Mar del Plata: América se escribe en plural

lunes, 7 de noviembre de 2005
México, D F, 7 de noviembre (apro)- Nunca mejor aplicado el plural que, para ese mecanismo denominado Cumbre de las Américas, que en su cuarta edición se reunió este fin de semana en el balneario argentino de Mar del Plata Y es que, aunque todos los países asistentes forman parte del mismo continente, cada uno lleva su propia agenda dependiendo de su ubicación geográfica, su origen histórico, su desarrollo económico, su posición ideológica, su configuración poblacional, sus pactos previos y un largo etcétera que impide pensar en un proyecto mínimamente común La primera gran división, sin duda, se da entre la América anglosajona y francesa; es decir, Estados Unidos y Canadá, y el resto del continente, con una raigambre básicamente indohispánica Ha habido allí no sólo una barrera lingüística y cultural, sino, en los últimos dos siglos, un desarrollo dispar que, en buena medida, ha supeditado económicamente los segundos a los primeros, situación que no deja de ser paradójica, si se considera que, después de la llegada de Colón, fue el área iberoamericana la primera en arrancar su desarrollo al estilo occidental Llama la atención, sin embargo que, pese a ser ?justamente debido a la Conquista? un mosaico de naciones mucho más homogéneo que, digamos, Europa, América no haya logrado integrar un solo instrumento que realmente la represente como tal y que le permita actuar en forma conjunta; que ni siquiera en ese espacio que comparte historia y cultura, y que se denomina a sí mismo distintivamente como América Latina, se hayan podido poner todos alguna vez de acuerdo para enfrentar su problemática común Pero así ha sido y de ello da ejemplo, una vez más, la reunión iniciada el viernes 4, a la que sus asistentes no sólo llegan divididos sino, en algunos casos, enfrentados, y de la que no se esperan grandes avances, más allá de las manidas promesas de mejorar las condiciones de vida de los habitantes más desfavorecidos de la región, aunque las políticas que se propongan, por su propia dinámica, impliquen en los resultados exactamente lo contrario Peor, todavía, que sean justamente la manzana de la discordia Iniciada en 1994, la Cumbre de las Américas, aunque como foro de la Organización de Estados Americanos (OEA), aborda una infinidad de tópicos, no esconde que su principal objetivo es económico y, más concretamente, que pretende la creación de un área de libre comercio continental, muy al estilo de otros bloques regionales conformados para enfrentar los retos de la economía global No sería mala idea, si la iniciativa no se ajustara a una inclemente lógica de mercado y a la hegemonía de Estados Unidos, con el que, de todos modos, la mayoría de los países sostiene ya su principal intercambio comercial ¿A quién beneficiaría, entonces, un acuerdo de esta naturaleza? A la luz de los tratados parciales sellados hasta ahora, los grandes beneficiarios han sido las empresas transnacionales estadunidenses y las élites locales; es decir, los que pueden competir En algunos casos, el producto interno se ha elevado, pero no ha implicado mejoría en los niveles de vida de la población en general Hay quizá más trabajos, pero peores salarios y, en aras de la productividad, se han conculcado muchos derechos laborales El campesinado local languidece frente a las grandes agroindustrias, y ve desaparecer los subsidios de que siguen gozando sus pares estadunidenses En síntesis, hay ganancias, pero éstas se han concentrado en unas cuantas manos Tanto así que, según los índices de Naciones Unidas, el subcontinente latinoamericano no es el más pobre, pero sí donde la brecha entre ricos y pobres es más grande Esto, lógicamente, ha llevado a una creciente polarización social, que intermitentemente ha estallado en manifestaciones violentas que ponen en entredicho su ya de sí precaria institucionalidad democrática Y la reunión de Mar del Plata promete ser un fiel reflejo de las tensiones y los desacuerdos que se viven en el hemisferio De entrada, y como ya se ha hecho costumbre en prácticamente todas las reuniones internacionales, de manera paralela al encuentro de mandatarios, se llevó a cabo otro independiente, en este caso la III Cumbre de los Pueblos, en la que personalidades y organizaciones de la llamada sociedad civil expusieron sus posiciones y plantearon alternativas notoriamente contrarias a la mayoría de las gubernamentales pero, sobre todo, a las de Washington y a su propuesta de Acuerdo de Libre Comercio de las Américas (ALCA) La presencia de George W Bush en el balneario argentino amenazaba, al escribir este artículo, con detonar masivas y violentas manifestaciones Pero en esta ocasión no son sólo los pueblos los que se muestran inconformes Para entender lo divididos que llegan los países de la OEA a esta Cumbre, baste recordar la feroz batalla que se dio en su seno en abril pasado para la elección extraordinaria de su secretario general Como se recordará, después del retiro de la candidatura del expresidente de El Salvador, Francisco Flores, el candidato de Chile, José Miguel Insulza, y el de México, Luis Ernesto Derbez, se trabaron en un empate que se rompió ignominiosamente para éste último, con la intervención