Inicia el Encuentro de Traductores Literarios

miércoles, 6 de octubre de 2010

MÉXICO D.F., a 6 de octubre (apro).- A menos que usted sea políglota, dependerá, para entablar amistad con muchas de las mejores mentes del mundo de ayer y de hoy, de un traductor literario, un escritor cuyo nombre casi nadie recuerda, aunque es imposible imaginar el mundo sin su trabajo.

Cada otoño, desde hace 20 años, se celebra en la Ciudad de México una edición del Encuentro Internacional de Traductores Literarios cuyos participantes deliberan sobre su práctica en México y en el mundo, así como alrededor de los problemas que suelen enfrentar en su campo, tanto en el plano literario como en el legal y laboral.

Este año el xix encuentro tiene lugar en diferentes sedes a partir de hoy y hasta el día 8 bajo el título  general de “Traductores e investigadores: ¿vecinos distantes?”

Encabezadas por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) a través de la Dirección de Literatura, la Facultad de Filosofía y Letras y el Centro de Lenguas Extranjeras (CELE), desde 1990 tiene lugar este encuentro, en cuya realización también son fundamentales El Colegio de México, el Instituto Francés de América Latina (IFAL) y la Universidad Intercontinental (UIC).

Durante un breve tiempo --señala Arturo Vázquez Barrón, traductor y formador de traductores, y coordinador del Diplomado en Traducción Literaria y Humanística del IFAL-- participó también el Instituto Nacional de Bellas Artes, a través de su dirección de Literatura, pero se vio obligado a dejar de hacerlo por razones presupuestales:

“Uno de los principales promotores del encuentro en sus orígenes fue el narrador y ensayista Hernán Lara Zavala, en la época en que estuvo al frente de la Dirección de Literatura de la unam. Ayudó mucho en el contacto con los colegas. Fue un elemento cohesionador. Otra gran promotora en los inicios fue Monique Legros, entonces directora del Programa de Formación de Traductores de El Colegio de México. Es imposible recordar a todos ahora, creo que es mejor hablar de instituciones.”

“Yo no estuve desde el comienzo, pero me integré muy pronto, como representante del ifal. Creo que puedo decir que fue un grupo de traductores de instituciones de alto nivel académico el que decidió echar a andar esto.”

--¿Quiénes son los miembros más antiguos del comité organizador?

--Danielle Zaslavsky, de El Colegio de México; Tomás Serrano, por parte del cele y de la uic; Leticia García, de la Dirección de Literatura. Ellos siguen en el comité, al que también se ha integrado gente más joven que renueva y reanima el grupo. En este momento contamos con la preciosa ayuda de Vania Galindo, del cele, joven y brillante traductora que ha tenido una gran participación en los tres últimos encuentros; Demetrio Ibarra, por la uic, y Juan Carlos Calvillo por Filosofía y Letras. La sangre nueva es importante para garantizar el futuro.

El encuentro ha sobrevivido gracias al empeño del Comité Organizador, que cada año pelea para seguir adelante. Si bien hay que subrayar que no hemos dejado de recibir el apoyo de las instituciones para las que trabajamos, sufrimos para traer a los invitados internacionales. Y hay que decir que es un encuentro en el que, a diferencia de otros de su tipo, no se cobra por participar. La razón es sencilla: el traductor no es un profesionista que pueda equipararse desde el punto de vista de sus ingresos con médicos o abogados. Sería injusto cobrar una cuota de participación cuando la mayoría de los traductores tiene que trabajar porque vive al día. De hecho ése es uno de los problemas que impiden que más traductores se acerquen al encuentro. Es muy difícil dejar el trabajo durante tres días para sumergirse por completo en el encuentro. Día que un traductor no trabaja, día que no gana nada. Por ello es que batallamos para encontrar dinero.”

--¿Y cuáles son los frutos de estas batallas?

--Es el más importante encuentro de profesionales de la traducción literaria en nuestro país, y poco a poco ha cobrado resonancia internacional. Ha dejado frutos en la medida en que muchos traductores han compartido ideas que han tenido un efecto notable sobre todo en el ámbito académico y en las instituciones dedicadas formar traductores literarios.

“En México el traductor literario aún no es bien reconocido profesionalmente, pero el encuentro ha ayudado a que sea más visible y se reconozca su importancia. No ha sido fácil porque los medios no suelen cubrir este tipo de actividades.”

--Difícilmente se podría pensar entonces en una publicación especializada en la traducción.

--Existió una que publicó durante varios años la escuela de traducción de la uic. La dirigían T. Serrano y Adriana Domínguez. Se llamaba Traduic. Era subsidiada por la uic y se distribuía de manera gratuita. Hoy las condiciones del país impiden publicar algo así. Pero estamos empeñados en publicar las Memorias  del encuentro, pues se ha generado un corpus de pensamiento muy importante al cabo de veinte años. Si algún editor lee esto y se interesa en apoyarnos será bienvenido.

--¿Cuanta gente ha participado como conferencista del encuentro en estos años?

--Varios centenares de personas como ponentes y varios millares como auditorio constante. Es un encuentro abierto a todo público, pero dirigido a los profesionales y a los estudiantes de la traducción literaria. Todos los colegas pueden participar ya sea con una conferencia, una presentación, un taller, y por supuesto en los debates.

