España: Nuevas elecciones y más incertidumbre

martes, 3 de mayo de 2016
España sigue sin gobierno. Ante la imposibilidad de formarlo desde el pasado diciembre, las cortes españolas (diputados y senadores) fueron disueltas este lunes y se convocó a nuevas elecciones para el próximo 26 de junio. Pero los especialistas coinciden: la falta de acuerdos y de alianzas hará que ninguna de las principales fuerzas políticas –PP, PSOE, Podemos y Ciudadanos– alcance la mayoría suficiente para gobernar y la situación actual, de incertidumbre y parálisis, podría repetirse, lo cual llevará a un incremento del desencanto ciudadano. MADRID (Proceso).- España da por terminada la legislatura más corta –menos de cuatro meses– de su democracia. La XI Legislatura, que se inició el pasado 13 de enero, no tuvo la rigidez de las anteriores. Era común que los diputados más jóvenes, provenientes de movimientos sociales, asistieran en pantalón de mezclilla, tenis o con la camisa desfajada, el cabello largo o la barba desaliñada –alguno incluso con rastas– y convivían con los trajeados viejos lobos de la política; una diputada en su escaño cargaba a su bebé o incluso hubo un fraternal beso en la boca, en medio del hemiciclo, entre Pablo Iglesias (de Podemos) y Xavier Domenech (En Comú Podem). Pero más allá de lo anecdótico, la sede del Congreso fue el epicentro de las negociaciones para el nuevo gobierno que no llegó a ser. La previsión augura que las próximas elecciones del 26 de junio dejarán un escenario político muy similar a las del 20 de diciembre: la presencia de cuatro fuerzas preponderantes –los dos partidos tradicionales y las organizaciones políticas nuevas– que abrirá una nueva ronda de negociaciones y acuerdos para tratar de darle gobernabilidad al país. La encuesta de Sigma Dos para el diario El Mundo, publicada el pasado 24 de abril, refleja que el llamado 26J arrojaría un resultado muy similar al del 20 de diciembre, donde la única mayoría absoluta posible (al menos 176 escaños) sería una hipotética suma del Partido Popular (PP) y el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), aunque el dirigente socialista, Pedro Sánchez, rechazó esa opción en los últimos meses. El PP, de Mariano Rajoy, lograría 126 escaños, tres más que en las elecciones de diciembre; el PSOE obtendría 91, uno más, aunque con mucha maniobra para ofrecer un pacto; Ciudadanos subiría de 40 a 45 escaños, y Podemos descendería de 69 a 58, pero un acuerdo para presentarse en coalición con Izquierda Unida –el llamado Sorpasso que están intentando cerrar– le permitiría mantener una horquilla de 70 escaños, como hasta ahora. Pablo Simón, doctor en ciencias políticas por la Universitat Pompeu Fabra, especializado en sistemas electorales y partidos, es cauto en aventurar un resultado, aunque advierte que “nada apunta a que regresemos al bipartidismo a mediano plazo, con lo cual la negociación y el acuerdo será el elemento central para poder gobernar”. En las elecciones de junio, dice en entrevista, “la abstención subirá y lo que preocupa es que el desencanto ciudadano se incremente”, ante el fallido intento por llegar a alianzas en los meses recientes. Escenario inédito El rey Felipe VI, como jefe de Estado, y el presidente del Congreso, el socialista ­Patxi López, estamparán su firma para disolver las cortes generales (Congreso de los Diputados y Senado), que concluye su actividad este lunes 2. La fecha se fijó así porque la ley española establece un plazo de dos meses para la disolución si no hay gobierno, después de la primera votación a la investidura que en este caso intentó el socialista Pedro Sánchez el pasado 2 de marzo. El decreto de disolución y convocatoria a las nuevas elecciones del 26 de junio se publicará este martes 3 en el Boletín Oficial del Estado. Es la primera ocasión que en el actual periodo democrático España se ve orillada a celebrar nuevos comicios ante la imposibilidad de haber formado un gobierno. Fueron casi cuatro meses de consultas, de inmovilismo del candidato ganador, el presidente Mariano Rajoy, que abrió la opción para que el socialista Pedro Sánchez presentara su opción de investidura de gobierno, pero el intento se vio frustrado por las “líneas rojas” marcadas por la mayoría de los partidos durante las negociaciones. Felipe VI, en calidad de jefe de Estado, convocó in extremis los días 25 y 26 de abril a una tercera y última ronda de consultas a los líderes de los grupos parlamentarios, para ver si surgía una opción de gobierno. Sin embargo, la parálisis política era evidente. Por eso, tras su encuentro con el presidente del Congreso, la tarde del 26 de abril, la Casa Real anunció que Felipe VI se abstendría de proponer un candidato para presentarse nuevamente a la investidura de gobierno, debido a que ninguno de los líderes partidistas cuenta con los apoyos suficientes para encabezar el Ejecutivo. El presidente del Congreso, Patxi López, confirmó la noticia