Un presídium imposible hace 30 años: López Obrador, Manuel Bartlett, Barbosa…

miércoles, 2 de mayo de 2018
CIUDAD SERDÁN/ SAN MARTÍN TEXMELUCAN, Pue. (apro).- Viejos conocidos en un presídium imposible… en otro tiempo. Hace 30 años Andrés Manuel López Obrador era ya opositor político que apoyaba a Cuauhtémoc Cárdenas en su reclamo de fraude electoral, atribuido en 1988 a la Secretaría de Gobernación, cuyo titular era Manuel Bartlett. Hace 12 años, Alejandro Armenta era titular de Desarrollo Social, en la administración estatal de Mario Marín, “el góber precioso” y, Nancy de la Sierra, también era funcionaria. Ambos priistas, como lo fue Bartlett: él, titular del Registro Nacional de Población y, De la Sierra, funcionaria del programa asistencial Prospera, ya en el sexenio de Enrique Peña Nieto, el presidente que consiguió las reformas estructurales en sus primeros dos años, a las que se opuso y se opone López Obrador, tanto como para advertir que algunas serán revertidas cuando gane, pero que aprobó y aplaudió Miguel Barbosa, el senador que no hace mucho dejó el PRD, el Senado y que también dejó de festinar. En la región del Citlaltépetl, en Ciudad Serdán, proliferan hoy los cárteles, mantas, y afiches con la leyenda Juntos Haremos Historia, que abandera a Armenta y a De la Sierra, como fórmula al Senado; a Barbosa como candidato a gobernador y a López Obrador, como presidencial. Bartlett, que fue gobernador priista de la entidad, se apersona en apoyo. “Es un honor estar con Obrador”, corea la masa procedente en autobuses de diferentes comunidades traídas al acto. La monotonía de la porra como de muchos de los elementos de identidad de campaña se rompe apenas por un cartel grande que da la bienvenida a López Obrador, llamándole “cuarto al bat”. Faltan dos meses exactos para las elecciones, y López Obrador incluyó dos días de gira por Puebla y Veracruz, entidades en las que sus candidatos a gobernador tienen por opositores a parentelas políticas regionales, así que en ambos el tema que reaparece es el de los expriistas, hoy panistas, Rafael Moreno Valle, el jefe político poblano, y Miguel Ángel Yunes Linares, el gobernador veracruzano. En esas entidades, la esposa de Moreno Valle, Martha Erika Alonso, contiende por el gobierno de Puebla, mientras que un hijo de Yunes por la gubernatura de Veracruz. Materialización de afanes hereditarios en tiempos electorales, la invocación aquí, en el mitin, es a la “monarquía” que ambos pretenden imponer. Y, a cada mención de eso, los candidatos que acompañan el exjefe de gobierno capitalino arrancan un aplauso multitudinario. *** Hoy se cumple un mes de campaña. El plan declarado por Andrés Manuel López Obrador es que en los tres meses recorrerá los 300 distritos… es un intento, pues hay ciudades que concentran varios distritos y la visita ahí vale por todos. Eso sí, ha visitado 18 entidades federativas en apenas un mes. Intentará visitarlas todas en el segundo mes, para dedicar el último a recorrer capitales. Faltan dos meses exactos para que se realicen los comicios y, prácticamente, su mensaje es el mismo. El mismo salvo porque hoy, en Ciudad Serdán, habla de Rafael Moreno Valle, el exgobernador de la entidad, frustrado aspirante presidencial, jefe político de diferentes partidos, señaladamente del PAN, que dejó hace un año la gubernatura y ahora postula como candidata a su esposa, Erika Alonso Hidalgo. “Quiere dejar a la señora Moreno Valle, eso nunca ha ocurrido en la historia del país”, dice López Obrador como ya había dicho en Orizaba, Córdoba y Zongolica, en Veracruz, aludiendo a que el gobernador de esta última entidad lanzó a su hijo como candidato a sucederlo, Miguel Angel Yunes Márquez. “Yo respeto mucho a la señora Moreno Valle, pero esto no es una monarquía”, advierte López Obrador, que ayer dijo de ambos que intentan