Y Rajoy sigue ahí

jueves, 7 de julio de 2016
Analistas políticos dicen que Mariano Rajoy es como el dinosaurio de Monterroso: “te despiertas y él sigue allí”. Contra los pronósticos, este político “atípico, sin carisma y sin espontaneidad”, tendrá la oportunidad de formar un nuevo gobierno en España después del triunfo del Partido Popular en los comicios del pasado 26 de junio. Poco pesó en el ánimo de la mayoría de los electores que la justicia investigue a ese partido por diversos escándalos de corrupción y que el gobierno que de él emanó haya aplicado un plan económico de choque que hundió al país en la precariedad. MADRID (Proceso).- Políticos, analistas y medios de información españoles lo llamaron sorpasso, un término de la política italiana tomado para ilustrar un escenario que las encuestas daban como muy posible: que dentro del ámbito de la izquierda la coalición Unidos Podemos superaría al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en las elecciones del pasado 26 de junio. Sin embargo, ese día no hubo sorpasso,­ pero sí sorpresa: tanto Unidos Podemos como el PSOE constataron que sus resultados no conseguirían sacar al presidente Mariano Rajoy de La Moncloa. Las caras serias y las lágrimas en los dirigentes y simpatizantes de la coalición formada por Podemos e Izquierda Unida (IU) reflejaban la pérdida de más de 1 millón de votos respecto de los obtenidos en la elección del pasado 20 de diciembre. Su anunciado sorpasso –con el cual pretendían llevar al PSOE a la tercera posición– no se produjo. El PSOE resistió en segundo puesto, pese a que perdió cinco escaños respecto a dicha elección. Sin embargo, tiene la llave para la formación del futuro gobierno de Rajoy. Por su parte, Ciudadanos se desplomó. Quedó con 32 escaños, ocho menos que en la elección del 20 de diciembre. Con su singular estilo, Rajoy apareció en el balcón de la sede del Partido Popular (PP), en la madrileña calle Génova, desde donde arengó a sus seguidores que lo vitoreaban tras conocerse su triunfo en las urnas. “Hemos ganado las elecciones y reclamamos el derecho a gobernar”, refrendó en su mensaje, luego de seis meses de parálisis política en España, derivada de la fragmentación del voto en las elecciones del 20 de diciembre, tras las cuales, a propuesta del rey Felipe VI, él mismo declinó “presentarse a la investidura”; es decir, acudir al Congreso con el propósito de tener su visto bueno para formar gobierno. Argumentó que no tenía apoyos suficientes del resto de los partidos. En su desarticulado mensaje –“es el discurso más difícil de mi carrera y mira que he echado algunos”, dijo–, el político gallego pidió “un respeto” para el PP y anunció que “a partir de mañana tendremos que empezar a hablar con todo el mundo y lo haremos”, en referencia a las conversaciones que tiene por delante con otros partidos con el fin de conseguir los apoyos que le permitan formar gobierno, pues para tal efecto no le son suficientes los 137 escaños obtenidos por el PP. “Ahora de lo que se trata es de ser útil al 100% del pueblo español. A los que nos votaron y a los que no nos votaron”, dijo conciliador. El pasado 27 de junio, en una reunión del Comité Ejecutivo del PP convocada para analizar el resultado electoral, y en la conferencia de prensa posterior, Rajoy mostró sus cartas. Primero, dijo que no va a renunciar a gobernar y que hará lo posible por “arbitrar una fórmula de gobierno” con el PSOE y Ciudadanos, que “garantice la estabilidad que España necesita”. Aunque la presión política y mediática se concentró en el PSOE –su posible abstención pavimentaría el camino a un nuevo gobierno de Rajoy–, el equipo del socialista Pedro Sánchez buscó precisar que es Rajoy el primero que tiene que iniciar los contactos y las negociaciones, no ellos. Código Mariano La imagen de Rajoy en el balcón de la sede del PP resume la aplicación del “Código Mariano”, como el analista político y escritor Antón Losada llama al comportamiento de este político atípico, “sin carisma, sin telegenia, sin espontaneidad”, cuya resistencia le permite cansar a sus adversarios políticos –a quienes saca de sus casillas–, pero que suele seguir su propio guion, simple pero del que no se aparta con tal de conseguir sus objetivos. “Ese Rajoy del balcón de Génova es el más auténtico Rajoy: un político caricaturizado por sus adversarios y por la prensa, pero que esa noche demostró, en su agradecimiento público al PP, que, como hombre de partido, su organización fue la base de su estrategia para volcarse a recuperar en sus feudos a sus votantes fieles, a los que conoce muy bien, después del varapalo que