Omar "El Gato" Ortiz, el gol fulminante

sábado, 14 de enero de 2012
La afición rayada lo quería. Si acaso no lo tuvo todo, al menos había conseguido vestir, así fuera por una sola vez, el uniforme de la selección nacional en la Copa Oro 2002. Despedido del futbol profesional por casos comprobados de dopaje, el exportero de Rayados Omar El Gato Ortiz pareció no resignarse a la desgracia económica que eso supuso. Ahora está bajo arraigo, acusado de pertenecer a una banda de secuestradores: el gol más letal que recibió en su carrera… MONTERREY, NL.- Omar El Gato Ortiz estaba desesperado. Tenía casi dos años de estar fuera de las canchas profesionales desde que Rayados lo despidió al dar positivo en un control de dopaje para un juego del Torneo Clausura 2010. La Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) lo había suspendido dos años por el uso de sustancias prohibidas, y él había anunciado que apelaría la decisión ante la Federación Internacional de Futbol Asociación (FIFA). Si lo hizo, el movimiento no prosperó. Ya hacía meses que tenía problemas económicos. De acuerdo con una fuente del gobierno de Nuevo León, debía varias mensualidades de su amplia casa ubicada en San Nicolás. Tras la sanción, el guardameta planeaba iniciar un negocio de venta de artículos deportivos. Quería capitalizar su imagen e impartir clínicas para arqueros. Sabía que dos años de inactividad son muchos para un portero profesional, pero afirmaba que no tenía tiempo para lamentarse y que le urgía estabilizar su economía para mantener a su esposa y a sus seis hijos. Ahora practicaba futbol rápido en la Liga Casa Bella, de San Nicolás. En esa cancha jugó el 16 de julio de 2010 un “clásico del recuerdo” con futbolistas retirados de Tigres y Rayados para recaudar fondos a favor de los damnificados por la tormenta tropical Alex, que el día 1 de ese mes devastó la ciudad. La misma fuente relata que la vida de Ortiz dio entonces un giro, pues fue contactado por un grupo delincuencial ligado al Cártel del Golfo que lo invitó a participar en secuestros. Al principio Ortiz rechazó la propuesta; sin embargo –según el informante–, conservó el número telefónico de la persona que le hizo el ofrecimiento y al poco tiempo se comunicó con ella para decirle que aceptaba el ofrecimiento. (Extracto del reportaje que se publica esta semana en la revista Proceso 1837, que ya está en circulación)