décadas, y exigen que se les trate dignamente. La Fundación Naz, que en 2001 inició el proceso judicial contra la penalización de la homosexualidad, anunció que estudiarán la sentencia. "Es muy regresivo. No tiene sentido", dijo a la prensa local Anjali Gopalan, directora de Naz. La denuncia de la organización no gubernamental se basó en los derechos de los homosexuales, pero también en la salud pública y la propagación del VIH-SIDA. Con la penalización de las relaciones gay no es posible realizar campañas de sensibilización contra las enfermedades sexuales entre la comunidad, dijo. Gopalan recordó cómo la Policía acusó varias veces a su organización de fomentar una actividad ilegal cuando repartían condones o panfletos informativos entre los homosexuales. En ocasiones, detalló, tuvieron que sacar de la comisaría a sus trabajadores sociales. Ahora la pelota está en el tejado del gobierno. La presidenta del gobernante Partido del Congreso, Sonia Gandhi, mostró su “decepción” al día siguiente de conocerse la decisión de mantener “una ley arcaica, represiva e injusta que viola los derechos humanos básicos”. El ministro indio de Justicia, Kapil Sibal, afirmó que "el gobierno dispone de varias alternativas, por lo que estamos considerando todas las opciones posibles, pero el tiempo es clave". Pero es un tiempo que quizás la formación de la dinastía Gandhi no tenga. En seis meses se celebran elecciones generales y el Partido del Congreso es muy impopular en estos momentos. El conservador e hinduista Bharatiya Janata Party es el favorito para los comicios nacionales, y un cambio legislativo en su mandato parece muy remoto. Así, los derechos de los homosexuales podrían quedarse en el limbo en los próximos años.   Discriminación El país asiático es profundamente conservador y religioso, pero en los últimos años la cultura gay ha ganado un pequeño espacio en las principales zonas urbanas. En 1996 ardieron varios cines donde se proyectaba la película Fuego, de la  directora Deepa Mehta, que retrataba una relación lésbica, y 14 años más tarde, en 2010, el primer beso entre dos hombres en una pantalla cinematográfica en la cinta Dunno Y... Na Jaane Kyun (No sé por qué) generó una fuerte polémica, aunque no hubo violencia. El gobierno obligó a los productores a cortar 40% de las escenas sexuales. El beso entre los actores Kapil Sharma y Yuvraj Parashar fue tan pionero como peligroso en un país donde los besos heterosexuales en la pantalla eran sustituidos por olas rompiendo en la playa o cascadas de agua. La India posee una rica tradición de eunucos y travestis en su historia. Hoy en las cartillas electorales se puede seleccionar “hombre”, “mujer” u “otros”, como un reconocimiento a este colectivo conocido como el “tercer sexo”. Además, los textos sagrados hindúes se muestran más benevolentes en los castigos contra el sexo homosexual que contra la vulneración de las costumbres en las relaciones heterosexuales, como la violación o el adulterio. El famoso Kamasutra, por su parte, “no hace juicios de valor cuando describe hombres manteniendo sexo oral con otros hombres”, explica la académica Wendy Doniger. A pesar de la tradición de eunucos, la benevolencia en textos religiosos y la ligera apertura en las grandes ciudades, el colectivo homosexual sufre una gran discriminación, y la mayoría de la población india desaprueba las relaciones entre personas del mismo sexo. Además, casarse y tener hijos es una obligación en un país con un fuerte sentido de la familia y la tradición. “Cásate”, le dijo la tía a su sobrino, un conocido artista. “Me gustan los hombres”, respondió el joven. “Lo que hagas en la intimidad me da igual. Tú cásate y ten hijos”, remarcó aquella. Esta conversación real la cuenta el psicoanalista Sudhir Kakar en su libro Los indios. Retrato de un pueblo. Para el académico, es una muestra de las dificultades y las presiones a las que se enfrentan los gay en su país, y cómo se ven forzados a llevar dobles vidas. Pero en esta ocasión la comunidad homosexual afirma que no va a retroceder tras años de lucha por sus derechos, y han anunciado movilizaciones para que cambien las leyes. Mientras la justicia los convierte en criminales y la política se toma su tiempo, los gay se muestran desafiantes “Nadie va a volver al armario”, asegura el activista por los derechos de los homosexuales, Ashok Row Kavi.

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