La Iglesia no acepta dinero obtenido 'con sangre”: Papa Francisco

miércoles, 2 de marzo de 2016
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Ante unas 20 mil personas reunidas en la plaza de San Pedro, en Roma, el Papa Francisco aseguró que la Iglesia no acepta el dinero “sucio” que llega de algún benefactor, obtenido con “sangre de gente explotada, maltratada, esclavizada” o con trabajo mal pagado. “Yo digo a esta gente: por favor llévate tu cheque, quémalo”, subrayó el pontífice durante la audiencia pública de este miércoles, dedicada a la “misericordia y corrección”. De acuerdo con Jorge Bergoglio, la Iglesia “requiere de corazones abiertos a la misericordia de Dios”, a quien es necesario acercarse “con manos limpias evitando el mal y practicando el bien y la justicia”. Añadió: “Dios no sana por la sangre de toros y corderos, sobre todo si la oferta es hecha con las manos sucias de la sangre de hermanos”. El Papa llamó a los fieles a buscar la justicia y ayudar al oprimido, “dando justicia al huérfano, defendiendo la causa de la viuda”. En ese sentido se refirió a los refugiados que desembarcan en Europa y que “no saben a donde ir”, de acuerdo con una nota difundida por la agencia Notimex. “Si se cumplen obras de misericordia, entre ellas la ayuda a los refugiados, entonces los pecados se vuelven blancos como la nieve”, afirmó. En particular habló del “padre de familia que ama a sus hijos, los ayuda, cuida, los educa y corrige cuando se equivocan para ayudarlos a ser responsables, a crecer en el bien y en la libertad”. La relación “padre-hijo”, apuntó, es figura de la alianza entre Dios y su pueblo, y “esta relación se fragmenta cuando el hombre rechaza la paternidad de Dios”. Prosiguió: “Cuando el pueblo se aleja de Dios, desconfía de él y no le obedece, experimenta entonces la aflicción de la prueba. Dios la permite con vistas a la salvación, para que el pueblo pecador, sintiendo el vacío y la amargura de estar lejos de él, pueda abrirse a la conversión y al perdón”. El Papa resaltó que Dios “no nos trata según nuestras culpas”, sino que el castigo se convierte en un instrumento para llevar a la reflexión. “Se comprende así que Dios perdona a su pueblo, da la gracia y no destruye todo, sino que deja siempre la puerta abierta a la esperanza”, remató.

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