La guerra sucia, pecado pendiente

domingo, 3 de noviembre de 2002
Dos años después de haber anunciado su encarcelamiento, el Ejército sometió a juicio a dos generales de División y, en un rápido montaje escenográfico, los condenó a prisión y los despojó de sus grados La apertura pública del Consejo de Guerra que juzgó a Mario Arturo Acosta Chaparro y a Francisco Quirós Hermosillo mostró a las Fuerzas Armadas dispuestas a purgarse para aliviar una de sus más lamentables enfermedades: la propensión de algunos de sus integrantes a corromperse por el narcotráfico Es evidente la intención de los altos mandos castrenses de unir, con escasos días de diferencia, el juicio a los generales con el publicitado escándalo del batallón cuyos integrantes, en un número importante, fueron sorprendidos en actividades relacionadas con el tráfico de estupefacientes en Sinaloa Si estos hechos reflejan o no conflictos internos en las Fuerzas Armadas, como se ha especulado, no es fácil de discernir Lo cierto es que toda purga deja manchas que con dificultad se limpian Y el Ejército enfrenta un nuevo desafío: otro juicio contra los mismos generales, histórico y posiblemente de mayor envergadura, por su presunta participación en la guerra sucia de los años setenta Cualquiera que sea el resultado de ese proceso, el hecho de que estén acusados, tanto ante la justicia militar como ante la Fiscalía Especial para los Movimientos Políticos y Sociales del Pasado, de haber participado en una conspiración policiaco-militar para torturar y asesinar disidentes, dejará huellas aún más sucias sobre los uniformes verdes