Alemania: Servicio Secreto sometido

viernes, 22 de mayo de 2015
BERLÍN, (apro).- Dos años después de que los documentos filtrados por Edward Snowden revelaran que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos espiaba, entre muchos otros objetivos “amigos”, hasta el celular de la canciller de Alemania Angela Merkel, la prensa de este país reveló que ese espionaje se realizaba no sólo bajo el conocimiento, sino también con la ayuda del Servicio Secreto Alemán (BND, por sus siglas en alemán), en clara violación al acuerdo de colaboración entre las dos naciones, puesto en marcha desde el año 2002 para combatir el terrorismo. El episodio más reciente sobre a las formas y métodos de trabajo de la NSA ha desatado en Alemania un escándalo que hoy tiene al gobierno de Merkel y a ella misma en una de las crisis más penosas de los últimos tiempos. Y es que, según reveló a finales de abril el portal online del semanario alemán Der Spiegel, la NSA ha espiado durante años no sólo a posibles grupos terroristas, sino también a diversas instituciones europeas, a políticos de alto nivel de occidente y hasta a consorcios, algunos de ellos incluso alemanes como Siemens, con ayuda de los servicios de inteligencia alemanes. Términos de búsqueda En su edición del pasado 9 de mayo, el semanario alemán dio más detalles sobre la forma de operar entre ambos servicios: durante años la NSA proveyó al BND de infinidad de términos de búsqueda para ser ingresados en el sistema de inteligencia alemán. Éste recabó y entregó a los estadunidenses infinidad de información relevante. Se trata de términos que, en su argot, las agencias denominan selectores de búsqueda y que van desde correos electrónicos hasta números telefónicos de personas, instituciones o empresas concretas. De acuerdo con lo que hasta ahora se ha hecho público, se trata de una lista de cientos de miles de términos ilegales o cuando menos no permitidos que el BND habría procesado para la NSA. Y es que, de acuerdo con el convenido de trabajo conjunto que alcanzaron Estados Unidos y Alemania en 2002, luego de los ataques terroristas a la Torres Gemelas de Nueva York, dentro del trabajo de vigilancia de telecomunicaciones que realizarían en equipo no podrían vulnerarse intereses alemanes ni de Estados amigos. Según muestran las evidencias, la NSA no cumplió y el BND lo solapó. Durante todo mayo --en una crisis ya de cuatro semanas- que lejos de amainar parece ir in crescendo-- los medios alemanes han revelado más y más datos. El principal: que en agosto de 2013, casi por accidente y después de las revelaciones de los documentos de Snowden, un trabajador del BND descubrió los alcances del espionaje estadunidense y de la cooperación alemana al examinar la base de datos de la NSA. Ahí se encontró con que al capturar las abreviaturas “diplo” y “bundesamt”, que corresponden a las direcciones electrónicas de diplomáticos, embajadores y empleados de ministerios en Alemania, se desplegaba un universo de datos puestos al servicio de los norteamericanos. Lo mismo sucedió cuando capturó el término “gov”, que es utilizado por muchos gobiernos europeos para designar las direcciones electrónicas de sus funcionarios. Pero lo peor no fue eso. De acuerdo con la información de Der Siegel, el trabajador en cuestión informó a su superior sobre el hallazgo, en un escrito en el que además solicitaba indicaciones sobre qué hacer o cómo actuar. La respuesta fue: “borrarlo”. “La traición” Fue gracias a ese hallazgo que ahora se sabe que en esa lista de términos de búsqueda que el BND procesó para la NSA aparecen diplomáticos y altos funcionarios del gobierno francés, además de empresas como la alemana Siemens y la holandesa Airbus. La indignación no se hizo esperar dentro y fuera de Alemania. Tanto el consorcio de aviación holandés como el gobierno de Austria, por ejemplo, anunciaron sendas demandas contra quien resulte responsable, en el primer caso, por espionaje industrial ilegal, y en el segundo, por actividades de inteligencia en perjuicio de Austria. En Alemania se desató una tormenta de indignación que no se limitó, como en otras ocasiones, a la oposición en el Parlamento. En una campaña poco usual emprendida por los medios de comunicación más influyentes de este país, el enojo fue evidente. El semanario Der Spiegel no reparó en colocar en su portada del 9 de mayo la fotografía de Merkel junto con la del antiguo ministro de la Cancillería Thomas de Maizière y la del director del BND Gerhard Schindler, con el título: “La traición. El BND y el gobierno federal en contra de intereses alemanes”. Asimismo, los socios de gobierno de Merkel, los socialdemócratas encabezados por el vicecanciller