El verdadero "tesorito" de las trasnacionales

sábado, 14 de junio de 2014

De acuerdo con un especialista en materia energética, el interés fundamental del capital extranjero en el caso de México se enfoca a un negocio muy distinto del relacionado con la exploración y explotación de hidrocarburos, como el petróleo y el shale gas, de los que se dice que México tiene reservas enormes, que son más ilusión que realidad. Para las trasnacionales, dice, el verdadero “tesorito” es la venta y renta de maquinaria para realizar esos trabajos…

MÉXICO, D.F. (Proceso).- Todo es una ilusión: México no cuenta con reservas probadas de petróleo en aguas profundas ni de gas de lutita (shale). Y si hay interés por parte de las empresas trasnacionales, no es por lo que ganarán con la extracción de hidrocarburos, sino por la fabricación o renta de equipos para perforar y explorar.

 Quien afirma lo anterior es Francisco Garaicochea, ingeniero petrolero jubilado y Premio Nacional de Ingeniería Petrolera, quien remata: “El efecto multiplicador (es) el verdadero tesorito”. Eso es lo que hay detrás de la repentina promoción gubernamental para la explotación del shale gas.

Comenta que desde la aprobación de la reforma constitucional en materia energética el gobierno ha reclamado que mientras en 2012 Estados Unidos perforó 9 mil 100 pozos de shale gas/oil, México apenas llegó a tres.

En febrero pasado, dos meses después de aprobarse dicha reforma en el Congreso de la Unión, el titular de la Secretaría de Energía (Sener), Pedro Joaquín Coldwell, comenzó a reclamar por el bajo aprovechamiento de los recursos naturales: “México va lento”, expresó al comparar la perforación de pozos en Estados Unidos y en territorio nacional.

El país tiene cinco cuencas o zonas con shale gas, pero de los 14 pozos que han sido perforados para extraerlo, únicamente tres han resultado rentables hasta ahora. Según Garaicochea, el verdadero valor no está en la producción obtenida, sino en todo lo que genera una empresa por perforar un pozo.

El petróleo fácil, barato y rápido de extraer se encuentra en las formaciones de yacimientos de lutitas (shale oil), detalla Garaicochea a Proceso, pero aclara: Eso es para Estados Unidos, no para México.

Ambos países comparten la formación de una cuenca de yacimiento de roca lutita, la cual tiene un alto contenido en gas y petróleo; en la nación del norte, dicha zona se ubica al sur de Texas y su nombre es Eagle Ford; en México colinda con Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas.

Garaicochea explica que mediante la perforación de pozos horizontales y el fracking (fracturamiento múltiple de la roca) a base de presión de agua en grandes cantidades se obtiene gas y petróleo.

“En Estados Unidos no es rentable la explotación de pozos que producen sólo shale gas por el bajo precio de ese producto; por eso las compañías medianas decidieron trasladarse más al norte”, comenta Garaicochea, quien coordina también al Grupo de Ingenieros Pemex-Constitución 1917.

Considera que el interés del gobierno de Peña Nieto por promover la exploración y explotación del shale gas en México deriva del informe de la Agencia Internacional de Energía de Estados Unidos (AIE). Según el documento difundido en abril de 2011, en el mundo hay 6 mil 622 billones de pies cúbicos probables de gas.

México, puntualiza, ocupa el cuarto lugar por sus reservas. “Puede tener en formaciones de shale gas recursos técnicamente recuperables por 681 millones de millones de pies cúbicos, un volumen 50 veces mayor que las reservas probadas actuales”, indica la AIE.

Jordy Herrera, último titular de la Sener durante la administración de Felipe Calderón, declaró en junio de 2012 que “el shale gas es la llave del futuro económico y energético de México; podría atraer entre 7 mil y 10 mil millones de dólares anuales y generar 1 millón y medio de empleos”.

Meses antes, a finales de noviembre de 2011, María van der Hoeven, directora ejecutiva de la AIE en México, expresó: “Ustedes están sentados en un recurso de gas, así que la pregunta es: ¿Cómo van a usar eso para beneficiar a su país?”.

