Argentina, la visita de Obama y el alineamiento

viernes, 18 de marzo de 2016
BUENOS AIRES (apro).- George W. Bush fue el último presidente estadunidense en pisar suelo argentino. Eso ocurrió el 4 y 5 de noviembre de 2005 en la ciudad de Mar del Plata, en el marco de la IV Cumbre de las Américas. Allí el mandatario enfrentó la rotunda negativa de sus pares Néstor Kirchner, Hugo Chávez y Luiz Inacio Lula da Silva a tratar el tema del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Algunos países sudamericanos –pincipalmente Argentina– venían de sufrir durísimos colapsos sociopolíticos. Sus presidentes fueron explícitos a la hora de identificar la causa principal en las políticas neoliberales impulsadas por el Consenso de Washington. En su próxima visita a Argentina, del 22 al 25 de marzo, el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, encontrará un escenario político diferente. Tanto en el país que lo recibe como en el subcontinente. Néstor Kirchner y Hugo Chávez descansan en sus panteones. Lula da Silva se debate frente a la justicia brasilera. Los gobiernos progresistas de la región tiemblan. El credo neoliberal se expande a través de los medios. Y Obama recibirá en Argentina un trato oficial de privilegio. Su visita es para el presidente Mauricio Macri el punto más alto de su declarada intención de que “Argentina vuelva al mundo”, luego de 12 años de gobiernos kirchneristas, en los que se afianzaron las relaciones con América Latina, China y Rusia. Obama llega con su esposa Michelle y sus hijas. Lo acompañan también altos funcionarios y unos 400 empresarios que ya operan en Sudamérica. La llegada del mandatario estadunidense busca transmitir que a su visita le seguirán las inversiones. La señal a favor de Mauricio Macri es fuerte. Washington también ha anunciado que levantará su veto para que Argentina vuelva a recibir créditos de los organismos internacionales. “La visita de Obama se enmarca en la estrategia de la Casa Blanca de procurar reposicionarse en América Latina y el Caribe, luego de una década de desafíos importantes a su hegemonía”, dice a Apro el doctor en Historia Leandro Morgenfeld. “Busca realzar internacionalmente la figura de Macri e impulsarlo como el nuevo líder regional de la restauración conservadora. El nuevo mandatario argentino está en las antípodas del eje bolivariano y postula una política exterior alineada con Estados Unidos y la Unión Europea, y una política económica de matriz neoliberal, en el marco de las exigencias de los organismos financieros internacionales”, remata Morgenfeld, autor de ‘Relaciones Peligrosas. Argentina y Estados Unidos’ (Ed. Capital Intelectual, 2013) Desde el Departamento de Estado se ha indicado que los temas de seguridad y lucha contra el narcotráfico dominarán la agenda. El gobierno estadunidense coordinará el intercambio de información de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Oficina Federal de Investigación (FBI) con la Secretaría de Inteligencia argentina para combatir el terrorismo. Se plantea la posibilidad de que el personal del servicio secreto de estados Unidos pueda viajar armado por el territorio argentino. Argentina adquiriría en Estados Unidos equipamiento de inteligencia. Por otra parte, la oficina antinarcóticos estadunidense (DEA) piensa ampliar su personal en Argentina y reabrir su oficina en Salta, provincia que limita con Bolivia y con Chile. Los agentes norteamericanos podrían volver a dar cursos de capacitación a sus pares argentinos, práctica que en 2011 canceló el gobierno de Cristina Kirchner. Por lo pronto, el recientemente designado jefe de la Policía Federal, Néstor Roncaglia, fue formado por la DEA. Derechos humanos Barack Obama llegará la noche del 22 de marzo, proveniente de Cuba, y regresará a Washington el 25 por la mañana. Su actividad oficial se restringirá, sin embargo, al 23 de marzo, y el 24 disfrutará de una jornada de golf en Bariloche, a 1500 kilómetros de Buenos Aires. Ese día se cumplen 40 años del golpe de estado que desembocó en la dictadura más sangrienta de la historia argentina. Se prevé una inmensa