Sobre la comunicación chatarra

domingo, 16 de mayo de 2010

MÉXICO, D.F., 16 de mayo (apro).- Respetables y respetados lectores: pues sí, como les dije en un buzón anterior a éste, qué bueno que por fin --¡ya era hora!— se preocuparan, por aquello que sé es lo que se come, del peligro mortal que es para ustedes el consumo de la comida chatarra.

Lo que no me explico, me sorprende y exaspera es que no les despierte igual alarma y preocupación el consumo, por su parte y de tantos de ustedes, de tanta y tanta comunicación chatarra, tan mortal o más para su alma, mente, espíritu, psique, inteligencia o como quiera que lo llamen, como lo es para su cuerpo la comida  chatarra.

Esa su indiferencia y tolerancia a la comunicación chatarra me inquieta, alarma y motiva mi enojo porque tira por la borda, si lo sabré bien por lo que me afecta, la necesidad de nutrición psíquica que tienen como humanos en cuanto a sujetos que tienden, por necesidad, a elevar su potencial cultural para poder resolver de la mejor manera los problemas que los afecten, para ser más humanos también.

Por otra parte, ustedes dirán si esa su indiferencia y tolerancia o, peor aún, esa adicción de tantos de ustedes, los humanos, a la comunicación chatarra, es o no una rotunda negativa en la práctica a su arrogante creencia y orgullosa proclamación de ser seres cuya conductas son movidas e impulsadas por sujetos que son activos e inteligentes, y no meros reflejos de sus circunstancias, por lo que se enfrentan a su medio obteniendo selectivamente información sobre él, para utilizarla posteriormente tras codificarla, transformarla en complejas estructuras de pensamiento que ordenarán y normarán su atención y planificación de sus conductas. ¿Qué dicen? ¿Quién tiene la razón? ¿Ustedes o un servidor?

Por supuesto, no ignoro que su sociedad es la de la comunicación, donde los medios masivos, sobre todo la radio y en particular la televisión, son considerados por excelencia los medios más idóneos, así como los mayores y mejores transmisores de programas de todos los colores y sabores que a todos benefician. ¿Es verdad esta creencia general?

No sé lo que pensarán ustedes, respetados lectores. Por lo que me atañe, debo informarles que servidor considera que esa creencia general es más bien una utopía a realizarse, si es que se logra, en el futuro, pues no tiene en cuenta las condiciones sociales, políticas y comerciales donde funcionan los medios. Es más, digo que esa creencia es falsa, pues presupone que la red de los medios funcionan en un mundo libre de coacciones económicas y políticas y en el que los dueños de los mismos no tienen otra preocupación que la del bien común y no les mueve para nada el interés de la ganancia. ¿Me equivoco al pensar así?

Desde luego, admito, por la cuenta que me tiene, que los medios muy bien podrían servir para que los ciudadanos aprendieran a valorar su personalidad, el carácter único de la misma, los legítimos derechos que tiene y el respeto que se debe a los mismos, cosas todas ellas, a mi parecer, necesarias en una sociedad que le está amenazando día y noche con empujarlo al precipicio del anonimato, la impersonalidad y la impotencia; pero desgraciadamente no es así, por lo que diariamente tengo que sufrir, ya que ustedes, respetados lectores, en no pocos casos poco o nada hacen para que no sea así, tengo que sufrir, repito, el que los medios, sobre todo la radio y la televisión, se limiten a ser escaparates de sueños por satisfacer y lugar donde se adormece al ciudadano con la monotonía de una información superabundante, superficial en su mayoría y más confundidora que formadora, en vez de servir para el diálogo critico, propositito y creador, tan necesario para ustedes e indispensable para un servidor; medios que se dedican más que nada y con entusiasmo y cálculo, a crear euforias drogadas y drogadizantes, en vez de alimentar al espíritu, al alma, la psique, mente o como quiera que gusten llamarlo.

¿Resultado de lo expuesto?: que ustedes, respetables y respetados lectores de la presente, como la inmensa mayoría de los humanos, alimentan a su espíritu, alma, psique, mente, etcétera, con comunicación chatarra, o por lo menos están en serio peligro de hacerlo.

Por la cuenta que me tiene, espero que pronto, como emprendedores que son en una sociedad que aprecia las iniciativas, emprendan una seria guerra contra la mortal comunicación chatarra; que la inicien antes de que la misma me debilite, embrutezca o anule… pues de ser así, ¡ay de ustedes!.

Con mis mejores deseos para todos,

EL ESPIRITU (o como quieran llamarme).

 

cvb

--FIN DE NOTA—

 

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