La riqueza y sus beneficiarios

En México hay cinco cuencas con shale­ gas: Burgos, con 62 mil 670 kilómetros cuadrados en la frontera de Tamaulipas, Texas y el Golfo de México; Sabinas, con 62 mil kilómetros cuadrados, ubicada entre el noroeste de Coahuila y Santiago, Nuevo León; Tampico-Misantla, que limita al oeste con la sierra Madre Oriental y se extiende de Tampico a la localidad costera de Tecolutla; la llamada Plataforma de Tuxpan, entre Poza Rica y Tamiahua, y la de Veracruz, que comprende los alrededores del puerto jarocho hasta el Golfo de México, con una extensión de cuando menos 22 mil 400 kilómetros cuadrados.

Según Francisco Garaicochea, el análisis de la AIE es sólo una prospectiva; nada está probado. Y aunque “todo es una ilusión”, las grandes trasnacionales se ciñen a los designios de la AIE, reitera.

Y cita un ejemplo: “ExxonMobil terminó en Polonia dos pozos exploratorios que resultaron incosteables, por lo que abandonó sus actividades en busca de los 187 millones de millones de pies cúbicos de gas que la ENI (la empresa italiana de energía) le atribuyó a ese país como recurso recuperable en shale gas”.

Pemex, dice el entrevistado, quiso comprobar los datos del análisis de la agencia respecto a México para “evaluar el shale gas en la cuenca de Burgos”. Incluso perforó 14 pozos. Los resultados han sido desastrosos. En primer lugar, el costo se triplicó con respecto a los pozos terminados en la misma región de Estados Unidos; segundo, las producciones de gas fueron muy bajas, con aportaciones insignificantes de condensado y petróleo.

“Hasta ahora el nuevo tesorito de shale gas aún no aparece y todo indica que las estimaciones del potencial de la Agencia Internacional de Energía respecto a México son exageradas”, comenta.

Con datos oficiales de Pemex, Garaicochea detalla que de los 14 pozos terminados en formaciones shale gas entre 2011 y 2013, en ocho se obtuvo “gas seco”, en tres gas húmedo, en uno gas y en dos no se obtuvo nada.

Lo más interesante es que de los 14 pozos, sólo tres resultaron “rentables, suponiendo una situación de costos favorables que podría lograrse aplicando una economía de escala similar a la lograda en Estados Unidos y si se contara con infraestructura equivalente”, refiere Garaicochea

Los efectos multiplicadores

Para promover la explotación del shale gas, la Sener abrió un vínculo en su página electrónica en el cual detalla que México es la cuarta potencia mundial en presencia de este tipo de hidrocarburo y enaltece sus bondades, que, apunta, Estados Unidos ha sabido aprovechar.

Gracias al usufructo del shale gas, el vecino país disminuyó las importaciones de gas natural de 11.9 millones de pies cúbicos diarios en 2005 a 9.46 en 2011.

De ahí toda la algarabía por ese tipo de recurso en México, aclara el ingeniero Garaicochea, sin dejar de advertir que es “una ilusión porque en el país no tenemos reservas probadas ni certificadas, ni de petróleo ni de gas en aguas profundas, ni en formaciones de lutitas”.

La pregunta es: ¿por qué tanto interés en promover la perforación de este tipo de pozos?, dice. Y él mismo contesta: La respuesta está en el “efecto multiplicador” o “valor agregado”.

Lo que importa, explica, no es la renta petrolera o el gas que se obtenga; “es el efecto multiplicador; es el valor agregado de todas las empresas que se benefician por la existencia del proyecto para perforar un pozo. ¡Es un mundo de dinero lo que hay alrededor! Es mucho dinero que entra al Estado… pero no a México, sino al país del que procede la empresa trasnacional”.

Garaicochea describe ese efecto multiplicador: Se generan miles de empleos y se reciben enormes recursos en el erario por fabricar la maquinaria que se requiere,como son las tuberías de perforación, de revestimiento, de producción y de descarga.

Además, se hacen caminos de acceso a los pozos; se rentan barrenas, lastra barrenas, arietes, árboles de válvulas, separadores, tanques de almacenamiento, plantas recuperadoras de condensados, restaurantes, bancos, pipas, ferrocarriles, oleoductos, gasoductos, que sólo se construyen porque se requieren para explotar los yacimientos de lutitas.