en rueda de prensa, en la que aseguró que están “abocados a la disolución de las cámaras y a la convocatoria de las nuevas elecciones”. “El monarca no propondrá a ningún candidato a nueva investidura, porque ninguno tiene los apoyos suficientes. Y estamos a la espera de que el día 2 elaboremos el decreto de disolución y de convocatoria de las elecciones”, dijo. Expresó que el rey encontró un “cierto bloqueo, bueno, falta de acuerdo, pero no bloqueo institucional, y el sistema democrático en España funciona con todo vigor”. El legislador reconoció la molestia de la ciudadanía porque los partidos no hayan llegado a un acuerdo y se tenga que convocar a nuevas elecciones. En este marco, los líderes de Ciudadanos, Albert Ribera; Pablo Iglesias de Podemos; Pedro Sánchez del PSOE, y Mariano Rajoy, del PP, se acusaron mutuamente por la falta de acuerdo y tener que ir a nuevas elecciones, en un claro reparto de culpas ante el posible castigo que reciban en las urnas por la parálisis política, provocada por la protección de sus propios intereses. Sánchez acusó al PP y en particular a Podemos por el “bloqueo” para que él pudiera formar gobierno, luego de fracasar en las dos votaciones a las que se sometió en el Pleno del Congreso de los Diputados, los días 2 y 4 de marzo, en las que quedó muy lejos de conseguir los votos suficientes para asumir el Ejecutivo. Acusó a Iglesias de haber “traicionado” el valor con el que nació su formación, para hacer un “cambio en España”. “Hemos visto que el señor Iglesias ha cerrado la puerta y ha echado el candado a esa contrapropuesta que hemos ofrecido”. Y le reprochó: “El señor Iglesias nunca quiso pactar, nunca quiso ver a un presidente socialista al frente de la Moncloa”. Iglesias responsabilizó al PSOE y a Sánchez de haberse negado a formar un gobierno progresista. “Ha dicho muchas veces que no a nuestras propuestas”, ­sentenció. Advirtió que están a la espera de que “Pedro Sánchez venga del lado de los que les hemos hecho propuestas” e insistió que después de las elecciones de junio “tenderemos la mano al PSOE y a las fuerzas progresistas”. Criticó, como lo hizo en las últimas semanas, que el PSOE se hubiera “encorsetado” al pacto que hizo con Ciudadanos, que bloqueó una posible alianza con las fuerzas progresistas, con las que el partido de Albert Ribera se opuso a negociar. Y dejó entrever que los barones del PSOE y Ciudadanos “no lo dejaron pactar con nosotros”. Albert Rivera, dirigente de la formación de centro-derecha Ciudadanos acusó que el PP no quiso sumarse a una gran coalición con el PSOE y el partido que encabeza, que hubiera sido “la salida para España con un gobierno sensato”. Rajoy, a su vez, acusó a Pedro Sánchez de ni siquiera querer hablar con él para que el socialista se sumara a su gobierno y en cambio buscó la confluencia de las “fuerzas radicales” que “no constituían una buena opción para el conjunto de los españoles”. El 26 de abril el partido valenciano Compromís hizo una propuesta de último momento al PSOE para la investidura del gobierno, conteniendo 30 propuestas, pero no logró el consenso de ninguna fuerza. Los socialistas respondieron aceptando 27 de las propuestas, pero hizo una serie de matizaciones; Ciudadanos de plano la rechazó, y Podemos tampoco la consideró, pero acusó a los socialistas del fracaso de esa propuesta de su partido aliado. Para entender el 26J Pablo Simón, catedrático de la Universidad Carlos III de Madrid, dice que para entender el escenario actual en España es preciso tener en cuenta los aportes que dejó la elección del 20 de diciembre. Explica que la irrupción de las dos nuevas formaciones, Podemos y Ciudadanos, preveía una alta participación en esos comicios, pero no fue así, porque quedó en 69%, sólo un punto arriba de las elecciones generales de 2011. Y muy lejos de la participación de los comicios de 1982 (79.8%), las siguientes al intento de golpe de Estado y de las elecciones de 2004 (75.6%), tras el atentado terrorista en Atocha, que han sido las de más alta participación. “Sería razonable pensar que el 26J podría ser igual o menor que diciembre; será interesante ver qué partidos son los que pueden movilizar más o menos al electorado en las nuevas elecciones”, dice Pablo Simón. En diciembre, los dos principales partidos (PP y PSOE) perdieron en conjunto 5.3 millones de votos; el primero de ellos sumó 123 escaños, 63 menos que en 2011, y los socialistas alcanzaron 90, 20 menos que en la misma elección. “Este escenario, que los dos primeros partidos perdieran tantos votos y escaños, no es común ni aquí ni en Europa”, señala. Recordó que las dos formaciones nuevas obtuvieron 35% del voto. El electorado de Podemos y de Ciudadanos se muestra preocupado por los temas como el paro laboral y la economía, y ubican al mismo nivel el de la corrupción, uno que a los grandes partidos, como al PP, les resta muchísimo poder. También explicó que en la reciente elección el PP obtuvo “la mayoría más minoritaria de toda la democracia, porque con 123 escaños apenas alcanzó 34% de representación en el Congreso de los Diputados, mientras en la época de José María Aznar (1996-2004) con 146 escaños, tenía 44% del Congreso”. Con base en los estudios demoscópicos, Simón añade que los flujos de voto cruzado entre partidos en elecciones anteriores oscilaba en 8% y en diciembre se movió el doble, 16%, que benefició a los dos partidos nuevos, que apenas tienen anclaje en el electorado. Obviando el pacto alcanzado por el PSOE y Ciudadanos (que sumaba 130 votos, insuficientes para formar gobierno), Simón dice que si los partidos se hubieran decantado por los bloques ideológicos, por ejemplo PP-Ciudadanos, sólo sumarían 163 escaños, insuficientes para alcanzar los 176 necesarios para la mayoría absoluta. Lo mismo sucedería con el bloque ideológico PSOE-Podemos-Izquierda Unida, que lograrían 161, con lo cual era difícil gobernar. Añade que este escenario tan complejo quitó protagonismo al nacionalismo conservador que representan el Partido Nacionalista Vasco (PNV) y Convergencia i Unió (CIU, en Cataluña), que en procesos políticos anteriores solían sumar votos al PP o al PSOE para alcanzar gobierno. El politólogo, miembro de Politikón, una asociación independiente y apartidista de académicos que promueven el debate, suma otro elemento de la elección de diciembre: la fragmentación del voto, la cual fue “histórica” y “seguramente eso se repetirá en los comicios de junio”. Explica: “Fue una fragmentación récord, incluso superior a las primeras elecciones democráticas de 1977, y hubo una volatilidad del voto, cuando menos de 33%, que se fue a otros partidos, lo que representa la segunda volatilidad del voto más alta de la historia”. “Esto hizo que la negociación se volviera más difícil, porque lo que rápido se va, rápido puede regresar. De ahí que los partidos fueran muy estratégicos en sus posiciones y sus mensajes”. Consideró que en la próxima elección es probable que se registre una menor volatilidad del voto y previó que la fragmentación tampoco será un problema a la hora de negociar, porque ya son actores que se conocen. Sobre los rangos de edades de los votantes, dice, los de 18 a 30 años se identifican más con Podemos; de 30 a 45, con Ciudadanos; de 45 a 60, con el PSOE, y de 60 en adelante, con el PP. “Esto refleja mucho el origen de estos partidos, muy relacionado con la crisis de expectativas, con la crisis económica y con el desencanto con el establishment y, en el caso del PP, a un votante fiel”. Con mapas y diagramas, explica que la gran baza de los dos grandes partidos estuvo en las zonas rurales medianas, donde los partidos nuevos tienen más dificultad para penetrar. En cambio, en las zonas urbanas el PP y el PSOE obtuvieron malos resultados, incluso en Madrid los socialistas cayeron a la cuarta fuerza, “porque en estas zonas es donde hay un electorado más joven y donde se ha notado más la crisis”. Aclara que el sistema electoral español –una monarquía parlamentaria– tiene la característica de “castigar” a los partidos pequeños y con voto disperso, que obtienen menos de 15% de votos. “Es el caso de Izquierda Unida, que con 1 millón de votos sólo alcanzó dos escaños, porque 80% de su voto está disperso en la geografía nacional y no quedó representado”. “Esa dimensión rural-urbano del sistema electoral castigó a las circunscripciones pequeñas, por eso Podemos y Ciudadanos se quedaron sin poder tener representación para algunos de sus votos”. En el caso de Podemos, añadió que es el partido que más sacó a la gente de la abstención, particularmente la gente que se abstuvo de votar en 2011 sí lo hicieron en diciembre de 2015. Previó que la negociación futura con Podemos seguirá siendo polarizada, por ser un partido claramente antiestablishment, “es un partido que nace luchando contra la casta, y por eso sus posiciones argumentales son más rígidas y sea más complicado virar a este partido, y porque en el sistema parlamentario se han dicho cosas tan bárbaras y sus posiciones ideológicas son tan alejadas, que será más difícil llegar al acuerdo”. En relación con los incentivos para ir a las elecciones de junio, consideró que para el PP era indispensable, ante su inmovilismo; en el caso del PSOE, aunque se dijo que si Pedro Sánchez fracasaba estaba muerto políticamente, seguramente será el próximo candidato; para Podemos, es la opción para que “se despelleje el PSOE” y conseguir entrar al gobierno o bien alzarse como la principal fuerza de la oposición, y Ciudadanos también jugó bien sus bazas y puede aprovecharlas de cara al nuevo escenario electoral. Lo único que a Simón le preocupa es que el incremento en el interés ciudadano por la política y estar informados se torne en contra y resurja el desencanto al no conseguirse un gobierno, y la lectura ciudadana sea más cínica y desinteresada.

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