¿Boutade?

lunes, 13 de febrero de 2006
México, D F, 13 de febrero (apro)- Mi apreciado amigo Cándido Candor: agradezco que, por carta a este buzón, hayas hecho público que digo y sostengo que vivimos en un hoy de fascismo económico, del dinero; pero considerando que no diste más que datos que pueden hacer sentir que mi idea es una boutade, como dicen los franceses, un disparate, es por lo que escribo la presente para confirmarla como realidad universal Este hoy que vivimos nos predica hasta el cansancio y el aturdimiento que somos libres y soberanos, que todos, hasta el poder, está en nuestra mente, que la fuerza del espíritu es superior a la brutal realidad material que nos rodea, ¿pero que ocurre en el hoy real? ¿Se puede, por más libre que se sea para desearlo intensamente, vivir a mayor nivel del dinero que se tenga, que se gana? Puede, pero si se es gandaya o se hipotecan años de otros deseos y hasta necesidades El derecho como persona a la educación, alimento, salud, vivienda, trabajo, ¿está o no limitado a las posibilidades económicas de cada cual? Ejemplos: si no se tiene dinero suficiente para ello, ¿se puede vivir, por más intensamente que se desee y hasta se necesite, en una mejor vivienda? Y por el contrario, ¿no hay millones de seres que tienen que resignarse e incluso estar agradecidos por habitar en casas o departamentos diminutos, donde no cave, como dice el chiste, ni la dignidad, en los que los dormitorios son tan chicos que, poco más, y los inquilinos tendrían que dormir colgados de un clavo, como murciélagos? Si se enferma uno y no tiene dinero para pagar servicios médicos de primera, ¿no se tiene que conformarse con servicios de salud de segunda y hasta de tercera o de plano resignarse a morir como perro? Y parecidamente ocurre con el derecho a la educación, trabajo, alimento Sí, lo admito, hay casos de personas que con su voluntad consiguen todo lo que se proponen, pero pregunto: ¿esos casos los propicia en general, los facilita nuestra sociedad de hoy o son más bien excepciones que confirman las reglas de la misma? ¡Ah!, con patética razón se puede decir, ¡y se dice!, "tanto tienes, tanto vales", pues en la aldea global en que hoy vivimos, ¿el poder adquisitivo de bienes y servicios no da la medida del status o rango del hombre? Y eso es triste porque estimula, afirma y justifica a la sociedad consumista en que hoy estamos sumergidos, ¿o no es así? Y como el consumo de bienes y servicios tiene por base su compraventa, su comercialización, que para su mayor efectividad y rendimiento requiere la mayor libertad posible, por eso la gran aldea de hoy está dirigida y conformada por la balanza del mercader, que tiene más en cuenta el precio que el valor de las cosas, sean estas divinas o humanas, ¿pues incluso esos mismos valores no los comercializa? Lo que no explica (¿o sí?) es que ante esta realidad de fascismo, de totalitarismo, de monoteísmo económico, infinidad de políticos en la aldea global, que presume de democrática, de liberal, tantos políticos, digo, que se ofrecen como servidores del pueblo, en la práctica, son sus decisiones, fomenten el "enflaquecimiento" anoréxico y bulímico del Estado, alientan y estimulen la privatización de las riquezas nacionales, avalen y propicien "recortes" en gastos sociales y le anden haciendo la corte de manera servil al capital, a las compañías transnacionales, algunas tan poderosos, que exigen y consiguen tratos de excepción, por lo que es legítimo preguntarse: ¿en esos casos, que no son pocos, los que se dicen nuestros servidores, los políticos, al ofrecer las riquezas del país a los inversionistas, no convierte la país y a su pueblo, en míseros comisionistas del capital, sea foráneo o nacional? No se explica, digo, a no ser que los que tal hacen sean estúpidos o sean los comisionistas mayores, los más y mejor beneficiados en esos trámites Como el espacio disponible se está acabando, una última reflexión: ante esta sociedad consumista, que masivamente satisface y sujeta por la nariz al hombre; en la que todo pasa por la balanza del mercader, en la que todo, incluso el hombre tiene su precio, donde el capital, los hombres del dinero pueden decir, ¡y dicen!, remedando a Mussolini: "Todo en la economía, nada fuera de la economía, ni contra la economía" pregunto: ¿estoy o no estoy en lo cierto cuándo afirmo que en este hoy de la aldea global vivimos y estamos sujetos a las decisiones de un fascismo económico? Con la esperanza de que esta mi carta haya dado razones suficientes a los estimados lectores para comprender que mi idea no es una boutade, recibe un abrazo de tu amigo JUAN CONTRERAS