sufrió en la elección del 20 de diciembre, cuando su voto se difuminó”, dice en entrevista Losada, autor del libro Código Mariano. Desmontando a Mariano Rajoy (Rocaeditorial y eldiario.es libros). En las elecciones del pasado 26 de junio el PP recibió 33% de los votos, con lo que alcanzó 137 escaños en el Congreso de los Dipu­tados, recuperando así 14 asientos respecto de los comicios de diciembre, cuando obtuvo 123 escaños, con 28.7% de los votos. Rajoy es un sobreviviente: dirigió la campaña electoral de José María Aznar en 2000, en la que obtuvo la mayoría para gobernar en solitario. En los dos gobiernos de Aznar ocupó cuatro carteras: Presidencia, Administraciones Públicas, Educación y Cultura e Interior. Fue también vicepresidente primero de gobierno. Después fungió como líder de la oposición como secretario general del PP y, finalmente, presidente del gobierno. Se sobrepuso a dos derrotas electorales como aspirante a La Moncloa: en 2004, tras los atentados terroristas del 11 de marzo de ese año (comicios en los que la ciudadanía castigó a Aznar –más que a Rajoy– por la participación de España en la guerra de Irak) y en 2008. En las dos perdió ante el socialista José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando en 2004 encabezó la lista de candidatos del PP, Rajoy era un “actor secundario; fungía como un simple extra opacado por el brillo rutilante de estrellas cegadoras, como Rodrigo Rato, Jaime Mayor Oreja o Ángel Acebes”, políticos destacados del gobierno de Aznar, recuerda Losada. “Son los cadáveres que jalonan la carrera de Mariano Rajoy, cuando el muerto debería haber sido él”, según Losada, porque “hoy, aquel secundario de relleno interpreta de protagonista y vive en La Moncloa”, mientras Rato se “arrastra” en juzgados y consejos de administración por sus escándalos de corrupción; Mayor Oreja se perdió “en la Europa de los pueblos”, y Acebes pasó a la clandestinidad pues “su nombre sólo suena cuando le impu­tan por algo”, sostiene. El articulista de eldiario.es, gallego como Rajoy, conoce la vida política del hoy presidente en funciones. Lo suele caricaturizar como un individuo aburrido, sin imaginación, “que estaría llamado a perder ante rivales más cautivadores y electrizantes”, y quien, sin embargo, se rige “por el orden, la constancia y el método”. “No se asusta con facilidad y soporta la presión. Sabe que la política funciona como un examen de oposición”, comenta. Y es “un maestro consumado en el arte de hablar exclusivamente de aquello que le conviene. Nada ni nadie logra desviarlo de su guion. Rajoy sólo contestará lo que diga el temario”. En su libro, Losada ejemplifica cómo Rajoy no se aparta de su guion a pesar del malestar de la ciudadanía por sus políticas de gobierno. Así, para el presidente en funciones lo importante “no es la realidad, sino reproducir con eficiencia el argumento: a echar gente a la calle le llama ahorrar, a la brutal rebaja de salarios la denomina competitividad, califica el copago sanitario o educativo como racionalización, a la devaluación de las pensiones la llama sostenibilidad, a la evidencia de que España sea hoy un ‘todo a 100’ abierto a especuladores en busca de gangas aseguradas por el Estado lo denomina confianza internacional en nuestra economía”. Sin asco a la corrupción En el festejo en la noche electoral en la calle Génova parecía que nadie recordaba algo que a Rajoy le dolió particularmente. Unos meses antes, en febrero, la pequeña ciudad gallega de Pontevedra, donde Rajoy se crió y empezó su carrera política, lo declaró persona non grata en repudio porque su administración prorrogó el permiso de una fábrica de celulosa, que es centro de polémicas en el pueblo gobernado por nacionalistas de izquierda. “Ni a Hitler ni a Stalin los declararon persona non grata en Pontevedra”, dijo Rajoy en una entrevista de televisión. “Esto no tiene ningún sentido. Realmente me ha fastidiado y ha fastidiado a mi familia”, reconoció, recordando que ahí se casó, fue concejal y tiene a sus amigos. “Yo tengo sentimientos. A veces alguno cree que los que nos dedicamos a la política no tenemos”. Pero en la algarabía de la celebración tampoco parecía recordar que fue su gobierno el que aplicó el duro plan de choque para enfrentar la crisis, que hundió al país en la precariedad, que lo hizo con el apoyo de la mayoría absoluta del PP en el Congreso y enfrentado a todas las fuerzas políticas y repudiado durante las manifestaciones en la calle. Tampoco parecía recordar que “tras pedir de manera semiclandestina un rescate bancario por 100 mil millones de euros, se fue a un juego de futbol a