Desolación, silencio y esperanza en el colegio Rébsamen

miércoles, 20 de septiembre de 2017
CIUDAD DE MÉXICO (apro).- A más de 24 horas del sismo que impactó a la Ciudad de México, en el colegio Enrique Rébsamen se viven horas aciagas. Sobre la calle Rancho Tamboreo, enclavada en la colonia Nueva Oriental, los momentos de silencio se vuelven una mezcla de esperanza, pero también de desolación por los niños que aún están atrapados entre los escombros que dejó el sismo de 7.2 grados. A las 16:30 los aplausos atronaron por el acercamiento con la menor buscada desde la madrugada. Aún está viva. Sin embargo, también hay personas ya fallecidas. En el resto del día no ha habido celebraciones, sólo el sonido de los silbatos que ordenan silencio absoluto para que los rescatistas, entre voluntarios, marinos y “topos”, puedan percibir una señal de vida. Todo queda en alarmas falsas. Las toneladas de los escombros pesan demasiado, al grado de que aún se siguen llenando camiones de cascajo, mientras que decenas de voluntarios con carretillas acarrean los restos del edificio de tres pisos, otrora kínder y primaria. Un miembro de la corporación “Topos” platica a Apro que la situación es muy complicada, que es necesario que los elementos de la Marina evalúen de nueva cuenta los daños para saber qué estructuras mover, de forma que no se derrumben por completo las ruinas. “Parece un sándwich, cayó un techo sobre otro, es muy complicado de maniobrar para nosotros, estamos esperando el dictamen de la Marina”, sostiene al tiempo que toma un descanso, pues desde anoche labora sin tregua. Nuevamente los puños arriba, señal de silencio, todos a la expectativa. Se escuchan los silbatos, mientras a dos cuadras a la redonda cesa cualquier sonido. La búsqueda prosigue sin tregua.

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