Escocia: Gordon Brown, "el salvador de la unión"

viernes, 19 de septiembre de 2014
LONDRES (apro).- El histórico referéndum independentista del pasado jueves 18 en Escocia tuvo, sin lugar a dudas, a un claro ganador: el exprimer ministro británico Gordon Brown. El antiguo jefe del Partido Laborista y sucesor de Tony Blair logró convencer en la recta final a la gran mayoría del electorado escocés (55%), para rechazar la separación del Reino Unido y mantener así una unión que lleva en pie 307 años. Considerado ahora como el "hombre que salvó a la unión" y el nuevo "Corazón Valiente", Brown consiguió lo que pocos analistas esperaban: que de las 32 circunscripciones electorales donde se decidía el futuro de Escocia, 28 de ellas rechazaran la independencia. Su secreto fue presentar dos semanas antes de la consulta popular un ambicioso plan que prometía dar mayor autonomía a los escoceses en caso de que éstos votaran por el "no". Brown, que gobernó como mandatario laborista entre 2007 y 2010, gracias a que su sucesor Tony Blair le dejó el cargo luego de un supuesto pacto secreto, encabezará ahora las negociaciones para un acuerdo constitucional post-referéndum en el Reino Unido, incluyendo un nuevo papel para la Cámara de los Lores como árbitro en la disputa entre las cuatro naciones de la unión: Inglaterra, Escocia, Gales e Irlanda del Norte. El estoico y sobrio expremier, hijo de un reverendo presbiteriano de la Iglesia de Escocia que de joven, en un accidente de rugby quedó ciego de un ojo por desprendimiento de retina, vivía hasta hace poco en una especie de semi-olvido, reconvertido en un consejero moral y económico al que pocos escuchaban en el Parlamento. Muy abatido por la muerte de su primera hija en 2002, el político laborista siempre mantuvo un “espíritu de lucha”, incluso tras recibir un nuevo golpe familiar: su hijo James Fraser, nacido en julio 2006, fue diagnosticado con la enfermedad de fibrosis quística. Hasta principios de septiembre el plan de devolución de poderes a Escocia ideado por Brown no había contado con demasiado apoyo entre los grupos pro-unión (conservadores, laboristas y liberales democráticos), pero desde que el pasado 7 de septiembre una encuesta mostró un fuerte avance del "sí" (una diferencia de sólo un punto con el “no”), los principales partidos británicos se sumaron rápidamente a su propuesta. El hosco político de 63 años, que ya antes de entrar al Parlamento británico había alcanzado notoriedad como rector de la Universidad de Edimburgo y como editor del Red Paper on Scotland, quiere un fortalecimiento del Parlamento escocés, una codificación de los objetivos del Reino Unido y un acuerdo que permita compartir más poder. Desde las últimas semanas, Brown pasó de ser visto como un fallido exprimer ministro en las sombras a un político "con visión e influencia". De hecho, el primer ministro actual, el conservador David Cameron, admitió haber estado en estrecho contacto con Brown en los últimos días, para recibir consejo acerca de cómo evitar una hemorragia de votos laboristas hacia la campaña del "sí" por la independencia. La promesa de los tres principales partidos políticos de Westminster fue muy influenciada por el plan de Brown, surgido de su libro publicado este año: My Scotland, Our Britain (Mi Escocia, Nuestra Gran Bretaña). Aunque muchas de sus ideas son opuestas al pensamiento conservador, gran parte de las propuestas fueron aceptadas por Cameron y por su viceprimer ministro, el jefe de los liberales democráticos Nick Clegg. Ambos jefes políticos aceptaron que "los votantes escoceses tienen el derecho a mayores reformas de autonomía y a que estas promesas sean concedidas antes de votar en el referéndum". Según el programa de Brown, Gran Bretaña contaría con una Declaración de Independencia similar a la de Estados Unidos, que se comprometa a dar seguridad y oportunidades a todos los ciudadanos de la unión. También quiere que el Parlamento escocés se vuelva "permanente e indisoluble". El mismo estatus debería ser concedido también a las Asambleas de Gales e Irlanda del Norte. Bajo esa propuesta, el Parlamento escocés debería contar con autonomía plena de la Cámara de los Comunes en Londres, y poder legislar sobre temas como seguridad, lucha contra la delincuencia, transporte y vivienda. También se permitiría a los legisladores escoceses decidir sobre temas como políticas de bienestar social, seguridad social, defensa, medidas macro-económicas y de política exterior. Como parte del plan, el Parlamento británico contaría con una etapa sólo dedicada a las leyes de Inglaterra, que tendrían que ser votadas sólo por los parlamentarios ingleses. Finalmente, Brown propone que la Cámara de los Lores se transforme en un Senado elegido por los electores, con mandato por dos años, y que represente mejor a las cuatro naciones de la unión. El expremier tiene dos ventajas evidentes para ser el paladín del unionismo en Escocia: es escocés, nacido en Glasgow, donde estudió Economía, y su patria chica es Kirkcaldy, además de ser laborista, lo cual es muy ventajoso en una Escocia mayoritariamente izquierdista. Fue un eficiente ministro de Hacienda bajo el mandato de Blair (1999-2007) y logró la autonomía del Banco de Inglaterra respecto del gobierno para fijar las tasas de interés. Bajo su jefatura en el Tesoro, Brown logró que el Reino Unido tuviera el más largo período ininterrumpido de crecimiento económico de los últimos dos siglos, a pesar de grandes obstáculos a nivel global, como la crisis financiera asiática, el estallido de la "burbuja punto com" y los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. "Lo que la gente quiere es un calendario concreto y un mecanismo para tener claro lo que ocurrirá después del referéndum", dijo Brown ante decenas de viejos militantes laboristas, en un club minero en las afueras de Edimburgo. "Lo que no nos vale es el statu quo. La elección debe ser entre una separación irreversible o un Parlamento más fuerte", argumentó en días previos a la consulta popular. Sus discursos se volvieron más esperados y ambiciosos, y el miércoles 17 --un día antes del voto--, en una ponencia en Glasgow que hizo recordar a los míticos discursos del expremier Winston Churchill, Brown dio el "batacazo final": "Estamos hablando de un gran cambio constitucional. Necesitamos movernos hacia algo cercano al federalismo. El cambio está en el aire y va a llegar a Escocia", dijo enérgico frente a cientos de simpatizantes por el "no". El histórico referéndum escocés terminó dándole la razón y ahora logró sacarlo de las sombras del stablishment británico para convertirlo en uno de los políticos de mayor influencia y niveles de aprobación del Reino Unido.  

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