manifestación en Buenos Aires. “Te escribo como sobreviviente de ese horror que, como muchos otros, fuimos víctimas de persecución, cárcel y torturas por defender los derechos humanos frente a las dictaduras latinoamericanas que impusieron la Doctrina de la Seguridad Nacional y la Operación Cóndor, con el financiamiento, adoctrinamiento y coordinación de Estados Unidos”, escribió el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en una carta que le envió a Barack Obama a comienzos de marzo. “Le mandé la carta a Obama, porque el 24 de marzo el gobierno argentino quería llevarlo a un centro clandestino de detención durante la dictadura, a la Escuela Mecánica de la Armada, la ESMA, y esto es interferir en las movilizaciones que van a ser masivas en todo el país, recordando ese momento trágico, el 24 de marzo del 76, con el golpe de estado militar –cuenta Pérez Esquivel a Apro–. Entonces lo que le pedí a Obama es que ese día sea respetado”. –¿Recibió algún tipo de respuesta? –se le pregunta. –No directamente ¬–dice Pérez Esquivel–. Pero sí por la decisión de Obama de no interferir el día 24. Esa es una respuesta muy clara. Se va a Bariloche, y no interfiere en la situación interna, porque si no esto generaría muchas dificultades. Al Premio Nobel le parece bien que Obama venga a Argentina para afianzar las relaciones entre ambos países. “Pero esto debe ser siempre desde el fortalecimiento democrático y la vida de los pueblos”, dice. “Y no ese día, no el día 24”, recalca. El comunicado de la Casa Blanca que anunciaba el viaje sostenía que Barack Obama se reunirá con Mauricio Macri para “reconocer sus contribuciones a la defensa de los derechos humanos en la región”. Pérez Esquivel se encoge de hombros: “Macri no tiene una política de derechos humanos. Jamás habló de eso –sostiene–. Enarboló los derechos humanos para atacar a Venezuela. Pero no dijo nada de Honduras, del asesinato de Berta Cáceres, ni tocó situaciones graves en el continente latinoamericano como es el caso de Guatemala, el de México. Todo lo que hizo Macri es señalar a Venezuela –dice el activista de derechos humanos–. Si la distinción viene por eso, es una cuestión bastante pobre”. También la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, cuestionó de plano la fecha elegida y la posibilidad de que Obama visite el Espacio de Memoria y Derechos Humanos (exESMA). Abuelas entregó un pedido en la Embajada norteamericana para que Estados Unidos desclasifique los archivos sobre la dictadura argentina. El gobierno argentino se sumó a continuación a este pedido. Es probable que Obama participe de un acto en el Parque de la Memoria, junto al Río de la Plata. Por lo pronto, los organismos de derechos humanos han señalado que accederían a encontrarse con el presidente norteamericano en el marco de una reunión de trabajo sobre la desclasificación de archivos. Proteccionismo Las relaciones económicas entre Argentina y Estados Unidos siempre han estado signadas por el proteccionismo del país del norte, a través de aranceles o subsidios. De este modo, Estados Unidos impide el acceso de productos argentinos a sus mercados, mientras que Argentina ve crecer su dependencia de los insumos industriales y los bienes de capital con alto contenido tecnológico norteamericanos. “Con respecto a la Argentina, Estados Unidos sostiene una política comercial muy particular –sostiene Leandro Morgenfeld–. En la última década atacó al gobierno argentino por supuestas prácticas proteccionistas, como la regulación de las importaciones, pero la verdad es que EU sostiene con nuestro país un superávit comercial de más de cinco mil millones de dólares anuales. Y tiene muchas formas de protección no arancelarias, como las que afectan las ventas argentinas de carnes o limones, con excusas fitosanitarias”. De hecho, la Organización Mundial de Comercio falló en 2015 a favor de que EU permita el acceso de carne argentina. El Congreso estadunidense, sin embargo, se demora en aprobar la resolución. “Macri procura una política exterior librecambista, pero sin exigir a Estados Unidos que deje de subsidiar