Polonia a fumarse un puro”, como lo recuerda Losada en su libro. Ni que en su periodo de gobierno a su partido se le acumularon los casos de corrupción, al grado de que el PP es el primer partido investigado en la historia de la democracia como persona jurídica en la causa abierta por la destrucción de los discos duros de las computadoras portátiles del extesorero Luis Bárcenas; en otra causa, el grupo municipal del PP de Valencia también está imputado por financiamiento ilegal, como parte de la operación policial Taula. Y el ministro de Industria, José Manuel Soria, otro destacado miembro del PP, se vio obligado a dimitir por mentir cuando intentó justificar sus cuentas off shore destapadas en el caso #PanamaPapers. De hecho, la corrupción del PP no fue castigada en las urnas el pasado domingo 26. Por el contrario, se le premió con más votos y escaños en los epicentros de la corrupción, como la Comunidad Valenciana o Madrid. En la Comunidad Valenciana el PP ganó 40 mil votos y dos escaños más de los que ya tenía, a pesar de que recientemente su líder histórica, Rita Barberá, tuvo que dejar la dirigencia por los escándalos de corrupción que afectan al partido en la región. En la Comunidad de Madrid se les premió con 15 mil votos y dos escaños más, para sumar 15, pese a ser el epicentro de la Operación Púnica, que encabezan la Guardia Civil y la Audiencia Nacional. Ambas instituciones descubrieron un entramado de empresas para blanquear comisiones ilegales por 250 millones de euros entregados a importantes funcionarios gubernamentales a cambio de obra pública. Este escándalo provocó la dimisión de la presidenta regional del partido, Esperanza Aguirre. Campaña del miedo Podemos –que aglutina a buena parte del voto joven, mucho de él proveniente de las manifestaciones del 15-M o de las mareas reivindicativas por los derechos en educación o salud– fracasó en su propósito de “multiplicar” su voto y el número de escaños en el Congreso de los Diputados gracias a su alianza con Izquierda Unida. Con 21.3% de los votos pudo apenas mantener los 71 escaños que las dos formaciones obtuvieron en diciembre pasado. Eso les impidió dar el sorpasso, que tanta repercusión tuvo en los medios y con el que pretendían arrebatar al PSOE la segunda posición, la cual les abriría la opción de negociar la formación de un nuevo gobierno. Señalado Podemos como un partido radical, su número uno de las listas y aspirante a la presidencia, Pablo Iglesias, dio un giro en su oferta electoral hacia la socialdemocracia, la cual no fue suficientemente entendida. Sin embargo, también les afectó la estrategia del PP que polarizó la batalla política entre el partido de Rajoy y Podemos, impulsando el “voto del miedo” contra los “populistas” de Pablo Iglesias. Rajoy alimentó la idea del voto útil a su favor refiriéndose a Podemos como “los malos”; o identificando a sus voceros como “los viejos comunistas de siempre”. “Había que elegir entre orden y anarquía, entre seguridad y riesgo, entre buena gestión e ignorancia absoluta”, escribió el articulista Jesús Cacho en el portal vozpopuli.­es.­ Con ello, de paso, el PP también ignoró tanto al PSOE como a Ciudadanos, los dos partidos que firmaron un acuerdo en marzo para tratar de formar gobierno, sin éxito. Jorge Galindo, analista de Politikón, un proyecto de académicos que promueven el debate público, escribió un ensayo titulado Sorpasso, dos días después de las elecciones, en el que destaca como posibles causas del resultado electoral el movimiento de Podemos hacia el centro, su alianza con Izquierda Unida y el escepticismo de los votantes clásicos de IU. También apunta como posibilidad el castigo del votante por el fracaso en las negociaciones para la primera investidura de marzo; el estancamiento de Podemos en las encuestas, luego de divisiones internas; la insuficiente movilización de las bases, y la pérdida en la valoración ciudadana que obtuvo Pablo Iglesias. Por todo ello, en el nuevo escenario político, previo a las negociaciones políticas de este caliente verano español, Antón Losada, basado en su Código Mariano, sostiene que Rajoy es un político que al votante de derecha “le intriga”. Si el votante es de centro “le desconcierta”. Y si se identifica con el votante de izquierda, “le enerva”. “Se parece al dinosaurio del cuento de Augusto Monterroso. Te despiertas y él sigue allí”. Y finaliza: “Ante Rajoy no sabemos bien si contemplamos al último de su especie o al primero de una nueva estirpe de líderes. A veces parece un señor muy antiguo; en otras, actúa con osadía”.

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