El Vaticano ambulante

lunes, 4 de abril de 2005
París, 4 de abril (apro) - Mucha tinta hicieron correr los múltiples viajes de Juan Pablo II Inspiraron cálculos estratosféricos: los kilómetros que recorrió a lo largo de su pontificado equivalen a 30 vueltas al mundo y a tres veces la distancia entre la Tierra y la luna ¿Fueron también estratosféricos los costos de estas misiones pontificales por los rincones más alejados de la Tierra? Esa era la única pregunta que sacaba de quicio al Juan Pablo II Se enojaba tanto cuando los periodistas le tocaban el tema que éstos acabaron por dejar de mencionarlo ¿Quiénes pagaban los viajes del Papa y de las 30 personas que normalmente lo acompañaban? Nadie pudo resolver el misterio Rumbo a los países que visitaba, Juan Pablo II y su comitiva siempre viajaban con la compañía de aviación italiana Alitalia que nunca cobró un centavo al Vaticano De regreso a Roma, el pontífice viajaba “invitado” por la principal compañía aérea del país anfitrión o, en el caso de una gira, del último país visitado En muchos casos, católicos adinerados asumieron parte de estos costos Alojamiento y comidas del pontífice en el extranjero corrían a cargo de las iglesias de los países recorridos El Papa nunca se hospedó en un hotel: se alojó en sedes de nunciaturas, arzobispados, conventos o monasterios Jamás aceptó comidas oficiales, sólo comió en residencias eclesiásticas Los gastos ocasionados por las multitudinarias ceremonias del sumo pontífice corrían por cuenta de los países que lo recibían, ya que el Papa siempre viajaba como invitado oficial Gobiernos y empresarios acomodados se repartían las facturas Caroline Pigozzi, reportera del semanario francés Paris Match y autora del libro El Papa en Privado, se dio a la tarea de investigar dichos gastos Las únicas cifras precisas que pudo obtener fueron las del viaje de Juan Pablo II a Estados Unidos en 1987: costó 20 millones de dólares que pagaron de manera conjunta las diócesis y numerosos industriales El equipaje del Papa era espectacular: dos papamóviles --uno de repuesto en caso de problemas con el otro-- y 50 grandes baúles llenos de regalos, medallas, rosarios, imágenes santas, toneladas de copias de los discursos del Papa en varios idiomas, vestuario del pontífice, material técnico de la Radio y de la Televisión del Vaticano, infraestructura de comunicación que la Curia ponía a disposición de los periodistas acreditados para viajar con el pontífice Había también que transportar el agua mineral predilecta del Papa, su té favorito, botellas de oxigeno y bolsas de sangre del muy escaso Grupo A RH negativo Durante las estadías de Juan Pablo II en el extranjero un equipo médico de emergencia estaba en estado de alerta las 24 horas del día, manteniéndose en contacto permanente con los dos mejores hospitales del lugar donde se encontraba Sus dos médicos italianos de cabecera lo acompañaban siempre a todas partes, al igual que dos ambulancias En los aeropuertos de las ciudades visitadas estaba a la espera un avión acondicionado como clínica médica, listo para volar en pocos minutos Además de los miembros de su “gobierno”, de sus colaboradores polacos, sus médicos e integrantes de su seguridad personal, el Papa siempre se llevaba a su fotógrafo, Arturo Mari, quien “trabajó” con él a lo largo de todo su pontificado Reunió más de 2 millones de fotos del jerarca católico Unas siempre quedarán secretas: entre ellas las del encuentro de Karol Wojtyla con el entonces líder sindical polaco Lech Walesa, tomadas en 1983 en los Cárpatos (cadena montañosa de Europa Oriental) Una agencia de prensa ofreció a Mari medio millón de dólares por ellas El departamento de fotografía del Osservatore Romano se encargó de comercializar ese formidable archivo, convirtiéndose en una entidad rentable del Vaticano: un retrato del Papa costaba tres dólares para los fieles comunes y corrientes Para la prensa las tarifas subían y mucho Tanto en el Vaticano como en sus maratones por el mundo, Juan Pablo II nunca ahorró esfuerzos, y mientras más lo golpearon la edad y las enfermedades, más se empeño en mostrar vitalidad Solía atribuir su resistencia física a dos factores Uno era muy terrenal: el pontífice se vanagloriaba de saber gozar sus vacaciones Eran sagradas para él El segundo factor era muy elevado: la protección divina Mil veces repitió: “Dios nunca nos pide algo que rebase nuestros medios Él mismo nos da la fuerza para cumplir lo que espera de nosotros”

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