a sus productores agropecuarios o aplicando medidas sanitarias –continúa Morgenfeld–. Es muy desigual el peso de ambos países, y la creencia de que hay que evitar la confrontación para lograr concesiones se demostró errada en la historia del vínculo bilateral”. El exasesor de la Cancillería argentina, Carlos Escudé, considera fundamental mantener la diversidad de mercados. “China es el principal comprador de Brasil y Chile y el segundo de Argentina después de Brasil. Estados Unidos nos compra menos que Chile. Entonces, no tenemos que pelearnos con Washington, pero no hay que perder a Beijing”, dijo a Clarín el 13 de marzo. Alineamiento “A la presidenta (Cristina Kirchner) la veía a menudo en los eventos del G20 o similares. Teníamos una relación cordial, pero en lo que respecta a sus políticas, eran siempre antiestadunidenses”, dijo Barack Obama a CNN en Español el 14 de marzo. Allí elogió a su anfitrión, el presidente Mauricio Macri. “Creo que el objetivo del presidente Macri es brindar el tipo de apertura, transparencia, competitividad y progreso en Argentina que va a permitir que personas increíblemente talentosas, con maravillosos recursos naturales, prosperen de un modo que no ha ocurrido en mucho tiempo”, dijo Obama. Las relaciones entre Estados Unidos y Argentina durante los 12 años de kirchnerismo fueron conflictivas. Pero tampoco del modo que hoy se las presenta. “Argentina estuvo en el Consejo de Seguridad de la ONU en 2005/2006 y en 2012/2013. Y cuando uno ve la votación argentina, que es lo que mide el nivel de cercanía, distanciamiento u oposición en las relaciones, se puede ver que Argentina siempre votó a favor de Occidente y muy particularmente de Estados Unidos”, refiere el politólogo Juan Gabriel Tokatlian a Clarín en el artículo citado. En buena cantidad de temas, tanto Néstor como Cristina Kirchner se distanciaron de Washington. Leandro Morgenfeld sostiene que el gobierno de Macri impulsa un claro realineamiento. “Los grandes medios de comunicación intentan mostrar que el giro ‘realista’ de Macri es lo que nos hace ‘volver a estar en el mundo’ –sostiene–. “En realidad, en los últimos años Argentina tuvo una gran presencia internacional, en América Latina, con los BRICS, en el G20, en la ONU, lo que pasa es que su política no fue de alineamiento con Estados Unidos –dice–. Creo que las consecuencias de esta política de Macri son muy negativas, no sólo para los argentinos, sino para toda la región, ya que impulsan un giro a la derecha, que ya pudimos comprobar en Venezuela, Bolivia y ahora en Brasil”. El presidente Macri y su canciller Susana Malcorra han expresado su intención de aproximarse a la Alianza del Pacífico. Y también al Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica, de cuyas negociaciones secretas participa México. “Sin dudas, ese será uno de los temas de discusión con Obama –dice Morgenfeld–. Eso implicaría debilitar el Mercosur, y volver al ‘regionalismo abierto’, ese tipo de ‘integración’ que se desplegó en la década de 1990, y que era simplemente un mecanismo para potenciar exportaciones agromineras de un sector muy minoritario y concentrado de la economía argentina. Ingresar al Acuerdo Transpacífico implicaría un golpe al mercado interno argentino y por lo tanto menos actividad económica, menos empleo, reducción de los salarios reales”. El acuerdo de pago a los fondos buitres decidido por el gobierno argentino obtuvo el 16 de marzo el aval del Parlamento. “Si no se aprueba habrá ajuste o hiperinflación”, había amenazado el presidente Macri. El acuerdo abre las puertas a un nuevo ciclo de endeudamiento externo y beneficia a los fondos especulativos. “Macri intentará aprovechar la visita de Obama para mostrar que Argentina reingresa al mundo y que eso es, en parte, el beneficio de haber acordado con los buitres”, señala Morgenfeld. “Me parece una señal gravísima para el resto de los países emergentes y un paso atrás, luego de la resolución de la ONU de 2015, para regular los procesos de restructuración de deudas soberanas”, apunta.

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