Considera por ello que “la baja o nula rentabilidad” de la exploración y explotación en aguas profundas o la perforación para gas de lutita en las cinco cuencas que tiene el país no son lo primordial para empresas de Estados Unidos o de países europeos, “y es que esta baja o nula rentabilidad es compensada con creces por el pago de impuestos generados al mantener trabajando sus recursos humanos y las fábricas de equipos que exportarán a México”.

 Garaicochea pone un ejemplo: “Para aguas profundas el equipo para una plataforma de licuefacción de shale gas vale 8 mil millones de dólares. A ello deben sumarse (los aditamentos) que van a fabricar las terminales para embarcarlo, los propios barcos (para trasladarlo a su punto de venta). Así, el interés de ellos (los inversionistas extranjeros) no es lo que van a ganar extrayendo petróleo o gas, sino lo que van a ganar fabricando (equipo y maquinaria) en sus países de origen. Así lo hacen la ExxonMobile y la Chevron. Es lo que les importa”.

 Además, cuando terminen un pozo podrán deducir lo que invirtieron, pues así lo establece la ley secundaria de hidrocarburos; en otras palabras, ellos van a ganar-ganar.

Y cita otro caso: la reconfiguración de la refinería de Cadereyta. Ahí, dice, ganó la licitación una empresa coreana que obtuvo en su país un financiamiento con tasa de cero interés. Lo que buscaban los coreanos era el efecto multiplicador; es decir, los empleos que generó, la maquinaria que creó, la herramienta que rentó. En resumen, toda la tecnología que México no tiene y que ese país coreano pudo vender.

Garaicochea recuerda también que en la Cuenca de Burgos, a la empresa española Repsol se le entregó el primer contrato de servicio múltiple y fue precisamente para extraer shale gas. El resultado es que la producción no ha aumentado ni el precio del gas doméstico ha disminuido, porque ese no es su objetivo, reitera.

“El interés por la reforma para explorar aguas profundas y perforar pozos de gas de lutita es de aquellas, de las trasnacionales, porque según su prospectiva aquí hay mucho gas, pero no se tiene una sustentación técnica ni económica. Para ellas es vital llegar a México. Todo es una ilusión o especulación, si se quiere, porque no se parte del verdadero análisis y cuantificación, que sería el de contar con reservas probadas, certificadas y sin desarrollar”, sostiene el entrevistado.

 Por ello, dice, la reforma energética no tiene ningún beneficio para México, y sí en cambio grandes peligros, como lo sucedido en Lousiana, donde hubo un derrame de petróleo porque no hubo apego a la reglamentación; “por la urgencia de perforar rápidamente para maximizar las utilidades se dio el fallo en la operación”.

 Aquí, el otro problema con el shale gas es que hasta el momento la Comisión Nacional de Hidrocarburos no ha emitido la regulación o lineamientos técnicos para explotar formaciones de lutita y obtener gas y petróleo. Realizar esa tarea, indica, es importante porque existe mucha oposición ante los efectos contaminantes en perjuicio de los mantos acuíferos por la gran cantidad de aditivos que se usan para el fluido fracturante.

Y si de beneficios se trata, añade, sólo habrá que ver cuántas empresas trasnacionales que hoy están en Brasil ya se apresuran para venir a México. Explica que allá la compañía Petrobras, que pertenece al Estado, es “el operador”, el que mide lo que está produciendo, el que programa las reparaciones, lo que se debe producir…

Petrobras, añade, es el jugador fundamental de un contrato, y en México no sucederá eso. Otra ventaja es que Brasil tiene equipo y herramientas propias, mientras que en México todo lo traerá la trasnacional que, además, rentará el equipo.

 En la Cámara de Diputados, durante la discusión de las reformas secundarias que se inició el jueves 5 y terminará el jueves 19, algunos legisladores del partido Movimiento Ciudadano pedirán que se incluya un análisis de los efectos negativos del fracking para obtener shale gas, pues en las leyes propuestas no se consideran las consecuencias para la población ni para el medio ambiente.

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