Francia: El encargado de la política fiscal, un evasor

viernes, 12 de abril de 2013
PARÍS (apro).- “El Maestro Limpio” de las finanzas públicas en Francia resultó un evasor fiscal. Jérôme Cahuzac, el ministro del Presupuesto llevaba meses pidiendo a los franceses hacer “vigorosos esfuerzos” para afrontar la crisis económica. Había planeado una “gran lucha contra el fraude fiscal” para recuperar mil millones de euros, e incluso se batió a duelo con grandes transnacionales, como Google y Amazon, para que pagaran más impuestos en Francia. Pero había olvidado barrer en su propia casa antes de enfrentarse al resto del mundo: él que había convertido la lucha contra el fraude fiscal en uno de los grandes caballos de batalla de la presidencia socialista de François Hollande, tenía escondida, desde hace más de 20 años, una cuenta bancaria en Suiza. Según Maquiavelo, para quien “gobernar, es hacer creer”, no hay espacio para la verdad en la vida política. Por consiguiente, el valiente caballero de la lucha contra el fraude fiscal no era nada más que un pinocho moderno. Todo empezó hace cuatro meses, en diciembre de 2012, cuando el periódico de investigación en línea, Mediapart, reveló que “Jérôme Cahuzac, ministro del Presupuesto, había mantenido una cuenta bancaria no declarada desde 2010 en el banco suizo UBS (Union des Banques Suisses)”. Según el periódico, el ministro habría cerrado su cuenta suiza, donde estaban depositados 600 mil euros en 2010, para trasladar el dinero a una nueva cuenta bancaria en Singapur. Criticado por no haber proporcionado pruebas de sus acusaciones, el periódico digital publicó al día siguiente una grabación sonora en la cual, una voz masculina, atribuida a Jérôme Cahuzac, alude a una cuenta bancaria en el país alpino. Mentir «mirando en los ojos» Acorralado por la gravedad de las acusaciones, el ministro y diputado Cahuzac abrió fuego contra el periódico digital: presentó una demanda por difamación y, ante las cámaras de televisión, la radio, las redes sociales, desmintió categóricamente la existencia de una cuenta en el extranjero. Repitió sus denegaciones solemnes incluso en la Asamblea Nacional: “Nunca he mantenido una cuenta en el extranjero, ni ahora ni antes», soltaba Cahuzac, con el rostro grave, de pie frente a las centenas de diputados presentes, después de haber jurado lo mismo en el Elíseo, el palacio presidencial francés, “mirando a los ojos” al presidente. Aquel día de diciembre, el presidente Hollande quería conocer la verdad: “Si me dices que no sabes nada de esa cuenta, te defiendo”, le dijo, según relató el periódico francés Le Monde. “No tengo cuenta en Suiza”, le respondió Cahuzac. “Entonces te defenderé”, sostuvo el mandatario. Poco a poco se estrechaba el cerco sobre el ministro del Presupuesto: una investigación abierta por la Fiscalía de Paris “refuerza la hipótesis de que Jérôme Cahuzac es el locutor desconocido” de la grabación sonora revelada por Mediapart. El mes pasado, la justicia abrió una “información judicial” para investigar en Suiza y en Singapur, lo que obliga a Hollande a “poner fin a la función ministerial de Cahuzac”. Después de haber clamado su inocencia durante cuatro meses, el ahora exministro del Presupuesto reconoció tener “una cuenta no declarada en el extranjero desde 1992” en una nota publicada en su blog. Cahuzac pidió “perdón” al presidente de la Republica, a sus colegas miembros del gobierno y del Parlamento, y a los ciudadanos franceses. También dijo que “piensa” en sus amigos y familia a quienes decepcionó “tanto”. El tono arrepentido de la nota se convierte en la descripción de una tragedia personal: “He librado una lucha interna atormentadora para intentar resolver el conflicto entre el deber de verdad, al cual fallé, y la preocupación de cumplir con las misiones confiadas. Quedé atrapado en una espiral de mentiras, me perdí a mi mismo. Estoy devastado por los remordimientos.” “La bomba Cahuzac” “Después de la mentira a la francesa, la confesión a la americana”, analizó con ironía el periódico de izquierda Libération, recordando que es la primera vez en el país galo que un político confiesa un acto de corrupción... y su mentira. En realidad, el delito de perjurio no existe en Francia, y más que una contrición sincera, las confesiones de Cahuzac respondían a un cambio estratégico bien calculado, frente a los avances de la justicia: el mismo día inculparon al exministro del Presupuesto de “lavado de dinero” y de “fraude fiscal”. Los primeros elementos, gracias a la colaboración de las autoridades suizas y del banco UBS, hacen referencia a una cuenta abierta en 1992 y luego transferida en Singapur en 2010, después de las presiones internacionales en contra del país alpino para levantar el secreto bancario y colaborar en el marco de la lucha internacional contra el fraude fiscal. Cahuzac mintió, no una vez, sino docenas de veces durante cuatro meses; y a todo el mundo. ¿Error confesado, mitad perdonado? Nada más falso viendo la tormenta que se abatió sobre la política francesa después de la confesión del exministro. Los editoriales no perdieron tiempo para analizar “la bomba Cahuzac” y sus efectos “devastadores” en el escenario político francés... y en primer lugar en la presidencia de François Hollande. El jefe de Estado, “traicionado y humillado”, según la prensa francesa, habla de “una falta imperdonable, un ultraje a la República”: “Jérôme Cahuzac engañó a las más altas autoridades del país, y a través de ellas, a todos los ciudadanos franceses”, denunció Hollande en una