Los políticos "quieren silenciar a los obispos", acusa Felipe Arizmendi

miércoles, 27 de enero de 2010

MÉXICO, D.F., 27 de enero (apro).- El obispo de San Cristóbal de Las Casas, Felipe Arizmendi Esquivel, acusó hoy a la clase política del país de pretender “silenciarnos”.
    En un mensaje difundido por la Conferencia del Episcopado mexicano (CEM), el prelado lamentó que por difundir la palabra de Dios, a la Iglesia católica se le descalifique y condene, no tanto con razones, sino sacando a colación “errores y deficiencias innegables del pasado y del presente”.
    Y agregó:
“Es frecuente leer y escuchar opiniones contra nuestra amada Iglesia Católica. Se le descalifica y condena (…) Nos quieren silenciar a los obispos, y tener libertad sólo ellos para ofendernos y desacreditarnos (…) Se burlan de nuestras posiciones sobre moral sexual y de nuestra defensa de la vida y del matrimonio. Nos consideran enemigos a vencer”.
El obispo Arizmendi añadió que la Iglesia, al fijar su postura sobre moral sexual, no pretende imponer el catolicismo a todo el país, sino que hace uso de su libertad de expresión.
Lego de conminar a los “legisladores cristianos y católicos” a observar el Evangelio en su servicio político y rechazar, y denunciar lo que es contrario a éste, les recordó que “ellos no son dioses, para promover leyes y costumbres contrarias al camino de vida y felicidad que Dios enseña”.
    El obispo mencionó que con estas críticas pareciera que se quiere volver a la Constitución de 1917, cuando no se reconocía ni la existencia jurídica de la Iglesia.
Sin embargo, dijo, su defensa a la vida y a la moral sexual es ante la doctrina de la Iglesia, que no fue inventada por los jerarcas católicos sino por Dios.
Más adelante, Arizmendi Esquivel señaló que la Iglesia no es enemiga a vencer, pues no pretende imponer el catolicismo a todo el país.
“Sólo pedimos libertad para exponer el Evangelio, para ofrecer a Jesucristo como único camino de verdad, de libertad y de vida plena”, argumentó.
Sin embargo, aclaró que este servicio no es tarea exclusiva de la jerarquía eclesiástica, sino de “todo el pueblo de Dios” que debe denunciar lo que es contrario al Evangelio, y anunciar el camino de Jesucristo, como opción de vida para el pueblo.
“También los legisladores cristianos y católicos son Iglesia, y han de ser testigos del Evangelio en su servicio político”, concluyó.

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