Gobierno debe superar la lógica del mercado inmobiliario: académicos de la UNAM

miércoles, 4 de octubre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- Los sismos del 7 y el 19 de septiembre afectaron 150 mil viviendas, de las cuales 52 mil 374 –cantidad similar al número de viviendas construidas en todo el país durante 2016– sufrieron daños irreparables por lo que deben ser demolidas, aseguran académicos de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El 70% de las edificaciones dañadas son de interés social, mientras que el 30% restante son de interés medio o residencial. El costo promedio por metro cuadrado es de 3 mil 500 pesos, 9 mil 700 y 15 mil 700, respectivamente, comenta Marco Tulio Mendoza, de la Facultad de Ingeniería. Según las autoridades, los afectados recibirán apoyos de 120 mil pesos, cantidad que apenas alcanza para pagar el 30% de una nueva casa de interés social. Al respecto, Mendoza lamentó que, ante el exiguo apoyo, la gente recurrirá a la autoconstrucción, que es más costosa y peligrosa que la formal. Durante la conferencia “La vivienda en la Ciudad de México después de los sismos”, organizada en el Instituto de Investigaciones Económicas de la UNAM, el especialista comentó que, más que apoyo económico, el gobierno debe activar programas de reconstrucción por parte de organismos oficiales, o bien dar asesoría profesional a quienes deseen construir su propia vivienda. Mendoza aseguró que la Facultad de Ingeniería cuenta con un manual de autoconstrucción, y ofreció reimprimirlo para ponerlo a disposición de la gente, además de impartir un curso en internet sobre el tema. Su colega Adolfo Sánchez Almanza, del Instituto de Investigaciones Económicas, afirmó que debe haber planeación en la construcción de las ciudades y dar seguridad a la población, a los padres de familia, así como a los transeúntes y a los arrendatarios de departamentos. Lamentó que el público no conozca los Atlas de Riesgos, pues sólo se utilizan en función de la especulación inmobiliaria, pues cuando se conoce que una franja territorial es riesgosa, la plusvalía se cae. En este caso sugiere que el Estado supere esa lógica del mercado y “hacer planeación en función de la seguridad ciudadana”. Y como, algunas entidades ni siquiera son contempladas, Almanza insistió en que es momento de replantear el presupuesto federal, las transferencias y las aportaciones económicas y darles un enfoque social. Reconstrucción con sentido social Tras mencionar que se derrumbaron 38 edificios en la Ciudad de México, la mayoría en las colonias Roma, Hipódromo, Narvarte y Del Valle, Almanza reiteró: “Se requiere un plan de mediano y largo plazos para reducir las desigualdades territoriales de México”. La reconstrucción del país, dijo, debe hacerse con una lógica de ordenamiento territorial diferente, que plantee a la igualdad socioespacial como el factor fundamental. Para Abraham Granados Martínez, adscrito también al Instituto de Investigaciones Económicas, el espacio urbano de la CDMX es susceptible a sismos y su recuperación varía entre áreas y grupos de población. El desastre generado por los movimientos telúricos recientes pudo potencializarse ante posibles anomalías en las construcciones, pero el patrón espacial del desastre indica una influencia del tipo de suelo. Por ello, se puede esperar una recomposición de las viviendas en la zona afectada y sus alrededores. El especialista comentó también sobre el éxodo en el llamado corredor Roma-Condesa, aunque, dijo, no iguala al de hace 32 años y confió en que se incremente la demanda de vivienda en zonas de suelo firme. Sergio Flores Peña, académico de la Facultad de Arquitectura, puso énfasis en el aspecto social, pues señaló que hay una correlación entre pobreza y daños materiales. Con respecto a las afectaciones provocadas por los sismos, según él, hay dos “mundos”: uno en la capital del país y otro en el resto de las entidades. Javier Delgado Campos, director del Programa Universitario de Estudios sobre la Ciudad, sostuvo que el temblor descubrió la insuficiencia de los mecanismos tradicionales para producir vivienda. Ese tema “no se puede atender sin considerar los trabajos de la gente y, para resolver la relación vivienda-empleo, se debe contar con un sistema de transporte adecuado”. Además, resaltó que no se pueden generalizar las causas de los derrumbes en la urbe: despende de la capacidad estructural de respuesta de un edificio o su ubicación; los principales daños se dieron en una franja, una zona de transición, por lo que se necesita un análisis más a fondo de la geología de los suelos. “Con los datos que se tienen hasta hoy, no se puede dar una explicación cabal a lo ocurrido”, finalizó.

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