Rusia: castigo económico

viernes, 12 de diciembre de 2014
MÉXICO, D.F. (apro).- El famoso militar prusiano Carl von Clausewitz dijo en el siglo XIX que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Pero al ver la presión económica impuesta por Estados Unidos y la Unión Europea a Rusia a raíz de la crisis en Ucrania, se podría decir que la economía es la continuación – o el prólogo – de la guerra por otros medios. Rusia, el segundo exportador mundial de petróleo, ha tenido que hacer frente a una caída en el precio del crudo de más del 40% en los últimos meses (de 115 dólares el barril en junio, a 67 dólares el 1 de diciembre), a sanciones impuestas contra sus bancos y sus principales empresas que paralizan los créditos y las inversiones extranjeras, provocando una fuga de capitales de 85 mil 200 millones de dólares en lo que va del año (el doble que en 2013), acelerando la caída del rublo que ha perdido el 60% de su valor en un año (de 32 rublos por dólar a 52), un salto en los precios de los alimentos para toda la población y una pérdida equivalente al 4% del Producto Interno Bruto (PIB), según el Ministerio de Finanzas. Los turistas rusos, conocidos por sus desenfrenados gastos, ahora faltarán a la cita de Año Nuevo. Según publicó el diario Kommersant en su edición del pasado 18 de noviembre, la venta de paquetes turísticos para esa fecha cayó un 40%. Las agencias de viajes, que esperaban una cantidad de 18 millones de pasajeros al exterior este año, redujeron sus cálculos a 10 millones. La decisión el 28 de noviembre de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) de no recortar la producción para sostener el precio, provocó una nueva caída del valor del crudo, enviando ondas de preocupación a toda la economía mundial. Este es el resultado de una combinación de factores: la caída de la demanda, por el estancamiento económico de Europa y la disminución de la velocidad de crecimiento de China, a lo que se suma el uso de nuevas tecnologías que reducen el consumo de energía. Por el lado de la oferta, el salto en la producción petrolera de Estados Unidos, que aumentó 11% este año gracias a la revolución del petróleo no convencional, y que produce 65% más crudo que hace cinco años, le ha permitido dejar de importar 3.1 millones de barriles por día en comparación con 2005, tanto como la producción diaria de Venezuela, gracias a lo cual está exportando por primera vez parte de sus reservas petroleras para así bajar el precio mundial. La decisión de Arabia Saudita y la OPEP de no recortar la oferta, como hicieron siempre que cayeron los precios, para defender su parte del mercado y vender más al Asia y a China, es enormemente perjudicial para Rusia, Irán y Venezuela, porque implica una transferencia de riqueza de los países productores hacia los importadores, no sólo por el libre juego de la oferta y la demanda, sino como herramienta contra países políticamente incorrectos. La guerra del crudo A 25 años de la caída del Muro de Berlín, que llevó a la desaparición de la Unión Soviética en 1991, la actual caída de los precios del petróleo recuerda la táctica adoptada por Estados Unidos y Arabia Saudita en 1985 para acelerar la crisis de la URSS. “¿Es mi imaginación, o hay una guerra global petrolera que empuja Estados Unidos y Arabia Saudita, de un lado, y Rusia e Irán del otro?”, se preguntó el columnista Thomas L. Friedman en The New York Times el 14 de octubre. Para Friedman, están tratando de hacer al presidente Vladimir Putin de Rusia “exactamente lo que Estados Unidos y Arabia Saudita hicieron a los líderes de la Unión Soviética: extraer petróleo hasta matarlos, llevarlos a la bancarrota bajando el precio del crudo a niveles por debajo de los que Moscú y Teherán necesitan para financiar sus presupuestos”. En el mismo sentido, el periódico ruso Pravda escribió el 3 de abril: “Obama quiere que Arabia Saudita destruya la economía rusa”, y cita el precedente de 1985, cuando los jeques árabes decidieron aumentar su producción de 2 a 10 millones de barriles diarios, como resultado de lo cual el precio cayó de 32 dólares el barril a sólo 10 dólares. La URSS perdió aproximadamente 20 mil millones de dólares por año, sin los cuales no podía sobrevivir. Tras el colapso de la URSS en 1991, Rusia vivió años dramáticos, sometida a la “terapia de choque” de los economistas de Chicago. En 1998 la crisis de los tigres asiáticos provocó una dura devaluación y el país entró en cesación de pagos. A partir de ahí, Rusia se recuperó gracias al boom de los precios del petróleo, creciendo a un promedio del 7% entre 1998 y 2008, lo cual permitió aumentar los ingresos reales de la población --especialmente los del sector público--, reducir el desempleo, atraer inversiones extranjeras y sostener una cotización