2018: el regreso a la Chontalpa de Andrés

sábado, 28 de abril de 2018
CÁRDENAS (proceso.com.mx).- Han pasado 24 años desde que esta región fue el punto de partida y articulación de la base social que catapultó a Andrés Manuel López Obrador a la escena nacional: fue de la Chontalpa, cuando en 1994 arrancó el “Éxodo por la democracia”, la marcha que reclamaba fraude electoral en la elección que colocó en la gobernatura al priista Roberto Madrazo Pintado. Pobre como entonces, la región ha vuelto a recibirlo con concentraciones multitudinarias, vítores que rememoran aquellas luchas que, desde el PRD, partido hoy aliado con el PAN, ha tenido un nuevo éxodo no en marchas pero sí en militancias, que hasta en las bocacalles de Cárdenas se escuchan en desafíos verbales: --Esa es perredista –grita un hombre en torno a la camioneta que intenta abrirse paso, con López Obrador saludando, de pie en la defensa trasera. --Andrés es Andrés –repone la aludida, desafiante. En el tumulto hay ancianos y ancianas que lo acompañaron, que quieren darle su bendición desde la silla de ruedas en la que sus nietas la llevaron logrando colocarse justo a la salida. Pero el esfuerzo es infructuoso. La cerca metálica cede y provoca una breve estampida en el entorno de los reporteros que intentan obtener una declaración del presidencial. El tema de hoy es la declaración que sobre expropiación se le atribuye a Paco Ignacio Taibo II, famoso como escritor e influencia importante en el ala izquierda de Morena. López Obrador no entra en onduras: “este movimiento es plural y se respetan las opiniones de todos sus miembros”. Luego, sigue hablando de revisar contratos, de actuar conforme a la ley, de no confiscar los bienes de nadie. Sus declaraciones se orientan en otro sentido, abundan en un consejo para sus adversarios: los cuatro son lo mismo, pero en realidad sólo hay dos, José Antonio Meade y Ricardo Anaya. Y a esos dos les dice que su estrategia de “guerra sucia” no funciona, que mejor cambien la estrategia, que se unan… más tarde, presumirá que ni juntos alcanzan su posicionamiento electoral. *** Lo acompañan Adán Augusto López Hernández, el candidato a gobernador; Fernando Mayans que renunció al PRD apenas en diciembre pasado. Va Fernando Coello Pedrero, el abuelo del gobernador chiapaneco y Julio Scherer, coordinador de la circunscripción. Entre Cárdenas y Comalcalco, la gente sale al camino, corren a gran velocidad para alcanzarlo, él se detiene un par de ocasiones, se baja, saluda breve y sigue su rumbo ¿cuál rumbo? Una palapa a pie de carretera ofrece caldos de pavo y ya lo espera. Ahí, la conversación fluye con un hombre mayor que rememora viejas luchas, nombres de políticos locales o del pasado y alguna redominación a cierto reparto de candidaturas. Es Coello Pedrero. Escenario, nombres, rostros… para Andrés Manuel López Obrador aquí todo le es familiar, más allá de su forma de reivindicarse tabasqueño –“mi tierra, mi agua”, suele decir—, son sus viejas alianzas las que aquí se materializan con amplias posibilidades de éxito. Hace años, aun en el PRD, los hermanos Adán Augusto y Rosalinda López Hernández, fueron como hasta ahora, importantes aliados de López Obrador. Él, notario público y empresario, ella destacada activista que terminaría casada con Rutilio Escandón, el hombre que hoy es candidato a gobernador de Chiapas. En la comitiva destaca Fernando Mayans --hermano del senador priísta Humberto Mayans--, perredista que renunció en diciembre pasado para sumarse a Morena y es cuñado de Adán Augusto. En el templete todo son sonrisas, selfies, y discursos que, a diferencia de otras zonas del país, destacan porque el presidencial tiene oferta regional: una refinería, reactivación de Dos Bocas en el sector petrolero; siembra de 100 mil hectáreas de árboles frutales y maderables; dinero para que la gente vuelva a hacer productivo el campo y, para la región de la chontalpa, cacao. [caption id="attachment_531986" align="aligncenter" width="1280"] El tabasqueño en su tierra natal. Foto: Germán Canseco [/caption] *** Un enorme tigre de peluche destaca entre la concurrencia. “El Tigre”, alusión al enojo social que López Obrador refirió ante la Convención Nacional Bancaria, tiene aquí otro significado y quienes lo sostienen parece decir, aquí estamos. De hecho, apenas llegue López Obrador al micrófono pronunciará después de un corta salutación, que la ”guerra sucia” es estrategia que no funciona. Comalcalco, lugar que presume ser el primer municipio perredista ganado por Morena, no lo deja terminar cuando la multitud lo interrumpe: “no estás solo”, “no estás solo”. Las porras de la Ciudad de México, populares desde 2006, aquí no aparecen nada de “es un honor estar…”, porque el referente es otro, más a la izquierda histórica, canto de protesta que revindica su naturaleza más que de política partidaria, de movimientos social y que él mismo corea: “el pueblo unido jamás será…”. Cuando termina el acto, una mujer madura, trepa a un árbol podado rectangular como ornamento y, al ritmo de la tropicalosa melodía de Morena, baila en la cima del árbol, surreal. [caption id="attachment_531985" align="aligncenter" width="1280"] El desborde de los asistentes. Foto: Germán Canseco[/caption] *** Un Andrés Manuel con referencias distintas emerge hoy. Sus mensajes son más o menos iguales que en el resto de la campaña, pero la forma de plantearlos es distinta, como si echara mano de una mística que no suele utilizar. Una y otra vez ha dicho que no vivirá en Los Pinos, pues seguirá viviendo en la casa donde vive con su familia, porque la residencia oficial de Los Pinos “está embrujada”, ese lugar “ni con una limpia” y todos festejan. Desde aquí, habla del avión presidencial y que se lo ofreció a Donald Trump, como siempre, pero lanza una exigencia al presidente Peña Nieto: que suspenda la compra de helicópteros artillados, no más armamentismo, es tiempo de construir la paz. No hay protestas como en otras entidades, por aquello de que Morena haya colocado candidatos de procedencia priista o panista; no hay reclamos abiertos por dirigencia que incomodan a la militancia; no hay queja que se exhiba en cartulinas o pancartas. Pero el llamado de López Obrador es el mismo: hay que votar por Morena, nada de voto cruzado, a votar parejo. La alusión es clara: la elección es de presidente, senador y diputado federal; gobernador, alcalde y diputado local. Todos entienden y apenas dice “6 de 6”, todos corean. En su regreso a la región de la Chontalpa, se acerca a los chontos. Esta vez, López Obrador luce contento, sonriente, saluda, se deja tocar en el apretujamiento... el debate presidencial, su imagen adusta, aquí parece lejana, nunca existió.