El nuevo Cárcamo de Dolores

martes, 26 de abril de 2011

Convertido, desde diciembre de 2010, en el núcleo de un interesante proyecto museístico que integra la historia de la ingeniería hidráulica de la Ciudad de México, el diseño paisajístico contemporáneo y el arte mexicano moderno y electrónico, El Cárcamo de Dolores –que se ubica en la segunda sección de Chapultepec–, tiene un gran potencial para llegar a ser un exitoso centro de promoción y difusión masiva de expresiones que relacionen arte, ciencia y tecnología. 

Inaugurado en 1951 como una compleja infraestructura que recibía y distribuía el agua proveniente del Río Lerma en el Distrito Federal, El Cárcamo fue también una exitosa síntesis de la integración plástica entre la función arquitectónica, la escultura y la pintura mural. 

Construida en la transición entre el predominio de las estéticas mexicanistas-prehispanistas y la introducción de las estéticas funcionalistas, la casa de máquinas –o edificio de recepción y distribución– fue diseñado por el arquitecto Ricardo Rivas (México, 1913-1998) quien, a su vez, invitó al afamado muralista Diego Rivera (México, 1886-1957) para que decorara el inmueble con interpretaciones plásticas relacionadas con el tema del agua. 

Considerada por el prestigioso artista como “la ocasión más interesante de trabajo” en su vida –revista Espacios, número 9, México, febrero de 1952– la intervención se basó en un programa iconográfico que abordó el tema del agua desde perspectivas científicas, culturales y mitológicas. Estas últimas son especialmente interesantes, ya que se sintetizaron en una enorme escultura conformada con mosaicos de piedras de colores que, bajo el título de la Fuente de Tláloc, está emplazada en el exterior. 

Concebido actualmente como una extensión del Museo de Historia Natural y Cultura Ambiental que pertenece a la Secretaría del Medio Ambiente del gobierno de la Ciudad de México, El Cárcamo fue enriquecido con una plaza que detona la convivialidad y un talud-escalinata que permite la visibilidad de la gran escultura a piso. En lo que respecta al arte contemporáneo, se invitó al creador en medios electrónicos Ariel Guzik (DF, 1960) para que interviniera con una obra sonora los espacios del Cárcamo. 

Reconocido por la creación de instrumentos que transfiguran fenómenos naturales o tecnológicos –vibraciones de los sonidos de las ballenas, cantos de grillos, alteraciones de las ondas televisivas– en imágenes y sonidos electrónicos, Guzik realizó una pieza que consiste en la transubstanciación del viento, la luz solar y el paso del agua que se mueve abajo del Cárcamo, en sutiles sonidos que se emiten a través de dos órganos que flanquean las pinturas de Rivera. 

Inaugurada el pasado sábado 16 de abril bajo el título de La Cámara Lambdoma, la pieza del también iridólogo y herbolario se impone por su diálogo entre el arte, la ciencia y la naturaleza. Diseñada sin los objetivos funcionales que caracterizan a la tecnología, La Cámara Lambdoma, si bien se concreta en una seductora caja que estéticamente remite tanto a la ciencia ficción como al art decó, también se expande hacia el exterior a través de discretas placas con grafías inventadas, que evocan los elementos naturales en constante transformación. 

Fascinante por su capacidad de hacer sonoramente tangible lo intangible de la naturaleza, Guzik inicia, con esta obra, la presencia permanente del arte electrónico en Chapultepec. Visitado por multitudes durante los fines de semana, el parque citadino es un lugar idóneo para estimular y dar a conocer los cercanos vínculos que existen entre el arte, la ciencia y la tecnología. 

 

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