Tarjetero de posiciones de ajedrez

viernes, 18 de febrero de 2011

Leo un artículo del MI Raúl Ocampo sobre la informática aplicada al ajedrez, donde dice: “Uno de los métodos de estudio más preconizados por la escuela soviética de ajedrez era el uso de ‘tarjeteros’. La idea es poner en una tarjeta una porción de conocimiento, como puede ser una posición básica (de las míticas 300 posiciones), una posición fundamental de una variante o sistema de apertura, o alguna posición con una idea especial. Teniéndolas en tarjetas, el jugador puede prepararse revisando una y otra vez las diferentes tarjetas del tarjetero, como una manera de aprenderlas al ‘dedillo’ literalmente, de la misma manera que un tarjetero con temas de cualquier disciplina académica. Un método muy recomendado por pedagogos de cualquier área.

“En los años anteriores a la informática, como fueron la gran mayoría de los de la existencia de la URSS, los entrenadores soviéticos laboriosamente elaboraban para sus pupilos estos tarjeteros. Utilizaban unos sellos para imprimir diagramas y piezas para poner una posición en una tarjeta, y ya sea a mano o con máquina de escribir, se hacían las anotaciones correspondientes. Ejemplos de esta manera de trabajar nos lo relata la GM Kira Zvorkyna al comentar el apoyo que como entrenador le dio en los años 1950 el GM Piotr Arsenievich Romanovsky, uno de los mejores entrenadores soviéticos, en un artículo publicado por la revista rusa 64 en su número 7 de 2003.

“El más afamado entrenador ruso, el MI Mark Dvoretsky, en muchos artículos menciona su famoso tarjetero con su colección de posiciones interesantes. El uso de tarjeteros o cuadernos para recolectar posiciones y variantes era un estándar entre los entrenadores del siglo XX.  Personalmente en los años 1980 a 1990 escribí varios artículos al respecto, recomendando el uso de las famosas ‘libretas de tres argollas’ que es común utilizar en las escuelas. La idea es poder intercalar hojas cuando es necesario”.

En su libro Cómo llegue a ser Gran Maestro, escrito en la década de 1920, el GM Aaron Nimzovich refiere que mandó a un encuadernador insertar una hoja en blanco entre cada hoja impresa de un libro sobre un torneo de maestros, para poner sus propios comentarios a cada partida. Pero el caso del tarjetero es para facilitar el repasar una y otra vez las mismas posiciones, como revisando un paquete de naipes, incluso para alterar el orden a placer. Repetición una y otra vez era el lema de los entrenadores soviéticos, hasta aprender esas posiciones básicas y las ideas contenidas perfectamente.

Memorizarlas, o incluso más que eso: vivirlas, sentirlas, para luego aplicar esas ideas y esquemas en posiciones similares, pero nuevas. Pasar de la noción, caso aislado, a un concepto, agrupación de casos que están unidos por un patrón, para luego pasar de nuevo al caso concreto. De lo particular a lo general y luego de nuevo a lo particular. De la noción al razonamiento conceptual y luego a la aplicación de una situación específica y única.

A partir esta idea, llegué a la conclusión de que no hay software en el mercado especializado que haga precisamente esto, es decir que permita a los ajedrecistas hacer estos famosos tarjeteros. Más de uno podrá decir que realmente ya no es necesario, pues con Chessbase6, por ejemplo, se pueden tener este tipo de “tarjetas” electrónicas. En alguna medida es cierto, aunque es claro que lo que hace el software alemán no es estrictamente esto.

Así, ¿por qué no tener un software especializado para hacer este tipo de tarjetas ajedrecísticas, como menciona Ocampo en su artículo?

Dada entonces esta motivación, me di a la tarea de escribir mi propia versión del tarjetero ajedrecístico. Todo el sistema me llevó unos cinco días, pues hubo que definir la base de datos, es decir cuál es la información mínima que el sistema debe manejar. El programa debería no sólo poner texto, sino además incluir un diagrama en cada tarjeta. Igualmente, debería poder imprimir las tarjetas y, desde luego, hacer búsquedas sobre los temas definidos en las mismas. De esta manera tendríamos esta vieja herramienta, modernizada en las computadoras de hoy.

Aprovechando que actualmente existen muchos tipos de letra que despliegan “ figurines”, es decir las piezas de ajedrez, pude crear en “modo texto” los diagramas, de manera que no ocupan tanto espacio en la base de datos respecto de lo que usarían en caso de usar imágenes bmp o jpg.

Poco a poco el software fue tomando forma, y al momento de escribir esto ya tengo una versión beta, a la que denominé ChessCards. Y sí, ya sé, ¿por qué en inglés? De acuerdo con la teoría de mi hermano Pedro, al mexicano le encanta ser malinchista. Vaya, si el manual de algún dispositivo viene en coreano, entonces estará encantado.

A quien le interese el software, escríbame a morsa@la-morsa.com y se lo mandaré de forma gratuita a vuelta de correo.

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