--Y toda esa reflexión acumulada, ¿permite considerar la figura del traductor literario como un creador?

--Ese es un viejo debate entre los propios integrantes del comité organizador y no todos estamos de acuerdo. Todos aceptamos que la traducción literaria es un proceso creativo, muy distinto de la traducción técnica. No es el mismo tipo de creación literaria que la que realiza un poeta o un narrador. Pero es indudable que en el traductor literario hay una responsabilidad ética asociada con la creación que ha llevado a los traductores literarios de todo el mundo a pelear por los derechos autorales, algo que se nos ha escamoteado durante mucho tiempo en este país (no ocurre lo mismo en todos).  El encuentro ha servido para tratar este tema. En lo personal, estoy convencido de que la traducción literaria tiene un carácter creativo: es la creación de un texto literario que no existe todavía en la lengua a la que el original se traslada –o lengua-meta, como la llaman los especialistas.

--Ningún texto literario surge de la nada. La literatura es en realidad un palimpsesto.

--Sí, nadie escribe a partir de la nada. En ese sentido me parece que no se puede hablar de originalidad. Creo que es más interesante considerar la creación literaria como un continuo, y la traducción forma parte de ese continuo. Lo vemos de manera clara con el traslado de las formas literarias, como el soneto, que pasa del italiano al español gracias a Garcilaso de la Vega. Así se crean corrientes que van y vienen y se modifican unas a otras de manera ininterrumpida. Y es el traductor el que ayuda a que se creen esas corrientes literarias y nunca dejen de fluir.

El escritor-traductor, como Garcilaso, no desaparece. Pero a partir del siglo xx surge la figura del traductor literario con una identidad propia, cuyo trabajo es de excelente factura, y que abraza la traducción literaria no como un modus vivendi sino como una vocación.

“Antaño había personas educadas que se interesaban por la traducción desde perspectivas muy variadas, como la religión o la filosofía, ya fuera porque una versión de textos religiosos se apartaba de la ortodoxia o porque la definición de un concepto era muy debatible. Pero esta figura que podríamos llamar del traductor-traductor es un producto de nuestro tiempo, y genera un pensamiento propio desde el seno mismo de la traducción. El traductor ha empezado a generar un discurso en primera persona. Ya no sólo el filólogo o el lingüista hablan de la traducción. El traductor genera un pensamiento traductológico desde la vivencia misma de la traducción y desde la reflexión que le produce su labor. Este es un cambio cualitativo muy importante para ubicarnos como traductores en el ámbito de la cultura mundial.

“Esto tiene mucho que ver con el surgimiento de las asociaciones de traductores, como la Asociación Latinoamericana de Estudios de la Traducción y la Interpretación (ALAETTI), que se anunciará en el marco de este encuentro. La ALAETI quiere agrupar a todos los estudiosos –una ambición muy grande—de la traducción en América Latina con la intención de consolidar el campo de la traducción. La investigación es todavía incipiente. Pero existe. Aunque tenemos un retraso respecto a otros países, hay muy buena investigación. Ya existen maestrías y doctorados en el continente. La alaeti ayudará a difundir la investigación que se genera entre nosotros en campos como la historia de la traducción o la mediación cultural.”

El establecimiento formal de la asociación será el año que viene, cuando se celebre el vigésimo encuentro, que se habría celebrado este año si no hubiese habido una interrupción en la realización del encuentro a causa de la dilatada huelga que afectó a la UNAM en 1999.

“Existen organismos como la ALAETI, en Europa y en Canadá, pero será algo muy novedoso en América Latina. Sobre todo porque tendrá un carácter incluyente. Porque no sólo representará los intereses de los académicos y los investigadores, sino que también representará al traductor profesional que todos los días sufre condiciones de trabajo bastante malas: tarifas muy bajas, contratos en los que no se reconoce su autoría ni se le brinda regalías, plazos de trabajo muy estrechos, y un largo etcétera que no viene al caso detallar.

“En ese sentido, la ALAETTI comenzará a llenar un hueco que existe en todo el continente, pues fomentará tanto la traducción y la investigación en torno a ella así como la defensa y el reconocimiento a nuestra disciplina. Procuraremos que exista un representante en cada país. Ya participan colegas de Argentina, Colombia y Chile.”

--¿Y de dónde surge el título de este nuevo encuentro? ¿Acaso el traductor se aparta de la traducción por abismarse en la reflexión? ¿Va por ahí?

--Sí, un poco. Se considera que los que nos dedicamos a traducir para pagar la luz, la renta, etc., y los académicos, que generan pensamiento en torno a la reflexión, somos vecinos distantes.

“A nosotros nos interesa cerrar esta aparente brecha entre unos y otros. No es una discusión exclusiva de México. Se da en muchas partes, como en España, donde está muy viva. Los traductores acusan a los investigadores de que no traducen, y los investigadores acusan a los traductores de que no piensan. Cosa que no es cierta tal cual. No se pueden poner las cosas en blanco y negro. Hay muchos matices y la realidad es muy compleja, pero la discusión existe y nos pareció muy importante convertirla en el tema central del encuentro para tratar de ver cómo se resuelve.”

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