Artista mexicana, emblema internacional de Human Rights Watch

miércoles, 9 de marzo de 2011

MÉXICO, D.F., 9 de marzo (apro).- En su clase de óleo, Lilia Elisa Rodríguez Valdez, estudiante de Artes Plásticas en Saltillo, Coahuila, expresó de una manera singular su repudio a la censura.

Su primer cuadro, “Los Arcos”, sirvió para canalizar la frustración por su pasado pleno de prohibiciones, agravios y contenciones.

En su natal Sabinas, Coahuila, Elisa creció rodeada de prejuicios. En esa tierra de hombres rudos y mujeres hogareñas, donde la minería y el campo curten una conservadora intolerancia, la joven pintora jamás pudo ser ella, sin consecuencias graves y deprimentes.

Desde niña se supo lesbiana y también artista, pero durante años no pudo ser lo uno ni lo otro.

A fuerza de imposiciones familiares, la joven cursó una licenciatura en informática y,  concluidos sus estudios, consiguió empleo. Cuando reunió lo necesario, migró a Saltillo, lugar donde al fin pudo cumplir sus deseos.

Hace cinco años, Elisa se matriculó en la Escuela de Artes Plásticas “Rubén Herrera” de la Universidad Autónoma de Coahuila. A sus 29 años de edad, acudió a su primera clase de óleo y realizó su primera obra, “Los Arcos”.

Hace unos días, “Los Arcos” dejó de ser una pieza catártica y de aprendizaje personal y se convirtió en el emblema de una campaña internacional, impulsada --desde Ginebra, Suiza--, por un grupo de 35 prestigiados organismos promotores de derechos humanos para combatir la censura en países del mundo islámico.

 

No oigo, no veo, no hablo…

 

Con un fondo negro, el azul prevaleciente construye una estructura palaciega. Una prolongada escalinata se adivina en la parte inferior, hasta llegar a una superficie de la que nacen dos columnas dóricas.

Columnas y paredes conforman la morfología que soporta tres arcos. En ellos, cabezas antropomorfas asoman inexpresivas, asexuadas, atemporales, cubriéndose, una, la boca; otra, la cavidad auditiva, y la tercera, los ojos.

“Los Arcos” forma parte de la colección “No oigo, no veo, no hablo…”, conformada por los óleos “El Ajedrez”, “La Serpiente” y “El Cuerpo”. Cada uno mantiene como línea discursiva el motivo censor, pero con evocaciones originarias diferentes.

“El Ajedrez” es un tablero del juego ciencia, donde pequeñas piezas de forma humana son manipuladas por enormes dedos que se posan en ojos, orejas y boca.

En el otro cuadro, “La Serpiente”, un poderoso reptil envuelve a tres mujeres desnudas, y cada una usa sus propias manos para cancelarse la vista, el oído y la voz.

 Y “El Cuerpo” muestra otra vez los sentidos cubiertos sobre un cuerpo cercenado.

Sin embargo, “Los Arcos” se convirtió en objeto de atención para Human Rights Watch (HRW). El óleo sobre tela de 50 por 60 centímetros está ahora expuesto en propagandas, publicaciones y sitios electrónicos de Europa, Medio Oriente y África.

 

De la intimidad al mundo islámico

 

A finales de febrero pasado, Elisa recibió una llamada de Suiza. Su interlocutora, Julie de Rivero, quien, después se enteraría, es directora de HRW en Ginebra, le pedía autorización para utilizar una de sus obras como emblema de una campaña contra la censura y la represión en el mundo islámico y algunos países africanos.

Elisa, quien se ha dedicado más a la escultura que a la pintura, había colocado fotografías de su obra en el sitio electrónico www.artelista.com, donde el equipo de HRW vio su pintura y decidió incorporarla a su campaña.

“Por supuesto, acepté de inmediato. Yo conservaba esa pintura por su importancia personal para mí, aunque estaba consciente de que, siendo la primera, tenía deficiencias técnicas…cuando recibí la propuesta me sentí genial, lo compartí de inmediato con mis amigos”, dice.

Con apenas unas cuantas exposiciones al aire libre y en sitios privados, negados los espacios oficiales de Coahuila para su obra, la artista asegura que  hacer esos cuadros y temáticas liberó sus inconformidades, adquirió más seguridad en sí misma y hoy no duda en mostrarse como es.

“Desde siempre supe de mi naturaleza y siempre quise expresarla. La  forma adecuada de hacerlo fue a través del arte”.

 La artista prepara actualmente una colección escultórica sobre “Mujeres y su obra erótica”, en la que imprimirá una perspectiva lésbica que, si bien sabe que puede ser escandalosa y en el universo cultural local incluso podría ser objeto de censura, advierte que se va a arriesgar.

“Mi temática es la censura. ‘Los Arcos’ lo hice para mi clase de óleo en la universidad. Se trata del misterio, es decir, si una persona, por naturaleza,  se puede expresar al hablar, al escuchar, al ver, ¿por qué no lo hace? Mis cuadros expresan otros aspectos de la censura, buscan el por qué de las cosas, el misterio de la censura que el arte pueda desentrañar.

“Mi experiencia personal fue la censura. Quedarme callada y reprimir lo que siento, lo que pienso sobre lo que veo y oigo. Hoy ya no es así. Hoy no debo seguir las reglas que intentan imponerme otros y que yo no estoy de acuerdo en seguir…

“Me refiero a la cultura de la sociedad norteña, a los prejuicios, a los tratos degradantes, psicológicos, verbales, que en algunos lugares también son físicos… Me refiero a la cultura de las sociedades conservadoras, a los prejuicios, que nadie, en ninguna parte, tiene por qué soportar, y espero que mi obra sirva un poco para conquistar su libertad”.

 

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