convertirse en “la moronga azul”. Como le ocurrió apenas ayer y va sumando historias por todas partes, el mitin estuvo a punto de no realizarse debido a que el ayuntamiento de Ciudad Serdán negó los permisos para el acto de la coalición Juntos Haremos Historia. “La corrupción”, eje de la narrativa lopezobradorista, se relaciona de inmediato con Moreno Valle. De repente, el político tabasqueño bromea: “A los corruptos no les vamos a cortar las manos. Eso no. Yo no estoy de acuerdo. Pero sí les vamos a cortar las uñas, les vamos a hacer ‘pediquiur’”. De la Sierra, Barbosa, López Obrador, todos los oradores hablan de los Moreno Valle, pero es Barbosa quien corea convocante: “Ya cayó, ya cayó, el monarca ya cayó; ya cayó, ya cayó…” *** Barbosa se revela hábil en la consigna campañil. Declaradamente, se puso creativo y a la del “monarca que ya cayó”, añade otra de auto-afirmación: “Miguel, Miguel, que tiene Miguel, que los Moreno Valle no pueden con él”. Luego explica que no es original y que hace 20 años recorría los pueblos poblanos con la consigna: “Manuel, Manuel, que tiene Manuel, que el pinche gobierno no puede con él” y la gente corea, festina y actualiza, más forzada la rima: “Manuel, Manuel, que tiene Manuel, que la mafia del poder no puede con él”. Aplausos. López Obrador, sonríe. Modulaciones, tonos, ademanes y gestos de Nancy de la Sierra, llevan el sello de la retórica política, el conocimiento de un público que sabe reaccionar, más que a contenidos, a las emociones de una oratoria cuidada, tonalidades vacías. De la Sierra se nota curtida en el discurso de campaña y, como tal, liga frases cortas, sin mayor esfuerzo: “Vamos a ganar”, y así por el estilo. Apenas si habla de acabar con los feminicidios, los descabezados, los huachicoleros…. En San Martín Texmelucan el asunto prende a la concentración más grande de los dos días. Y en eso, un postulado que podría sepultar la aspiración política de un varón: “No queremos la herencia de Moreno Valle, que a su señora la deje trabajando en su casa como siempre”. No pasa a mayores y ni siquiera esa concentración, donde hay mujeres de izquierdas, reacciona más que con aplausos y vivas. Aderezará: “Las mujeres representamos gran fuerza y somos el corazón de Morena”. Entre el gentío, una máscara, caricatura siniestra de pronunciado trazo en las facciones, tiene un aire de Salinas con largas orejas: “Ni los veo ni los oigo, pero cómo les atino”, se lee. Se mantiene ahí toda la concentración, llamativa estampa del ingenio proselitista. El mitin es festivo. López Obrador recuerda que ahí pasó la noche cuando caminó desde Cárdenas, Tabasco, en 1994, el famoso éxodo que acusaba fraude electoral. Rememora: ahí lo acompañó caminando el ya fallecido demócrata potosino Salvador Nava. “He venido 20 veces a San Martín Texmelucan”, dice y la gente corea como en todas partes “Es un honor…”. Elogia las vocaciones productivas e inicia la exposición de su plan, todavía con luz solar pero que terminará mucho después de encendido el alumbrado público… Ahí presume la ventaja electoral en las encuestas, el posicionamiento de Barbosa, la ventaja nacional… Cuando el discurso termina, se dan un abrazo, con un gesto infantil en el rostro de Barbosa, ligeramente acurrucado a la altura del mentón del presidencial candidato. El mitin acaba y entre las consignas de apoyo, surge una que no es de Barbosa, es contra Barbosa: “AMLO sí, Barbosa no, AMLO sí…” Lo corea un contingente en retirada, que replica la protesta que a lo largo del primer mes de campaña se lanza en la mayoría de las entidades por la elección de candidatos locales, adopciones de priistas, panistas y perredistas que no han sentado bien a la militancia… en el fondo de la desbandada, un hombre carga bocabajo la máscara de Salinas.  

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