estable del rublo. El resultado fue un notable aumento del consumo que conllevó al crecimiento de las importaciones de alimentos y bienes. Esto duró hasta la crisis mundial de 2008 que afectó duramente al país. Entre 2010 y 2012 la economía creció en promedio 4%. En 2013 fue de 1.3% y los analistas creen que en 2014 y 2015 habrá un crecimiento de menos del 2%. Esta prosperidad era fruto de la dependencia de los hidrocarburos, que representan el 66% de las exportaciones, y la mitad de los ingresos del presupuesto. Para mantenerse en equilibrio, Rusia necesita un precio de 95 dólares el barril. Pero a diferencia de Arabia Saudita y los países del Golfo, donde el precio de equilibrio es mucho menor porque la extracción es más barata, y donde las enormes reservas les permiten compensar los bajos precios aumentando sus ventas, en Rusia el crecimiento de la producción petrolera es muy bajo y depende cada vez más de las inversiones extranjeras que les permitan explorar con sus técnicas avanzadas el Ártico y las reservas no convencionales en las duras condiciones siberianas. En lo inmediato, la devaluación del rublo compensa en parte la caída en los precios, ya que el presupuesto para 2015 calculaba un precio de 100 dólares el barril con una paridad cambiaria de un dólar por 37 rublos. Con el dólar a más de 50 rublos, el precio del barril es de casi 3 mil 500 rublos, lo cual no representa una baja tan fuerte. Sin embargo, lo que es buena noticia para unos, no lo es para la población en su conjunto. Sanciones y devaluación “Los dos mayores enemigos externos de Rusia son los precios en picada del petróleo y las sanciones”, dice a Apro Mijail Neyzhmakov, del Instituto de Globalización y Movimientos Sociales de Moscú. La devaluación afecta a las grandes empresas y bancos que están endeudados en dólares con los bancos europeos y de Estados Unidos. Si bien la deuda externa estatal es sólo un tercio del PIB, las empresas privadas deben 614 mil millones de dólares al exterior y deberán pagar cerca de 150 mil millones hasta 2015, razón por la cual las empresas están acelerando la compra de divisas, alimentando la devaluación. Rosneft, el gigante estatal petrolero, debe 30 mil millones de dólares y ha pedido ayuda al Estado, pues con sus 160 mil empleados, es demasiado grande para quebrar. Donde la devaluación más afecta es en el bolsillo de la población, porque el país importa la mitad de sus alimentos. Con el boom de los últimos años, estas importaciones se multiplicaron por ocho entre 2000 y 2013. Si a la devaluación se suma la prohibición impuesta por el Kremlin de comprar alimentos y carnes a la Unión Europea y Estados Unidos en respuesta a las sanciones, el resultado es un aumento del precio de estos bienes, lo cual se come gran parte de los salarios y jubilaciones. En entrevista con Apro, Galina Diadicho, una jubilada de Moscú, repasa el aumento que han sufrido algunos productos: el pavo, muy popular en la cocina rusa, pasó de 280 rublos a 400; el queso más barato, de 300 a 500 rublos el kilo; la leche, de 28 a 60/70 rublos el litro; los plátanos, de 30 a 60 rublos el kilo; las manzanas, de 30 a 80/90; la mortadela, de 300 a 600 o 700; y una decena de huevos, de 30 a 90. Asker Kadiev, empresario dedicado a la importación de carne, dijo a Apro en Buenos Aires, que las importaciones se han frenado por la devaluación. “Estos meses son de compra intensiva de carne para el invierno, pero las compras se redujeron al mínimo. Mi socio tiene un negocio de limpieza de ropa, y todos los químicos que usa son italianos. Por la devaluación, tuvo que aumentar los precios un 35%, y lo mismo sucede con muchos productos”, dijo. El pasado 10 de noviembre el gobierno anunció que dejaba de sostener el rublo apelando a las inmensas reservas que el Banco Central acumuló en la última década, pues en los últimos diez meses, estas cayeron 67 mil millones de dólares y pasaron de 511 mil a 444 mil, según publicó la revista Diengui el 29 de octubre. La tasa de interés subió al 9.5%, pero ni siquiera este aumento logró frenar la estampida del dólar, obligando a varios bancos a limitar los montos de venta de dólares a sus clientes. La ventaja de la devaluación es que hace más competitivas las exportaciones y pone en marcha un proceso de sustitución de importaciones. Sin embargo, Vasili Anikin, profesor de la Alta Escuela de Economía de Moscú, dijo a Apro desde Londres, que “esto presupone la infraestructura, las fábricas, las granjas, las empresas, listas a suplir el déficit que se creó en el mercado, pero gran parte de la capacidad instalada de la época soviética ya se perdió. En la crisis de 1998, el país se recuperó muy rápido porque se podía utilizar la infraestructura soviética, que no estaba completamente destruida, pero hoy esas