El generoso rescate de Portugal

viernes, 6 de mayo de 2011

MÉXICO, D.F., 6 de mayo (apro).- Luego de tres semanas de revisar con lupa las finanzas del gobierno de Portugal, el Banco Central de Europa, el Fondo Monetario Internacional y la Comisión Europea decidieron que no había más opción que “socorrer” a ese país con un rescate financiero de 78 mil millones de euros en tres años.

Es una cantidad extraordinaria: equivale a poco menos de la mitad (45.4%) del valor de la economía portuguesa. En dólares son casi 111 mil 700 millones, más del doble de lo que costó el rescate de la economía mexicana en 1995, pero con una diferencia sustancial: en esos años de crisis profunda, México tenía más de 90 millones de habitantes, hoy Portugal tiene 10.8 millones.

         Como era de esperarse, tan “generoso” rescate –acordado con el primer ministro luso José Sócrates–, que primero fue anunciado como un triunfo del gobierno, impone la aplicación de medidas que reducen drásticamente el gasto social y que afectarán las condiciones de vida de la población portuguesa.

         De nuevo, como sucedió primero en Grecia y luego en Irlanda, se propone que paguen quienes no tienen ninguna responsabilidad con la crisis.

         El acuerdo establece que se reduzca el gasto en educación (195 millones de euros en 2012 y 175 millones en 2013) y salud (550 millones el próximo año y 375 millones en 2013), que se congelen las pensiones en esos años y que, además, se recorten aquellas de más de 1500 euros mensuales.

         También se establece una contracción importante de las prestaciones a los desempleados, con recortes a los pagos máximos y una disminución del tiempo límite de duración del pago, reduciéndola de 36 a 18 meses.

         Por supuesto, como lo sabemos bien los latinoamericanos –pues por años hemos vivido las siempre draconianas condiciones de los organismos internacionales--, el propósito principal es reducir el déficit público a 5.9% del PIB en 2011, 4.5% en 2012 y 3% en 2013.

         Lo que no se dice es que esos recursos se destinarán al pago de los intereses que se pagarán, porque el costo de la deuda pública crecerá como resultado de los aumentos que han ocurrido desde hace un año y que han elevado significativamente la proporción del gasto público que se destina a este fin. Así que podrán pagarse más euros en intereses, porque se reducirán otros renglones del presupuesto.

         Pero, como dijo un diputado comunista portugués al rechazar el programa de austeridad que propuso el gobierno de Sócrates, “los banqueros nunca pagan”.

         Esto es lo que paradójicamente dicen la derecha y la socialdemocracia de ese país, que formarán parte del gobierno y que previsiblemente se opondrán a la aprobación de este paquete de rescate en la próxima reunión de ministros europeos, el próximo lunes16.

         El discurso político de la derecha radical, contrario al proyecto de la Europa Unida, ha ganado fuerza, porque se opone a la práctica de izquierdas y derechas gobernantes que se han aplastado frente al embate de los grandes inversionistas y banqueros.

         Las preguntas que hoy se formulan los casi cinco millones de españoles que están en el desempleo, millones de irlandeses, griegos, portugueses y muchos  más europeos que han perdido su trabajo, que han visto que se les reducen sus sueldos como empleados públicos, o sus pensiones o ayudas médicas son:

         ¿Alguna vez les tocará a los banqueros pagar? ¿No es posible obligar a los bancos tenedores de la deuda de Grecia, Irlanda, Portugal y España  a que reconozcan que los gobiernos de esos países no pueden pagar sin afectar los niveles de vida de sus poblaciones? ¿Hasta cuándo los gobiernos seguirán cautivos de los mercados, aunque ello signifique el incumplimiento de su mandato fundamental: proteger las condiciones de vida de su gente?

         Van y vienen gobiernos emanados de los partidos políticos tradicionales, no importa que sean de derecha, centro o izquierda. Todos hacen lo mismo. Ya no existe diferencia entre lo que hacen Nicolás Sarkozy, José Luis Rodríguez Zapatero, Angela Merkel, Giorgos Papandreu, David Cameron o José Sócrates.

         Y parece que ha empezado a generarse una tendencia en toda la Unión Europea con nuevas formaciones políticas, con discursos que hasta hace poco eran inadmisibles para 95% del electorado, con la idea de que crezcan y se incorporen a gobiernos de coalición en los que tendrán derecho de veto.

         El mapa político en Europa está girando en un sentido negativo: hacia la consolidación de una fuerte presencia electoral de formaciones contrarias al proyecto de la Unión Europea y contra la permanencia del Estado benefactor… y los gobiernos no hacen nada.

         El proyecto de una Europa Unida que le mostraba al mundo la existencia de una importante zona formada por países equitativos, tolerantes, con un Estado capaz de aminorar sustancialmente los efectos de cualquier momento recesivo, parece estar llegando a su fin.

         En Portugal, para sus habitantes es lo mismo el FMI que el Banco Central Europeo o el Consejo Europeo de Ministros. Esos organismos exigen que la población pague por los errores, omisiones y trapacerías de otros.

         Esa valoración da clara cuenta de cuánto se ha desgastado la imagen europea para los propios habitantes de Europa. Si es lo mismo el FMI, guardián tradicional de la ortodoxia neoliberal, que el Banco creado para administrar el euro –la moneda que sustituyó las de 12 países y puso en la discusión mundial la construcción de un espacio sin fronteras absolutamente ejemplar–, entonces el proyecto ha perdido su interés esencial.

 

odselley@gmail.com.mx

 

 

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