"La justicia se la dejo a Dios", dice tío de Humberto Leal

jueves, 7 de julio de 2011
MONTERREY, N.L. (apro).- “Vamos a dejar a Dios que los juzgue a ellos”, dice con tristeza Alberto Rodríguez Carmona, después de enterarse que su sobrino Humberto Leal García, originario de Monterrey fue ejecutado esta tarde en la prisión de Huntsville, Texas, por una violación y asesinato que cometió contra una menor en 1994. En los últimos momentos de su vida, Humberto estuvo acompañado de su hermana menor Ángela, quien estuvo presente en la cámara de ejecución. Los padres del sentenciado, don Humberto y doña Francisca decidieron no estar presentes en el procedimiento letal, aunque sí estuvieron cerca de su hijo, en el exterior de la prisión Walls, de Huntsville, 260 kilómetros al sureste de Dallas. En su última voluntad, Leal García pidió que su cuerpo fuera trasladado a México y sepultado en el panteón La Piedad, del municipio neoleonés de Benito Juárez, 20 kilómetros al norte de Monterrey, donde descansan los restos de su abuela. En la casa de don Alberto en la colonia 23 de Noviembre, de Guadalupe, Nuevo León, donde reside con su esposa, hermana de la madre de Humberto, dice que sólo hay dolor y frustración por la injusticia. Sin embargo, afirma que no siente coraje contra el gobierno de Texas que decidió ejecutar a las 18:00 horas al regiomontano de 38 años por el método de la inyección letal. “La injusticia ya se cometió. Ya hicieron lo que querían. Rencores no va a haber. Vamos a dejar que Dios los juzgue a ellos de la manera conveniente. Él es el que cobra las cuentas de todo lo mal que hacemos y nos premia de todo lo bueno que hacemos”, dice. A las 16:00 horas, poco antes de que se cumpliera la sentencia capital, hubo una misa con familiares en la casa de don Alberto. Ahí estuvieron presentes familiares y amigos de la familia esperando el milagro que nunca llegó. Poco después de la hora señalada, dice que recibió un telefonema de Humberto Leal padre, dándole la noticia fatídica. “Hablé con el papá de Humberto en el momento que iba saliendo su hija y la gente que llevaron para que entrara. Nomás me dijo que la gente allá (la justicia texana) había llevado a cabo lo que había planeado, y no tuvo palabras para seguirme contestando”, dice. El tío de Beto, como le decían al regiomontano de la colonia Buenos Aires, considera lamentable la actuación de la justicia texana que le impuso un juicio inequitativo, pues no hubo oportunidad de que la defensa presentara argumentos sólidos. “Esto ocurrió por todas las anomalías que permitió el juez en la corte y que nunca dejó que se presentaran las pruebas que ellos (la defensa) tenían para demostrar la inocencia. No aceptó testigos”, señala el tío político de Humberto, que, como toda la familia mantuvo la esperanza hasta el fin. Humberto Leal García tenía 21 años cuando fue detenido por policías texanos en San Antonio, que lo acusaron de haber secuestrado de una fiesta, violado con un palo y asesinado a Adria Savedra, de 16 años. El crimen ocurrió, según la ficha criminal, el 21 de mayo de 1994. Cuando fue encontrada desnuda, la chica tenía el cráneo despedazado por un bloque de asfalto. En la vagina todavía tenía el palo con el que fue violada. Leal pasó los últimos 17 años de su vida alegando inocencia. El día de la ejecución, la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos rechazó la última solicitud del gobierno del presidente Barack Obama, que había pedido seis meses de plazo para revisar de nuevo el juicio al que fue sometido el regiomontano.

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