posibilidades ya no existen y hay que hacer todo desde cero”. “Se esperaba que las sanciones y las prohibiciones rusas fueran un factor que estimulara la producción y el mercado interno”, dice a Apro el politólogo Boris Kagarlitsky desde Moscú. También esperaban que el gobierno adoptara una política “más keynesiana y orientada socialmente”, agrega. “Pero las importaciones fueron en lo esencial reemplazadas por otras importaciones y desde mediados de septiembre se abrieron enormes canales para contrabando de productos occidentales”. “Se reducen los puestos de trabajo por la caída de la demanda interna y el envejecimiento de la maquinaria. No hay inversiones en la modernización de la industria, sólo se explota lo que quedó de la época soviética hasta su agotamiento, no sólo de los equipos, sino que la edad promedio de los trabajadores es cada vez mayor”, a lo que se suma el cierre de empresas de turismo, sector inmobiliario, bancario y los recortes de personal del propio Estado, concluye el analista. Morder donde duele Las sanciones económicas han frenado de un golpe el proceso de integración de Rusia al mercado mundial iniciado en 1991, impidiendo a sus empresas el acceso a los mercados financieros de crédito y limitando las importaciones de técnica y equipamiento para renovar su industria. La producción petrolera puede empezar a caer por primera vez desde su recuperación en 1998. Según la consultora petrolera IHS CERA citada por el periódico inglés Financial Times del pasado 29 de octubre, si se mantienen las sanciones, Rusia podrá caer de 10.5 barriles diarios a 7.6 en 2025. Las sanciones impedirán la participación de empresas occidentales en la explotación del mar de Kara en el Ártico, una de las mayores reservas petroleras del mundo, y en reservorios no convencionales. “El petróleo off shore del Ártico está cerrado en el futuro cercano”, según un especialista citado por el diario. La cuenca Bazhenov es una de las mayores reservas de petróleo no convencional del planeta, pero los proyectos de las multinacionales Exxon y Shell de explorar esta cuenca han sido congelados, y el plan de producir 440 mil millones de barriles diarios de petróleo no convencional en el 2020, no parece posible. Las compañías occidentales tienen la mitad de la tecnología para la explotación de petróleo no convencional y más del 80% de la tecnología para explorar en el mar. Pero técnicas como el fracking son usadas también en las exploraciones convencionales. “Para mantener el nivel de producción actual, necesitamos perforar, no 20 como ahora, sino 30 metros, lo cual requiere un aumento del 60% de los equipos de perforación, pero esto es altamente improbable con la retirada de los contratistas occidentales”, señaló al diario inglés Leonid Fedun de la empresa Lukoil, la mayor petrolera privada. Dmitry Lebedev, un experto ruso en energía, concluye que “es como volver del Mercedes Benz al Lada”. El presidente Putin advirtió en la Cumbre del G20 en Australia el 15 de noviembre que Occidente busca someter a Rusia: “Quieren resolver sus problemas a cuenta nuestra, quieren imponernos su voluntad”. Pero, agregó, “nadie, nunca, en la historia de Rusia, logró ni logrará hacerlo”. Es que las sanciones occidentales han generado reacciones opuestas a las que buscaban. El viernes 31 de octubre, la Corte de Arbitraje de Moscú decidió anular la privatización de Bashneft, la empresa petrolera de Bashkortostán, una república autónoma ubicada en la región de los Urales, y retornar las acciones al Estado, al tiempo que su propietario mayoritario, Vladimir Yevtushenkov, uno de los hombres más ricos de Rusia, continuaba en arresto domiciliario, acusado de comprar ilegalmente la empresa. Serguei Glaziev, asesor del presidente Putin, encargado de los planes de integración regional, propuso una serie de pasos para aumentar la independencia de Rusia frente a Occidente: prohibir las inversiones extranjeras en ramas estratégicas, imponer impuestos a todas las empresas radicadas en paraísos fiscales, cerrar los canales de huida de capitales, cambiar las reservas en dólares por oro o divisas de países amigos, exportar hidrocarburos, metales y minerales en rublos, no tomar más créditos en el exterior, realizar un plan de créditos para las empresas, reemplazar las deudas en dólares o euros de las empresas y bancos estatales por bonos en rublos, impulsar con otros países un sistema de transferencias bancarias alternativo al SWIFT, así como otro sistema internacional de pagos y de agencias calificadoras de crédito. Por ahora, el Kremlin todavía no ha decidido tomar medidas tan extremas. Pero si la caída se acelera, Rusia puede desandar los pasos de liberalización económica del último cuarto de siglo.

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