Lomas de Poleo o el miedo a salir de noche

sábado, 12 de abril de 2003
* Ocho cruces de madera son el testimonio de otras tantas jóvenes ejecutadas en esta colonia de Cd Juárez Ciudad Juárez, Chih (apro)- Ocho cruces de madera colocadas en fila a un lado del camino de tierra, sintetizan lo que ha ocurrido aquí, en el paraje Lomas de Poleo, un asentamiento irregular ubicado en la parte más alta de la montaña, desde cuya vista se domina la frontera con El Paso, Texas Aquí, en esta comunidad habitada por unas 600 familias desperdigadas y cuyas viviendas son de cartón, lámina y madera, han aparecido los cadáveres de ocho mujeres, la mayoría de ellas ultrajadas Ubicada dentro de la colonia Rancho de Anapra, Lomas de Poleo carece de casi todo No hay agua, no hay drenaje y las calles son de tierra, casi un desierto La energía eléctrica llego a sus casas apenas en febrero del 2001, y el agua la tienen que almacenar en tambos o en lo que se pueda Pero las adversidades no parecen terminar: hace un par de meses apareció el presunto dueño de los terrenos, de apellido Zaragoza, quien los quiere borrar del mapa y con el fin, dicen sus moradores, de construir maquiladoras Francisca Débora Hernández, una mujer de unos 40 años, con el cabello teñido de rubio, propietaria de una abarrotería, cuenta que Zaragoza argumenta que esos terrenos le pertenecen Pero ella alega lo contrario Aduce que los predios les fueron entregados por una asociación civil, cuyo nombre no recordó En Lomas de Poleo parece no haber vida En las improvisadas viviendas, con uno o dos cuartos a lo mucho, algunas de las cuales exhiben “bardas” hechas de láminas, tambores de alambre de colchones o llantas, no se ve a nadie Sólo se ven carros pasar de un lado a otro A raíz de los asesinatos de mujeres, las noches en Lomas de Poleo, dice la tendera, no existen Casi nadie sale a la calle El transporte público deja de pasar a las seis de la tarde Sólo tiene tres corridas, dos en la mañana y una en la tarde Quien no llega a esa hora, tiene que caminar, casi en despoblado, con el riesgo de ser asaltado o asesinado “Esto no es vida”, reafirma Débora Hernández detrás del refrigerador, donde guarda bolsas de hielo Es mediodía del martes 8 y el viento gélido golpea con fuerza El polvo de las calles se levanta con increíble facilidad Frente a su vivienda hay una especie de tinaja de ladrillo que, en lugar de agua, tiene basura y lo que queda de un bolsa de mujer Metros adelante, hay un cuarto de madera, cuya ventana fue hecha con el retrato de una pintura de Benito Juárez Casi no se puede caminar porque los zapatos se hunden en este fino polvo amarillento Débora Hernández ya se acostumbró a vivir de ese modo Con 15 años de residencia en ese lugar, conoce parte de las ocho trágicas historias de las mujeres, cuyos cuerpos han aparecido en diferentes momentos y circunstancias en ese paraje, donde la policía aparece esporádicamente Hace cerca de cinco meses, ella fue testigo de un hecho que la policía no quiso investigar Resulta que caminaba rumbo a su casa, acompañada de un amigo, cuando de pronto se acercó un automóvil gris, en cuyo interior iban dos adultos y dos niños Era de noche y de pronto el conductor del auto se detuvo y les preguntó que dónde estaba la salida Aterrorizada, Débora respondió que por el mismo sitio donde habían entrado El conductor le dijo que por lo oscuro no podía dar con el camino, y la mujer le señaló con el brazo el sitio por donde debían irse Ya que partió el auto, Débora comentó a su amigo si se había dado cuenta que el hombre llevaba las manos manchadas de sangre y uno de los menores un bulto entre sus piernas Ese detalle lo comentó a la policía, pero no pasó nada “Eso no les interesa; ellos sólo van a donde hay dinero”, recrimina También cuenta el caso de la joven Paola, quien fue asesinada hace un par de años Ella era hija de Paola Flores de González, una mujer que a raíz de que perdió a su hija compró un radio de banda civil, el cual está conectado a la frecuencia de los “zorros del desierto”, cuya base se encuentra en la parte baja de la colonia Cerca de este paraje tenía su centro de operaciones la banda de “Los Rebeldes”, algunos de cuyos integrantes fueron detenidos y arrestados por su presunta responsabilidad en el crimen de un par de jovencitas Pero ese hecho no acabó con la impunidad ni con el dolor de otras madres “No sé qué pasa, lo único que sé es que somos seres humanos y tenemos derecho a vivir tranquilas”, dice doña Francisca Las ocho cruces de madera colocadas en fila en una esquina, junto a un depósito de agua, son fiel testimonio de la pesadilla que viven aquí cientos de madres Y es que aquí, en Juárez, las madres ya no duermen tranquilas

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