José Fuentes Mares, un historiador con escuela propia", de Jorge Herrera Velasco

domingo, 6 de junio de 2010

MÉXICO, DF, 6 de junio (apro).- La Universidad Autónoma de Ciudad Juárez acaba de poner en circulación un libro que, anuncian, es “una valoración crítica de la obra” del escritor e historiador chihuahuense José Fuentes Mares, obra del maestro de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), Jorge Herrera Velasco (DF, 1941).

         El autor, señalan los editores, “muestra por qué se puede afirmar que José Fuentes Mares practicó una manera propia de realizar la labor historiadora que bien podría denominarse la escuela fuentesmarina de México”.

         Con una bibliografía y una hemerografía, el volumen de 157 páginas está construido en cinco capítulos: Semblanza biográfica, Valoración literaria, Labor historiadora, Su concepción de la historia, y La crítica. Los acompaña un apartado más de Conclusiones, así como cuatro reseñas sobre Benito Juárez, y una bibliografía cronológica de José Fuentes Mares.

El siguiente texto es el prólogo, escrito por Álvaro Matute:

“La grandeza de don José provenía de su estilo, y advierto que utilizo esa palabra en la acepción que da el célebre discurso de Bufón: ‘el estilo es el hombre’. Prosa galana, inquisitiva, sutil manejo del tropo irónico, amplio sentido del humor, capacidad para burlarse de todo, incluyendo la sacrosanta profesión del historiador, al haber escrito los libros que él calificó como ‘de la nueva onda”: los ya mencionados más Las memorias de Blas Pavón (1966), que fue con el que abrió plaza. Si bien esos libros podrían hacerlo merecedor del calificativo posmoderno, el resto de su obra historiográfica no guarda una distancia mayor con ésa. Ciertamente no recurre a ficciones como la de encontrar un manuscrito en el rastro o la de hacerse mayor de edad una veintena o más de años, o asumir el papel de Scherezada para contar no las mágicas historias del mundo árabe, sino muchas de las atrocidades del devenir mexicano. Los libros de Fuentes Mares son ortodoxamente serios, aunque hay que tener cuidado con este adjetivo, ya que su seriedad radica en que descansan sobre una sólida base documental, lo cual frustra a sus críticos ideológicos que no pueden señalarle omisiones. Radica también en sus interpretaciones que no casan con la historia oficial, pero que tampoco son mera continuación de la historia tradicional conservadora, con la cual guarda, no obstante, simpatías. A esas dos virtudes, que no son poca cosa, se suma la cuestión del estilo. Fuentes Mares fue un gran escritor de historia, ya por utilizar el género biográfico, ya por componer sus páginas con una fluidez que lleva al lector a no querer detenerse sino hasta el final. También está en su inteligencia al ocuparse de grandes protagonistas de la historia mexicana o que incidieron en ella: Poinsett, Santa Anna, Miramón, Eugenia de Montijo, Hernán Cortés, Terrazas el de Chihuahua y, desde luego, don Benito.

“Fuentes Mares dedicó cuatro breves tomos al tiempo, circunstancia y acción del Benemérito y se convirtió en referente obligado en la historiografía juarista, a pesar de la incomodidad de quienes quisieran que todo fuera como don Justo Sierra quería. Don José no cerró filas con Francisco Bulnes ni con el padre Regis Planchet, no se trata de un antijuarista, sino de un historiador equilibrado que supo ponderar los matices, los claroscuros de un hombre de Estado que comprendió que la historia es algo más que una serie de confrontaciones entre los buenos y los malos.

         “Si se hace un balance de la aportación de José Fuentes Mares a la historiografía mexicana, no debe dejar de subrayarse su contribución a la des-sacralización de la historia, a hacerla humana con lo que implica lo humano.

         “Así lo entendió Jorge Herrera Velasco, quien dedicó sus esfuerzos a estudiar y valorar la obra de Fuentes Mares, con especial atención a la tetralogía juarista. El ingeniero químico-escritor-ahora historiador Jorge Herrera se dejó llevar por la poderosa escritura de don José para recrearlo en un trabajo que contribuye de manera firme a restituir la grandeza del chihuahuense como historiador, por añadidura, con escuela propia.

         “Esa escuela propia fue la característica de quien se inició en la filosofía como estudioso de San Agustín y de Kant --dos árboles frondosos-- que le permitieron valorar la aportación del doctor Gabino Barreda y más tarde, con Max Weber, entrar en plenitud a la caracterización gastronómica de anglosajones y latinos. Escuela propia utilizada con libertad desenfadada. Gracias al libro de Herrera es posible transitar por una de las trayectorias más ricas de la historiografía mexicana que supo conjugar el rigor de la academia con el ejercicio de un historiador para los lectores. Para tomar en las manos un libro de Fuentes Mares no hace falta el título en al disciplina, simplemente la curiosidad por el tema y la voluntad de entregarse a las páginas que ofrece. Herrera tuvo la sensibilidad de estudiarlo con rigor académico, pero con la mirada de quien no esgrime una ortodoxia. De esta manera, se asume como un gran intermediario entre el rico mundo de don José y sus lectores.

         “Es de esperar que un libro sobre José Fuentes Mares, editado en su estado natal, sirva para atraerle lectores. Es un historiador cuya lectura grafítica hace pensar como lo hizo con Jorge Herrera, tanto que terminó por consagrarle el libro que el lector tiene ahora en sus manos.”