Descansan capos entre lujo y opulencia en narcopanteón de Culiacán

lunes, 18 de agosto de 2014
MÉXICO, D.F. (proceso.com.mx).- El panteón Jardines del Humaya, en Culiacán, Sinaloa es célebre porque ahí están enterrados narcotraficantes famosos y por su sección de narcocriptas que semejan catedrales en miniatura. En ese cementerio reposan los restos de Arturo Beltrán Leyva El Barbas, abatido en Morelos durante un enfrentamiento con la Marina. También Ignacio Nacho Coronel Villarreal, muerto en 2010 en un tiroteo con militares en Jalisco, además de Francisco Pancho Arce Rubio, integrante del grupo criminal “Los Ántrax”, detalla una nota del diario sinaloense El Debate. Las tumbas son verdaderos mausoleos de mármoles blancos y rosados destinados a perpetuar la memoria de sus moradores. Estas construcciones de los últimos 20 años poseen todos los lujos y servicios, lo que hace único a este panteón. La opulencia incluye paneles solares, aire acondicionado, televisión satelital, habitaciones, baños y cámaras de vigilancia en los nichos. Varias tumbas cuentan también con lujosos herrajes y acabados. En sus altares pueden observarse fotografías del finado en vida, con su “cuerno de chivo” en las manos. Ahí está la tumba donde descansan los restos de la mujer y dos hijos del Güero Palma, muertos trágicamente. La fama del cementerio tiene alcances a escala nacional e internacional e incluso una sobrina del actor Mario Almada realizó un documental, además de haber sido visitado por periodistas de varios países del mundo. El documental se titula El Velador, dirigido por Natalia Almada, el cual incluso representó a México en la Sección Oficial del Festival de Cannes 2011. El trabajo cuenta la historia de Martín, velador del panteón, quien afirma que “Aquí por las noches hay fiestas, traen música de banda y disparan sus armas al aire”. Y es que, según El Debate, a las criptas más nuevas y lujosas, frecuentemente los seres queridos de los finados llevan bandas y grupos norteños. En el pasado, el cementerio resguardaba los restos de familias de clase media-alta y es uno de los más tradicionales de Culiacán luego de que el panteón San Juan se saturó.

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