de la secretaria Norteamericana de Estado, Condoleezza Rice No fue sólo la primera vez que la mitad del continente desafió ?y ganó? al candidato apoyado por Washington (primero Flores y luego Derbez), sino que hizo patente la existencia de proyectos divergentes tanto en lo político como en lo económico Esto, en un organismo tradicionalmente sumiso a los intereses estadunidenses, no deja de ser altamente significativo Y esta tendencia no ha cambiado en los últimos siete meses, sino que más bien se ha reforzado Paradójicamente, la pretensión de crear un área de libre comercio continental y el papel que en ella han jugado los últimos gobiernos mexicanos, han influido decisivamente en esta división Aunque anteriormente México encabezó varias iniciativas que desafiaban la hegemonía estadunidense, como su negativa a sumarse al embargo a Cuba, la formación del Grupo Contadora para mediar en las guerras centroamericanas o la creación del Consenso de Cartagena para negociar en bloque la deuda externa, su integración al Tratado de Libre Comercio de América del Norte, primer paso del ALCA, convenció a muchos países de que una previa integración latinoamericana era ya imposible Ante esta imposibilidad de negociar unidos un acuerdo comercial menos desventajoso con la aplanadora estadunidense, las naciones del subcontinente optaron por reforzar sus bloques regionales, como el Mercosur, el Pacto Andino o el Mercado Común Centroamericano Otros, como Chile o Costa Rica, escogieron firmar tratados bilaterales Y algunos intentaron inclusive una doble vía: bilateral y multilateral La competencia por ganar mercados también enfrentó a varios Pero la economía siempre es política y, aparte de las necesidades prácticas, los virajes que se han dado últimamente en el sur continental dieron una nueva orientación a los pactos comerciales y generaron nuevas alianzas Ante el fracaso de las políticas neoliberales impuestas por los gobiernos de un presunto centro-derecha, los votantes empezaron a voltear otra vez hacia la izquierda Una izquierda diluida, pero izquierda al fin Primero fueron Ricardo Lagos, en Chile, y Hugo Chávez, en Venezuela; luego Lula da Silva, en Brasil, y Néstor Kirchner, en Argentina, y, finalmente, redondeó el cuadro Tabaré Vázquez, en Uruguay Más allá de coincidencias políticas que disgustan a Washington, como el acercamiento con Fidel Castro o el repudio a la guerra de Irak, lo verdaderamente interesante de esta nueva constelación gubernamental es que ha cerrado ya tratos muy concretos en materia de comercio, energía, minería, infraestructura y tecnología También se establecieron acuerdos de seguridad, con suministros de equipo bélico incluidos; cooperación en medios de comunicación regionales, y un sistema de consulta permanente para las relaciones con los organismos financieros internacionales Sin embargo, la voluntad de integración va más allá de este núcleo duro Capitaneado por Brasil, el Mercosur se acercó al Pacto Andino en busca de una unidad al menos sudamericana No sólo el tamaño del territorio, la población y la economía brasileños, sino también el carisma de Lula, su actual presidente, jugaron un papel de arrastre clave, que tuvo su cúspide en noviembre de 2004, con la creación en Cuzco de la Comunidad Sudamericana de Naciones (CSAN) Y aunque apenas quedó en embrión y algunos de sus 12 miembros no se sienten plenamente a gusto con su color político ni con su limitación geográfica, sin duda fue un gesto de unidad que no puede pasarse por alto Es en este contexto precisamente que debe ubicarse la enconada batalla entre Derbez e Insulza en el seno de la OEA El chileno contó con el apoyo incondicional de sus pares argentino, brasileño, uruguayo y venezolano, a sabiendas de que el triunfo del mexicano significaba en el organismo regional la preponderancia del TLCAN sobre la CSAN y, con ello, el potencial avance del ALCA Y si Rice, al final, aceptó que se impusiera Insulza, es porque reconoció la fuerza que lo respaldaba y privilegió la negociación sobre la confrontación Lo que entonces se negoció probablemente arroje algunas señales en esta Cumbre, aunque no hay indicios de que se modifiquen las divergencias de fondo Cuba, conforme a su exclusión de la OEA, no estará presente, y el venezolano Hugo Chávez será otra vez la figura de la discordia Lula, debilitado por los escándalos de corrupción, llegó ya con un ánimo más moderado, aunque no menos firme, y en él seguramente se verá secundado por sus colegas del Mercosur No todos, porque Paraguay, al igual que países andinos como Colombia y Ecuador, ansía acuerdos comerciales y de seguridad con Estados Unidos De todos modos, nadie supone un mínimo avance en la conformación del ALCA Su principal promotor, George W Bush, llega en esta ocasión considerablemente debilitado por los escándalos domésticos derivados de su política exterior Acusado por la oposición demócrata de haber descuidado América Latina en aras de Irak; repudiado por la población de esta región por esa misma guerra y por su depredadora política económica, visto con recelo por varios gobiernos que, a causa de ella, tienen problemas con su electorado, poco podrá hacer para convencer a los asistentes de la panacea que significa un gran mercado continental