Pilares que se cimbran

viernes, 31 de diciembre de 2010

MÉXICO, D.F., 29 de diciembre (apro).- Afortunados humanos: ¡Felicitaciones! Están viviendo un intenso y escandaloso momento de guerra cibernética, de la que ustedes pueden ser dueños de su resultado.

¡Ahí es nada! Más allá de que si es legal o ilegal, moral o inmoral, trascendental o trivial, el affaire Assange les está dando la oportunidad de confirmar lo que ya muchos de ustedes, los más y mejor informados, ya sospechaban y comentaban en círculos más reducidos: que poderes, pilares de su mundo, como por ejemplo, el político, el financiero, el industrial, el del mercado, los medios, los religiosos, en no pocos casos están conformados y regidos por tartufos, o sea, por hipócritas que los hacen lo que ellos son, es decir, que deciden y accionan aparentando virtud, cualidad o sentimiento que no tienen y, enmascarados, con los mismos cometen los más reprobables actos e incluso llegan a la perversión y a la corrupción más vituperables.

Algunos ejemplos: los curas pederastas; Marcial Maciel, cuyas transas criminales han puesto en entredicho a altas jerarquías de la Iglesia, incluso al extinto papa Juan Pablo II y al actual, Benedicto XVI. Los políticos fraudulentos, esos que en sus campañas electorales prometen el oro y el moro, y una vez elegidos, no les faltan pretextos para justificar su incumplimiento; G. W. Bush, cínico generador de brutales guerras preventivas justificadas con falacias. La ineptitud, la irresponsabilidad, cuando no sus triquiñuelas, de las grandes instituciones financieras estadunidenses, provocadoras del desastre financiero cuyo rescate está pagando el mundo entero; Bernard Madoff, el financista que generó el mayor fraude bursátil de la historia. Los vendedores de armas de todas partes del mundo, estadunidenses, rusos, chinos, israelitas, por citar algunos.

Otra cosa que está poniendo el affaire Assange: el miedo que los ya citados pilares de la sociedad, o sea, las distinguidas y correctas personalidades que las conforman y dirigen; por supuesto, miedo a la información transparente y accesible a todos, a que la gente se entere comente, critique y reaccione ante la ineptitud, irresponsabilidad o transas --¡que existen!— en que hayan podido caer o cometido eminentes funcionarios que representan y actúan en nombre de esos poderes ya citados, pilares de la sociedad, si es que son, claro está, irresponsables, ineptos y tartufos, o lo que es lo mismo, personas de doble moral.

Esto último, a mi modo de ver, explica el porqué en nombre de ser correctos, de guardar las formas, de no escandalizar, de proteger secretos de Estado, de la seguridad nacional o del derecho a la privacidad, esos mentados poderes, pilares de la sociedad, por lo general, sin nombrarla, practican la omertá, la Ley del silencio; “ley” impuesta por el miedo, generado por medio de amenazas que llegan incluso a la muerte; ley impuesta y practicada por la camorra, la mafia y otras organizaciones criminales con el fin de evitar denuncias o delaciones. ¿Estoy equivocado o no? ¿Qué opinan ustedes, estimados humanos?

Un punto que ha reforzado y puesto de relieve el affaire Assange es la deplorable visión negativa que se puede tener y tantos de ustedes, los humanos, tienen de la diplomacia y los diplomáticos.

Ustedes, mis estimados, juzguen si estoy o no en lo cierto al afirmar que las razones, documentos, protagonistas y testigos dados a conocer por el portal WikiLeaks, creado por Julian Assange, confirman y robustecen, y da la razón a Henry Wooton, poeta y diplomático inglés, cuando escribió que “un embajador es un hombre muy honrado al cual se manda muy lejos a mentir en bien de su país”; o a Napoleón cuando, a Talleyrand, su ambicioso, tortuoso y desleal ministro de Asuntos Exteriores, le gritó que era “pura mierda en una media de seda”. Y lo más lamentable e inquietante de todo esto es que va a seguir igual, pues tanto espías como espiados, como victimarios y sus víctimas, están actuando como ordena y manda la diplomacia, con cortesía aparente, como si “aquí no ha pasado nada”, asegurándose mutuamente correcto y respetuoso trato, y buenas voluntades. ¿Qué les parece?

A su servidora, esta mezcla de cinismo, arrogancia, tolerancia y acomodo de voluntades por parte de los poderes citados, le huele a “no hay de otra” por parte de las cúpulas de esos poderes a nivel internacional. Me alarma por mi futuro.

Para terminar les pido que recuerden y no olviden que Cristo les dijo: “LA VERDAD OS HARÁ LIBRES”; y también recuerden y no olviden que para descubrir y sostener la verdad, su servidora es necesaria e imprescindible.

A propósito, estimado lector de la presente: en esta llamada “ciberguerra”, ¿de que lado está usted?

Sin más, con todo el respeto que me merecen, queda de ustedes.

LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN

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