Por y sobre la masa

miércoles, 29 de diciembre de 2004
México, D F, 27 de diciembre (apro)- Estimados lectores: ustedes perdonarán que, una vez más, escriba a este buzón para meter mi cuchara en graves asuntos Esta vez, par dar mi visión cocineril sobre las similitudes que observo en lo físico, social y culinario sobre el concepto “masas”; concepto que como bien saben, ha sido y es centro de ardientes discusiones, y también desaguisados, filosóficos, científicos y culturales Ojalá mis observaciones les sirvan para algo De ser así, me daré por bien servida De inicio, por mi profesión, las masas son para mí una realidad, esto es, mezclas que provienen de la incorporación de un líquido con una materia pulverizada, de las que resulta un todo espeso, blando, que tiene cierta cohesión y es maleable Por otra parte, coincido con el pensamiento filosófico que, desde la Grecia Clásica, sostiene que la masa en sí, como materia, es pasiva y necesita la activa intervención creadora del panadero, cocinero o cocinera para, con la previa selección de los ingredientes, la masa pueda convertirse en los indispensables pan o tortilla, sabrosas y diversas empanadillas, saboreables galletas o deliciosos y variados pasteles Por lo expuesto, comprenderán ustedes, mis estimados, que para nada estoy de acuerdo con la idea del viejo Plotino, que identificaba a la masa, a la materia con el mal, pensamiento que a través de los siglos y por diversos caminos –religioso, filosófico y hasta científico— fue parando, concentrándose en que el hombre era malo en esencia, bien por el pecado original que señala la Biblia o por su origen animal descubierto por la ciencia, por lo que es lobo para los de su misma especie y de ahí la necesidad mediadora y hasta represiva del Estado Este pensar sigue teniendo vigencia, muestra de ello son, por ejemplo, las controvertidas y enconadas discusiones que siguen dándose sobre lo negativo y positivo del denominado “hombre masa”, “la cultura de masas”, “el populismo” y otros temas semejantes que tienen como elementos lo individual y lo colectivo Ante la problemática social que representa y desencadena en la actualidad el hombre masa o masificado, una servidora, repito, por su experiencia profesional considera que el quid no está en la masa en sí, como pensaron antaño Plotino y sus discípulos y no dejan de pensarlo tantos científicos sociales hoy ¡No!, por el contrario, estimo que el motivo está en la incompetencia, desidia y puede que hasta en la mala fe, por aquello de la defensa de sus muy particulares intereses, de los panaderos o cocineros que están haciendo de la “masa social”, un pan como unas hostias, como se dice vulgarmente ¿Y quiénes pueden ser tan detestables panaderos, tan lamentables cocineros? Veamos Según estudiosos del tema, “el hombre masa”, la masificación de lo humano tuvo sus inicios y se viene dando desde el auge que en la baja Edad Media tuvo el burgo, esto es, las aldeas o villas, la administración y dirección de las cuales, cada vez más y más, estuvo en las manos de sus habitantes, los burgueses, muy en especial de los más acaudalados Así tenemos que la madre del “hombre masa”, de la masificación de lo humano, es la gran burguesía Esta clase lleva unos ochocientos años luchando denodadamente por imponer su predominio; en esos ocho siglos de esfuerzo ha ido consiguiendo extender y afirmar su poder, al punto tal que nuestra llamada globalización, según no pocos investigadores y analistas de la misma, está administrada y dirigida, más que por otra cosa, por lo que los mismos denominan “visión empresarial de la historia” Entiéndase que “empresario” es el nuevo nombre del heredero directo, como clase, claro, del gran burgués, del burgués con grandes caudales del pasado, y como administrador y dirigente de la globalización, panadero o cocinero de ella Recordemos que hubo un momento, sí, en que la madre tuvo miedo de su hijo, es decir, de la rebelión de las masas, pero que por su poder, conocimiento y capacidad de maniobra, consiguió que los del amenazador puño en alto terminaran con las manos en la bragueta ¡Magnífica hazaña, sí! Pero pregunto: ¿la misma ha mejorado nuestro mundo? Ustedes, estimados lectores, tienen la palabra Sin más, con el afecto para todos de su siempre fiel cocinera MARICHU

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