Sigmar Gabriel, marcaron desde un principio su distancia y exigieron explicaciones claras y precisas. En los tres casos la exigencia era la misma: que se hiciera pública la lista completa de los términos de búsqueda que el BND ingresó en su sistema a petición de la NSA. Cuando todavía no terminaba de digerir el escándalo por las escuchas ilegales y consentidas, además, por los servicios secretos alemanes, estalló una segunda bomba que esta vez alcanzó directamente la figura de la canciller. El 9 de mayo el periódico Süddeutsche Zeitung publicó el contenido de una serie de correos electrónicos entre asesores de primer nivel, tanto de la Casa Blanca como de la cancillería alemana, en la que quedaba más que claro que nunca existió intención alguna de parte del gobierno de Barack Obama de establecer un Acuerdo de No Espionaje con el gobierno alemán, tal como lo aseguró una y otra vez en 2013. Y es que en aquel año, luego de que se revelará que la NSA había espiado hasta el celular de Merkel, el gobierno alemán, primero en voz del entonces ministro de la cancillería, Ronald Pofalla, aseguró a la opinión pública que Estados Unidos había ofrecido firmar un acuerdo de No Espionaje. Los términos de éste estarían en negociación, aseguró en agosto de ese año. La versión fue ratificada días después tanto por el vocero de la canciller, Steffen Seibert, como por el entonces ministro del Interior Hans-Peter Friedrich. Cabe mencionar que en aquellas fechas se estaba en plena campaña electoral, en la que Merkel buscaba su reelección. La percepción que dejó lo revelado por el diario alemán es que la opinión pública --tan sensible al tema de la protección de datos personales-- fue engañada con la historia de un posible Acuerdo Antiespionaje que nunca existió. Y no sólo eso. Mientras la propia canciller declaraba ante los medios de comunicación que el espionaje entre amigos no era admitido bajo ninguna circunstancia, el BND alimentaba a la NSA con toneladas de información. La pregunta que más eco tuvo entre analistas, políticos y periodistas fue qué tanta información tuvo en realidad la canciller Merkel sobre lo sucedido. Si conocía los alcances de colaboración entre su servicio de inteligencia y el de Estados Unidos, y a pesar de eso salió a decir públicamente que eso no podía permitirse. Eso ya era malo, pero más lo sería aún el hecho de que no conociera tal información. El tema de la confianza y credibilidad a su gobernante, tan importante para los alemanes, está hoy en entredicho. Encuestas recientes demuestran que 37% de los alemanes se sienten engañados por su canciller. A cuatro semanas de que se desató el escándalo, la presión contra Merkel aumenta. La exigencia de que el BND revele la lista de términos de búsqueda con los que ayudó a la NSA es enorme. Sin embargo, para el gobierno alemán no resulta nada fácil ceder. Hacerlo le implicaría problemas muy serios con su –a pesar de todo– socio y amigo estadunidense, y ha señalado ya que para poder hacer públicas esas listas antes tendría que contar con su aval. A decir del propio gobierno, se trata de una información altamente sensible con datos e información que no pueden ser del dominio público. Una solución intermedia planteada ayer por la Cancillería es la de nombrar a un comisionado especial, que podría ser un personaje con credibilidad y respeto entre la opinión pública, por ejemplo algún antiguo juez del tribunal constitucional, para que sea la única persona que pueda echar una mirada a la lista de selectores. Este comisionado sería el encargado de informar sobre lo visto al Parlamento. Con ello, según la opinión del gobierno, demostraría sus buenas intenciones al Parlamento, que exige conocer la lista completa sin necesidad de exponer las peticiones de la NSA. Pero a la oposición no le satisface la idea. Lo cierto es que el problema no es fácil de resolver, pues en el fondo de todo el escándalo, lo que también ha quedado claro es la gran dependencia que tiene la inteligencia alemana de la estadounidense. Sin la ayuda de sus socios, los alemanes no habrían podido prever y neutralizar alrededor de 19 ataques terroristas en suelo teutón ni resolver casos de secuestros y ataques a soldados alemanes en el extranjero. Ya el presidente del BND, Gerhard Schindler, dejó en claro en su comparecencia ante el Parlamento, el jueves 21, lo importante que es Estados Unidos para Alemania en materia de inteligencia: de ellos dependen en materia de conocimiento, técnica y advertencias para detectar ataques terroristas. “Somos dependientes de la NSA y no a la inversa. La NSA es nuestra compañera y no nuestra enemiga”, dijo.

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