intervención televisada. El “affaire Cahuzac” se convirtió inmediatamente en el “asunto Hollande”. El jefe de Estado “no podía no saber”, acusó la oposición de derecha y parte de la extrema izquierda. “Falso”, respondían unánimemente los funcionarios del gobierno, propulsados como un sólo hombre en el frente mediático, argumentando que el exministro “no se benefició de ninguna protección, salvo la de la presunción de inocencia”. El gobierno ha intentado absolutamente evitar las acusaciones alrededor de una mentira de Estado, y ha preferido correr el riesgo de ser tachado de ingenuo. “La decadencia de un país” Esas incriminaciones no tardaron mucho en cruzar las fronteras: en Alemania, donde el entorno de la canciller Angela Merckel pone regularmente en duda la hostilidad del presidente francés para combatir la crisis económica, la prensa se interroga sobre el acercamiento fallido Hollande, quien “es ahora percibido como un presidente a quien le podemos mentir durante meses y meses”, ironizó el periódico económico alemán Handelsblatt, mientras que el Suddeutsche Zeitung, se preguntó “¿hasta qué punto Francia está podrida?”: “La mayoría de los franceses ya no creen que el presidente socialista, que llegó al poder hace menos de un año, sea capaz de frenar la decadencia del país”, explicó el diario. De hecho, el resto de la prensa europea no ahorra críticas acerbas hacia la política gala: para el periódico británico Times, “incluso en ese país que tiene una larga historia de corrupción a alto nivel, el impacto político (del asunto Cahuzac) es devastador”. Sobre todo porque el escándalo Cahuzac se parece cada vez más a una caja de Pandora: el periódico digital Mediapart, origen de las revelaciones, sostiene que el ministro de Economía intentó proteger a su homólogo orquestando una investigación paralela a la de la justicia. Más grave, unos días después, la televisión nacional suiza afirmó que el exministro francés tenía por lo menos 15 millones de euros en su cuenta… una suma más realista, para los expertos del fraude fiscal, que el monto oficial de 600 mil euros. Aún más inquietantes son la procedencia y el destino de ese dinero: Cahuzac, antes de ser ministro del Presupuesto, y en paralelo a su carrera política, trabajaba como cirujano estético especializado en el implante de cabellos. En calidad de médico creó en 1993 una asesoría dedicada a la industria farmacéutica. Él mismo confesó que parte del dinero en el extranjero “procedía de sus actividades de cirujano y de asesor”, pero numerosos índices permiten dudar de que, más que un simple fraude fiscal, se trataría de una corrupción más amplia implicando a laboratorios farmacéuticos… para financiar un partido político o gobiernos locales. En ese contexto, la “República irreprochable” deseada por Hollande parece un viejo eslogan de campaña olvidado. El jefe del Estado quería encarnar la “izquierda moral” en oposición a una derecha supuestamente más codiciosa. El “presidente normal” quería romper con los escándalos generados por sus predecesores de derecha, Jacques Chirac y sus falsos electores; o como Nicolás Sarkozy, recientemente inculpado por “abuso de debilidad” de la multimillonaria Liliane Bettencourt (para financiar su campaña electoral de 2007), pero el resultado es catastrófico: ¿Cómo aceptar, en un contexto de gran dificultad económica, la irresponsabilidad de un ministro mentiroso y corrupto? ¿Cómo pedir al pueblo que trague sin mover el desempleo creciente, y las políticas de rigor cada vez más restrictivas, cuando un político moralizador escondía millones de euros en el extranjero? Sin esperar más, Hollande propuso inmediatamente tres reformas para “reforzar la voluntad de tener una República ejemplar”: Una reforma sobre la independencia de la justicia, un proyecto de ley sobre los conflictos de intereses, y la interdicción ad vitam eternam para los políticos “condenados por fraude o corrupción” de ejercer un mandato. “Necesitamos una reforma profunda, no un par de parches”, ironizó François Bayrou, dirigente del Movimiento Demócrata, el partido centrista, quien lanzó una petición titulada “Moralicemos la política”. Por su lado, la oposición de derecha exige “una ruptura total en la manera de gobernar, para acabar con el sectarismo”, mientras que el izquierdista Jean-Luc Mélenchon pidió una “gran limpieza (...) para purificar esa atmósfera absolutamente insoportable”. No obstante, en la sede del Frente Nacional, el partido de extrema derecha, bajo el liderazgo de Marine Lepen, en pleno ascenso y siempre dispuesta a aprovechar los escándalos para desacreditar a los partidos tradicionales, impone el silencio desde que el periódico Le Monde reveló que un miembro de su partido era un gran amigo del socialista Cahuzac y que había sido encargado de abrir la famosa cuenta en 1992 en Suiza. Se trata de un duro golpe para la retórica populista “anti-sistema” utilizada por la carismática dirigente del Frente Nacional. Sin embargo, no será suficiente para frenar la popularidad creciente del partido nacionalista: según un sondeo reciente, 70% de los franceses piensan que el escándalo Cahuzac le beneficiará. Frente a esa “cadena de la mentira inverosímil que empieza con el Partido Socialista y termina con el Frente Nacional”, el dirigente del Frente de Izquierda quiere organizar “una gran manifestación el 5 de mayo”, aniversario de la elección de François Hollande, y fecha simbólica de la Revolución francesa de 1789, con el objetivo de “promover la VI Republica y un cambio de régimen.”

Comentarios