Beltrán Leyva: Las huellas de la cacería

sábado, 16 de enero de 2010 · 01:00

ATLIXCO, PUE.- 16 de enero (Proceso).- Arturo Beltrán Leyva estuvo a punto de ser capturado a principios de diciembre en Puebla, tras un enfrentamiento con policías y militares. Todos supieron que el Jefe de Jefes estuvo ahí cinco días, invitado a un bautizo, pero las autoridades del estado aseguran que permaneció menos de 24 horas en la entidad…  Paso a paso, persecución a persecución,  tiro a tiro, he aquí cómo fue la cacería que culminó con la muerte del capo en el fraccionamiento Atitude de Cuernavaca.

Era 5 de diciembre, sábado. En la capilla privada del fraccionamiento Club Campestre El Cristo de esta ciudad se realizaba una discreta ceremonia religiosa. Un pequeño de apenas meses de edad recibía el sacramento del bautismo. El padrino era el narcotraficante Arturo Beltrán Leyva, quien había viajado hasta esta localidad expresamente para la ocasión.

Los padres del niño, un joven matrimonio residente en Cuernavaca, Morelos, viajó a su casa de descanso ubicada en Paseo del Cristo número 880 en esta ciudad poblana para realizar el acto religioso, que tuvo lugar en la capilla colonial de muros blancos con un gran crucifijo en el altar.

Habitantes del lujoso conjunto residencial recuerdan que el sacerdote Delfino Heredia Vázquez ofició la misa; es él quien atiende siempre los oficios religiosos privados. Afuera del templo, a los adinerados vecinos y a los trabajadores de El Cristo no les sorprendió la caravana de lujosos vehículos último modelo, tan comunes en este Club Campestre, pero sí los choferes y la escolta que cuidaron desde su arribo al famoso narcotraficante.

Tras el acto litúrgico, sólo unos pocos fueron invitados a una comida en la casa de fin de semana de los papás del bautizado: no pasaron de 20, según consta en declaraciones rendidas ante la delegación de la Procuraduría General de la República (PGR), asentadas en la averiguación previa AP/PGR/PUE/PUE-I/1199/2009, abierta por los delitos de violación a la Ley Federal de Armas de Fuego y Explosivos y la Ley contra la Delincuencia Organizada.

El acceso principal de la residencia está enmarcado por un gran arco color café. Días antes de la celebración, de este lugar entraban y salían vehículos de un servicio de banquetes.

Habitantes y trabajadores del fraccionamiento comentan: “Es frecuente que realicen fiestas con muchos invitados, pero nos pareció extraño que fuera privada”. Los asistentes llegaron el día anterior, el 4 de diciembre, y pasaron la noche en una casa para huéspedes que se encuentra en el jardín posterior de la residencia.

Después del banquete, cuentan los vecinos, Arturo Beltrán Leyva estaba alegre. A ritmo de tambora y acordeón, cuatro músicos interpretaban corridos de Badiraguato, Sinaloa, tierra natal de El Jefe de Jefes. El repertorio fue cuidadosamente seleccionado: no hubo narcocorridos.

La banda dejó de tocar a las tres de la mañana de 6 de diciembre; ya era domingo. El padrino se quedó el fin de semana en casa de sus compadres, señala el expediente.

A partir del día siguiente, lunes 7, Beltrán Leyva se puso a trabajar: sostuvo reuniones en Cholula y Puebla con integrantes de la estructura del cártel que él encabezaba establecida en Puebla desde junio del año pasado para minar la actividad de narcomenudeo controlada por gente perteneciente a Los Zetas. Los encuentros, que se realizaron en casas de seguridad en Puebla y en San Pedro Cholula, apuntaban a la consolidación de la organización de los hermanos Beltrán Leyva en esta entidad.

Tres días después, el jueves 10, Beltrán Leyva decidió regresar a Cuernavaca, Morelos. Salió de Cholula con rumbo a la capital poblana, pero el convoy que lo resguardaba (tres Suburban negras y un Stratus blanco) llamó la atención por lo ostentoso. Alrededor de las 11:30 horas, el Centro de Respuesta Inmediata (Ceri) recibió reportes de una “situación sospechosa”. La movilización fue inmediata.

Este es un extracto del reportaje principal que se publica en la edición 1733 de la revista Proceso que empezó a circular el sábado 16 de enero.

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